Birshui Morai veRabotai
«Esta es la mesa que está delante de Hashem.»
(Ezequiel 41:22)»
El Zóhar comienza sorprendentemente no con la comida, sino con la mesa. Antes de corregir el acto de comer, debe corregirse el lugar donde la abundancia será recibida. La mesa deja de ser un objeto doméstico para convertirse en un mizbéaj, un altar.
Nuestros Sabios enseñan (Berajot 55a) que, desde la destrucción del Beit HaMikdash, la mesa del hombre ocupa el lugar del altar cuando sobre ella hay pan, palabras de Torá, hospitalidad y bendición. Si el altar elevaba los sacrificios hacia el cielo, ahora es la mesa la que eleva la existencia cotidiana hasta el servicio divino.
No es casualidad que el Zóhar cite las palabras del profeta Yejezkel. En la visión del Templo futuro, el altar es denominado "mesa". Con ello enseña que el propósito último del servicio divino no consiste únicamente en ofrecer sacrificios, sino en transformar la vida diaria en una morada para la Shejiná.
La mesa representa espiritualmente a Maljut, el recipiente que recibe toda la abundancia procedente de las sefirot superiores. El pan corresponde a la shefá (abundancia) que desciende desde Zeir Anpín hasta Maljut para alimentar toda la creación. Por ello, una mesa preparada con honor se convierte en un recipiente apto para recibir la bendición divina.
Las dos jalot recuerdan el doble maná que descendía en vísperas de Shabat (Éxodo 16:22). Sin embargo, su significado va mucho más allá del recuerdo histórico. El doble pan simboliza la doble manifestación de la Providencia: la abundancia material y la espiritual; la nutrición del cuerpo y la del alma; la misericordia y el juicio armonizados por el día de Shabat.
El precepto de separar jalá expresa exactamente esta conciencia. Antes de apropiarse del pan, el hombre reconoce que todo pertenece al Creador. La primera porción es elevada para enseñar que el origen del sustento nunca está en la fuerza de nuestras manos, sino en la bendición de Hashem. Sólo después de reconocer ese origen el resto puede ser disfrutado con santidad.
Desde la perspectiva cabalística, la jalá representa también la elevación de la primera parte del deseo de recibir. Antes de satisfacer nuestras necesidades, separamos simbólicamente aquello que pertenece al Cielo. Así el acto más cotidiano —amasar pan— se transforma en una declaración de emuná.
El Baal HaSulam explica que toda la creación fue formada como un deseo de recibir placer. El propósito de las mitzvot consiste en transformar gradualmente ese deseo en un deseo de recibir para otorgar. La mesa constituye uno de los escenarios privilegiados de esta transformación: allí el alimento deja de ser mera satisfacción biológica para convertirse en un medio de servir al Creador.
El Arizal añade que la mesa de Shabat participa del misterio del Shulján, uno de los utensilios del Mishkán. Así como el pan de la proposición permanecía constantemente delante de Hashem, también el pan de Shabat testimonia que la abundancia divina nunca cesa. El sustento no depende únicamente del esfuerzo humano, sino del flujo continuo de la bendición que desciende de lo Alto.
Por ello la mesa debe prepararse antes de la llegada de Shabat, cubrirse con dignidad, adornarse con las mejores vajillas y esperar al Rey. No se prepara para los comensales; se prepara para la Shejiná. Cada detalle proclama que el hogar entero se ha convertido en un pequeño Santuario (Mikdash Me'at).
Ésta es la primera rectificación: convertir el lugar donde el hombre recibe el alimento en un recipiente digno de recibir la Presencia Divina. Cuando la mesa deja de pertenecernos y pasa a pertenecer al Eterno, también nosotros dejamos de ser simples consumidores y nos convertimos en servidores del Rey.
No hay comentarios:
Publicar un comentario