He tomado de la pagina de Jabad en español, una historia de la infancia de una de sus escritoras, la Señora Jessica Klein Levenbrown, quien se desempoeña como productora de series de television, la pagina invita a distribuirla para el regocijo de todos, por lo que aqui se las coloco, sin ningun arreglo o adaptacion:
Cuando era pequeña iba con mi padre a la sinagoga. Uno de los primeros recuerdos es de cuando era tan niña, que aún podía sentarme en la falda de mi padre en el sector de los hombres y compartíamos dos juegos especiales. Al primero lo llamábamos "Encontrar el Alef", la primera letra del alfabeto hebreo. Puede sonar como algo muy fácil pero créanme que, desde la óptica de una niña de tres o cuatro años, era un enorme desafío sumergirme en ese mar de letras hebreas e ir encontrando cada Alef que había en la página. Lamentablemente, aunque el objetivo de este juego era que me quedara callada tenía un efecto contrario, ya que cada vez que podía encontrar la letra, en tono triunfal gritaba "¡Alef!"
Fue entonces que mi padre ideó el segundo juego, uno mucho más tranquilo. Mi padre me enseñó a trenzar sus tzizit. Supongo que nunca me trenzó mi largo cabello castaño, pero me enseñó a trenzar los flecos que colgaban de su suave y blanco manto de oraciones.
Seguramente te estarás preguntando si todo esto es importante. Por supuesto que un hombre puede hacer una simple trenza ¿y qué tiene de particular que le haya enseñado esta manualidad básica a su única hija? Verás, es que mi padre era un inmigrante.
Hablaba varios idiomas, algunos mejor que otros. No siempre pude entender sus palabras o costumbres. Pero lo que siempre comprendí fueron sus abrazos, la manera en que me hacía cosquillas en el cuello y los caramelos que siempre tenía en su bolsillo. Y, de alguna manera, entendía sus silenciosas instrucciones. Por encima, por debajo, una y otra vez hasta que mis deditos fueron aprendiendo la lección que me daban sus grandes y tiernas manos, y la trenza fue tomando forma.
A medida que fui creciendo, no me acuerdo que me haya enseñado más cosas. Después de todo ¿qué le podía enseñar a una niña que sacaba sobresaliente en la escuela y que quería asistir a una de las ocho universidades más prestigiosas de los Estados Unidos?; que valoraba más su educación secular que cualquier sabiduría popular del viejo mundo que él me hubiera podido transmitir.
Aún así, hoy en día lo que recuerdo de la universidad me parece una enorme imagen borrosa de un conjunto de banalidades intelectuales, si las comparo con las simples lecciones de mi padre: me enseñó a pronunciar el Shemá antes de dormir, y el Modé Aní al despertar. Me enseñó las bendiciones para el pan, el vino, e incluso para algún ocasional whisky. No siempre me acuerdo de pronunciar esas oraciones, pero todas las sé de memoria. Al igual que recuerdo mi número de seguridad social... y mi nombre judío.
Cuando después de una breve enfermedad, a los ochenta y dos años mi padre murió en paz, un hombre de la Jevrá Kadishá vino para preparar el cuerpo según las normas de la ley judía. Me preguntó si mi padre tenía un talit con el que querría ser enterrado, como una especie de mortaja. Le dije que por supuesto, él tenía su talit. En su mesa de luz estaba el gastado sobre de terciopelo que me era tan familiar y, de ahí extraje el viejo y atesorado manto de oraciones.
El hombre de la Jevrá Kadishá, cuyo nombre no recuerdo, pero cuya bondad nunca voy a poder olvidar, me hizo una pregunta que, debido a mi consternación y pena, ni siquiera estaba segura de haber oído bien. Me preguntó si quería quedarme con uno de los tzizit. Me quedé mirándolo sorprendida y casi empecé a reírme por la inesperada sensación de alegría y alivio. "¿Realmente puedo quedarme con uno de los tzizit?", pregunté con sorpresa, porque no creía que las estrictas normas del ritual del entierro judío permitieran este gesto tan sentimental, pero cargado de contenido. Me aseguró que estaba permitido.
Tomé uno de los tzizit y sentí como me tensaba interiormente antes que el hombre lo cortara. En ese momento también se cortó uno de los últimos lazos de mi padre con el mundo terrenal y casi lo sentí como el corte del cordón umbilical de la ligazón entre el padre que había llenado los días de mi vida y el que ahora pasaba a vivir en mi recuerdo. Aún así, al romperse la conexión física, surgió un nuevo vínculo.
Hoy en día, cada vez que toco los tzizit siento que es como si estuviera tocando a mi padre. El cordón trenzado –porque le hice una trenza- es un recuerdo tangible de una de sus lecciones más dulces. En la trenza de sus tzizit están los cordones de su vida, lo temporal entrelazado con lo espiritual, en una especie de unión particular que sigue vigente mucho tiempo después de la partida de su alma. Los tzizit son ahora un marcalibros que llevo en mi libro de oraciones y, al ir pasando las hojas, encuentro los Alef y recuerdo a mi padre, cuya tranquila sabiduría espero honrar cada vez que toco su último regalo.
http://www.es.chabad.org/library/article_cdo/aid/754902/jewish/Los-Tzitzit-de-mi-Padre.htm
9 de julio de 2009
17 de abril de 2009
Fallecio un Maestro

Texto Tomado casi íntegramente de:
http://www.es-israel.org/2009/04/duro-golpe-para-el-judaismo-y-hasbara-por-fallecimiento-del-rabino-zukerwar/comment-page-1/
Ayer hemos terminado las fiestas de Pesaj de una forma muy dura, al enterarnos del fallecimiento repentino del Rabino Jaim Zukerwar, una de las personas que más hizo por el judaísmo en general; y la Hasbará en especial en el mundo hispano en los últimos años.
Con varios libros editados de judaísmo, música original y miles de conferencias, es sin duda una perdida irreparable.
Sus viajes a varios países hispanos para diseminar judaísmo y hasbará, y su carácter ameno y amigable dejaron una marca imborrable en todos aquellos que fuimos agraciados de conocerlo.
Son miles las personas que han disfrutado de sus charlas y se han acercado al judaísmo, son miles los que han encontrado claridad de pensamiento sobre la posición del Estado de Israel, y del judío hoy; sobre Judaísmo y sobre las cualidades humanas que transmitieron nuestros sabios durante todas las generaciones.
Su increíble capacidad de dialéctica junto a su interminable conocimiento de Torá y Cabalá, fueron un manantial del cual hemos disfrutado todos los que lo hemos conocido.
Nosotros en El Reloj estamos sorprendidos y golpeados por su muy temprana partida, queremos recordar su obra de forma clara que es su herencia que dejarán encaminados a su esposa y sus ocho hijos.
Hemos tomado aquí las frases elegidas por él que se pueden encontrar en su fundación y sitio Halel.org que transmiten claramente su postura ante la vida:
“Aquél que salva una vida, es como si salvase el mundo entero” (Talmud Babli)
“Guárdate y protege con cuidado tu vida” (Devarim 4:9)
“Y convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoses. Ninguna nación levantará espada contra otra nación, ni aprenderán más para la guerra” (Isaías 2:4)
“Quién es sabio? El que aprende de todos los hombres…” (Avót 4:1)
“Hilel decía: lo que detestas para ti no lo hagas a tu compañero. Esta es toda la Tora, lo demás es comentario” (Talmúd Babli, Shabat 31)
“Vivir con la verdad es una carga pesada, por consiguiente, son pocos quienes la sostienen” (Meirí Mishlei 3:18)
“La muerte y la vida están en la lengua” (Proverbios 18:21)
“La palabra crea o destruye. Por eso es necesario pensar varias veces lo que vamos a decir, ya que criticar y destruir es muy sencillo. Pero construir con cada palabra exige activar lo mejor de nosotros mismos.”
“Cada palabra que articulamos imprime una dirección tanto hacia nuestro interior como hacia nuestro entorno. El hombre se autoimpresiona e impresiona a través de sus palabras, ya que éstas exteriorizan y refuerzan su actitud interior”.
“En el judaísmo no hay fragmentación de la realidad, hay causas y efectos que se desencadenan de la Causa Primera. Dichas causas y efectos unifican lo material con lo espiritual, designando a lo material como un efecto - consecuencia de lo espiritual”
“Todo obedece a causas interiores-espirituales que posteriormente se manifiestan en la realidad material”
“¿Quién es Sabio? Quien prevé lo que va a nacer” (Talmud de Babilonia tratado Tamid 32:1)
“Sabio es quien conoce las causas, lo espiritual, y por lo tanto puede prever las consecuencias, lo material, que cada pensamiento, sentimiento y acto van a generar”
Texto Tomado de
http://www.es-israel.org/2009/04/duro-golpe-para-el-judaismo-y-hasbara-por-fallecimiento-del-rabino-zukerwar/comment-page-1/
16 de abril de 2009
Lag BaOmer

Al día 33 de la Cuenta del Omer, que siempre cae el 18 del mes de Iar, es considerado un día especial por varios sucesos importantes. Se le llama en hebreo “Lag Baomer” debido a que el número 33 en hebreo es representado mediante las letras lamed-Guimel, en este año solar equivale al 12 de Mayo de 2009.
Rabí Moshé Iserles (n. 1530 - f. Lag Baomer 1572) en sus notas al Shulján Aruj, escribió que en el día de Lag Baomer debemos incrementar un poco nuestra alegría (Ramá, Oraj Jaim 493:2).
Es un día que celebramos con excursiones, juegos con arco y flechas, hogueras. Muchos visitan la tumba (en Miron, al norte de Israel, véase la foto, que tome de Wikipedía por cierto) de Rabí Shimon bar Yojai, por cumplirse aniversario del fallecimiento es en este día.
Los rezos de Lag Baomer son similares a los del resto del año, solo que por ser un día de alegría, está prohibido ayunar, y no se recita tajanún ni en los rezos matutinos y ni en los de tarde e igualmente el tajanún no es recitado en el rezo de minjá de la víspera.
Muchas cosas sucedieron en este día tan especial, y de alegria Algunas de ellas están relacionadas directamente con Rabí Shimón Bar Yojai. Entre ellas:
Dejaron de fallecer los alumnos de Rabí Akiva. Fallecían porque no actuaban respetuosamente uno hacia al otro, estas semanas por lo tanto se observan como período de luto. En Lag Baomer la muerte ceso. Así que este día también posee el concepto de Ahavat Israel, el precepto de amor y respeto al prójimo.
Los nuevos alumnos de Rabí Akiva, que formara después de aquellos tristes sucesos y que no fallecieron como los primeros. Gracias a ellos la Torá tuvo continuidad y no fue olvidada por el pueblo de Israel. Ellos son: Rabí Meir, Rabí Yehuda, Rabí Yosí, Rabí Shimón Bar Yojai y Rabí Eleazar Ben Shamúa.
En un día de Lag Baomer, Rabí Shimón Bar Iojái y su hijo Rabí Elazar salieron de la cueva en Pekiín donde milagrosamente estuvieron escondidos durante 13 años, escapándose del Imperio Romano que había decretado su muerte (Talmud Shabat 33).
Algunos años más tarde, Lag Baomer, como dijimos arriba también fue el día en el que falleció Rabí Shimón Bar Yojai después de revelar grandes secretos de la Torah.
De acuerdo con la opinión de un Midrash citado por el Jatam Sofer, cuando los hijos de Israel estaban en el desierto después de haber salido de la tierra de Egipto, el man (maná) comenzó a caer el día 18 de Iar, es decir un Lag Baomer.
Pero aquí damos un especial sentido a Rabí Shimon bar Yojai, quien fue el primero en enseñar públicamente, la dimensión mística de la Torah conocida como la “Kabbalah” y es el autor del libro mas importante de la Kabbalah, el Zohar.
En el día de su fallecimiento, Rabí Shimon ordenó a sus discípulos que recordaran esa fecha como “el día de mi alegría.”
En Jasidut se explica que el último día de la vida terrenal de un Tzadik, marca el punto en el cual “todos sus actos, sus enseñanzas y trabajo” alcanzan la perfección. Por ello cada Lag Baomer celebramos la vida del Rabí Shimon y la revelación del Zohar.
10 de abril de 2009
La Cuenta del Omer (Sefirá HaOmer)
A partir de HOY, la segunda noche de Pesaj comienza la Cuenta del Omer de siete semanas hasta el día número cincuenta que es la fiesta de Shavuot. La Cuenta del Omer (Sefirá HaOmer) es un precepto positivo de la Torah que se origina en el Sefer Vaykra 23:15-16:
"Y contaréis para vosotros desde el día siguiente al día solemne, desde el día en que traéis la Ofrenda del ómer siete semanas completas hasta el día siguiente a la séptima semana, contaréis cincuenta días y sacrificaréis una nueva ofrenda al Eterno".
¿Con qué finalidad se cuentan estos días? ¿Qué es la ofrenda del Omer?
La razón principal es que fue Su Voluntad, que el pueblo recibiese la Torah hallándose preparado para ello.
Era necesario desprenderse de la impureza que imperaba en Egipto (recordando que en hebreo Egipto, se dice Mizraim, cuya raíz que quiere decir limitación) y de la influencia de su cultura. Es decir, un proceso de purificación de la conciencia de esclavos de sus propias limitaciones auto impuestas, pues nuestros sabios nos enseñan que los Hijos de Israel se hallaban sumidos en cuarenta y nueve niveles de impureza, por esta razón fueron fijados cuarenta y nueve días de purificación hasta recibir la Torah. Cada uno de los días de la cuenta del Omer purifica un estrato espiritual.
El espectro de la experiencia humana se divide en siete emociones o cualidades, a su vez, se subdividen en siete, haciendo un total de cuarenta y nueve.
Cada uno de los cuarenta y nueve días de sefirá ilumina una de las cuarenta y nueve emociones; la energía de cada día consiste en examinar y refinar su correspondiente emoción. Después de perfeccionar y purificar todas y cada una de las cuarenta y nueve dimensiones, estamos plenamente preparados para “Matan Torah” (entrega de la Torah), pues ahora estamos sincronizados con los cuarenta y nueve atributos Divinos de los cuales emergen los atributos humanos.
Contar la sefirá ilumina los diferentes aspectos de nuestra vida emocional. Los días de la sefirá nos cuentan una historia, la de nuestras almas.
Los 49 días del Sefirat HaOmer según las enseñanzas del Rebe Najmán, corresponden a las 49 Puertas de la Teshuvá, y se corresponden a su vez con las 49 letras que conforman los nombres de las Doce Tribus. Así, cada tribu tiene puertas individuales para cada uno de sus miembros, de modo que todos puedan retornar a Dios a través de su propia puerta.
Y existe también la puerta 50, la más elevada: Shavuot. Esta puerta es, la Teshuvá. Y cada persona puede llegar a su puerta individual mediante la lectura de los Tehilim. De modo que debemos recitar los Salmos durante los 49 Días de la Sefirá, al igual que durante todos los días de Teshuvá (el mes de Elul, Rosh HaShaná).
Descubrimos entonces que la Cuenta del Omer es entonces un sinónimo de Purificación. Al disponernos a la purificación, descubrimos que no es un proceso rápido.
Sólo a través de un progreso progresivo alcanzaremos nuestro objetivo. Y para llegar a estar completamente purificados, debemos esperar hasta después de la Sefirá, luego de haber contado una y otra vez.
Mientras tanto, debemos contar un día a la vez; construyendo paulatinamente pero de forma muy segura la pureza hasta llegar a ser capaces de superar todos los aspectos indeseables e impuros de nuestras propias vidas.
"Y contaréis para vosotros desde el día siguiente al día solemne, desde el día en que traéis la Ofrenda del ómer siete semanas completas hasta el día siguiente a la séptima semana, contaréis cincuenta días y sacrificaréis una nueva ofrenda al Eterno".
¿Con qué finalidad se cuentan estos días? ¿Qué es la ofrenda del Omer?
La razón principal es que fue Su Voluntad, que el pueblo recibiese la Torah hallándose preparado para ello.
Era necesario desprenderse de la impureza que imperaba en Egipto (recordando que en hebreo Egipto, se dice Mizraim, cuya raíz que quiere decir limitación) y de la influencia de su cultura. Es decir, un proceso de purificación de la conciencia de esclavos de sus propias limitaciones auto impuestas, pues nuestros sabios nos enseñan que los Hijos de Israel se hallaban sumidos en cuarenta y nueve niveles de impureza, por esta razón fueron fijados cuarenta y nueve días de purificación hasta recibir la Torah. Cada uno de los días de la cuenta del Omer purifica un estrato espiritual.
El espectro de la experiencia humana se divide en siete emociones o cualidades, a su vez, se subdividen en siete, haciendo un total de cuarenta y nueve.
Cada uno de los cuarenta y nueve días de sefirá ilumina una de las cuarenta y nueve emociones; la energía de cada día consiste en examinar y refinar su correspondiente emoción. Después de perfeccionar y purificar todas y cada una de las cuarenta y nueve dimensiones, estamos plenamente preparados para “Matan Torah” (entrega de la Torah), pues ahora estamos sincronizados con los cuarenta y nueve atributos Divinos de los cuales emergen los atributos humanos.
Contar la sefirá ilumina los diferentes aspectos de nuestra vida emocional. Los días de la sefirá nos cuentan una historia, la de nuestras almas.
Los 49 días del Sefirat HaOmer según las enseñanzas del Rebe Najmán, corresponden a las 49 Puertas de la Teshuvá, y se corresponden a su vez con las 49 letras que conforman los nombres de las Doce Tribus. Así, cada tribu tiene puertas individuales para cada uno de sus miembros, de modo que todos puedan retornar a Dios a través de su propia puerta.
Y existe también la puerta 50, la más elevada: Shavuot. Esta puerta es, la Teshuvá. Y cada persona puede llegar a su puerta individual mediante la lectura de los Tehilim. De modo que debemos recitar los Salmos durante los 49 Días de la Sefirá, al igual que durante todos los días de Teshuvá (el mes de Elul, Rosh HaShaná).
Descubrimos entonces que la Cuenta del Omer es entonces un sinónimo de Purificación. Al disponernos a la purificación, descubrimos que no es un proceso rápido.
Sólo a través de un progreso progresivo alcanzaremos nuestro objetivo. Y para llegar a estar completamente purificados, debemos esperar hasta después de la Sefirá, luego de haber contado una y otra vez.
Mientras tanto, debemos contar un día a la vez; construyendo paulatinamente pero de forma muy segura la pureza hasta llegar a ser capaces de superar todos los aspectos indeseables e impuros de nuestras propias vidas.
9 de abril de 2009
7 de octubre de 2008
23 de septiembre de 2008
Rabi Akivá.
Cierta vez el Imperio Romano prohibió el estudio de la Torah.
Llegó de visita Papus ben Yehudá y encontró a Rabí Akiva que reunía a distintos grupos y les enseñaba Torah. Le dijo: Akiva, ¿es que tú no le temes a la Orden del Imperio? Este le contestó:
Te lo explicaré por medio de una fábula: Un zorro estaba caminando por la vera de un río y vio peces que corrían de un lado a otro. Les preguntó el zorro: ¿De qué estáis huyendo? Ellos le contestaron: Huimos de las redes que los hombres echan al agua. El les dijo: Por que no saltáis a la tierra de tal forma que ustedes y yo podamos vivir juntos así como han vivido nuestros antecesores. Ellos le contestaron:
¿Eres acaso tú el que llaman el más inteligente de los animales? ¡no eres más que un estúpido! Si nosotros tememos que nos pase algo en el elemento en que estamos acostumbrados, más peligroso aún será vivir en el elemento en el que hemos de morir.
Esta es nuestra situación cuando estamos sentados y estudiamos la Torah, que sobre ella está escrito: Porque ella es tu vida y la longitud de tus días (Devarim 30:20), si nosotros la hemos de negar será aun peor.
Se cuenta que después de un breve tiempo Rabí Akiva fue arrestado y echado a una prisión, y Papus ben Yehudá fue también arrestado y encarcelado junto a él.
Rabí Akiva le preguntó: ¿Papus quién te trajo aquí? Este le contestó: “Bienaventurado Rabí Akiva, que te preocupaste en el estudio” de la Torah ¡Ay de Papus que se ocupó sólo de cosas mundanas!
Cuando Rabí Akiva fue llevado a la ejecución, era la hora del “Shemá” y los romanos desgarraban su carne con pinzas de hierro este recitaba el “Shemá” recibiendo sobre si el reino de los cielos.
Le preguntaron sus alumnos: ¿Maestro hasta tal punto? Este les contestó: -urante toda mi vida siempre estuve preocupado por el versículo, “con toda tu alma”. Yo me preguntaba: ¿Cuándo tendré la oportunidad de cumplir con ese precepto? Ahora que tengo la oportunidad acaso no he de cumplirlo.
Y él prolongó la palabra "Ejad" (Único) hasta que expiró. Salió una bat kol y dijo: Bienaventurado Akiva que tu alma ha partido con la palabra “Ejad”.
Berajot 61b
Llegó de visita Papus ben Yehudá y encontró a Rabí Akiva que reunía a distintos grupos y les enseñaba Torah. Le dijo: Akiva, ¿es que tú no le temes a la Orden del Imperio? Este le contestó:
Te lo explicaré por medio de una fábula: Un zorro estaba caminando por la vera de un río y vio peces que corrían de un lado a otro. Les preguntó el zorro: ¿De qué estáis huyendo? Ellos le contestaron: Huimos de las redes que los hombres echan al agua. El les dijo: Por que no saltáis a la tierra de tal forma que ustedes y yo podamos vivir juntos así como han vivido nuestros antecesores. Ellos le contestaron:
¿Eres acaso tú el que llaman el más inteligente de los animales? ¡no eres más que un estúpido! Si nosotros tememos que nos pase algo en el elemento en que estamos acostumbrados, más peligroso aún será vivir en el elemento en el que hemos de morir.
Esta es nuestra situación cuando estamos sentados y estudiamos la Torah, que sobre ella está escrito: Porque ella es tu vida y la longitud de tus días (Devarim 30:20), si nosotros la hemos de negar será aun peor.
Se cuenta que después de un breve tiempo Rabí Akiva fue arrestado y echado a una prisión, y Papus ben Yehudá fue también arrestado y encarcelado junto a él.
Rabí Akiva le preguntó: ¿Papus quién te trajo aquí? Este le contestó: “Bienaventurado Rabí Akiva, que te preocupaste en el estudio” de la Torah ¡Ay de Papus que se ocupó sólo de cosas mundanas!
Cuando Rabí Akiva fue llevado a la ejecución, era la hora del “Shemá” y los romanos desgarraban su carne con pinzas de hierro este recitaba el “Shemá” recibiendo sobre si el reino de los cielos.
Le preguntaron sus alumnos: ¿Maestro hasta tal punto? Este les contestó: -urante toda mi vida siempre estuve preocupado por el versículo, “con toda tu alma”. Yo me preguntaba: ¿Cuándo tendré la oportunidad de cumplir con ese precepto? Ahora que tengo la oportunidad acaso no he de cumplirlo.
Y él prolongó la palabra "Ejad" (Único) hasta que expiró. Salió una bat kol y dijo: Bienaventurado Akiva que tu alma ha partido con la palabra “Ejad”.
Berajot 61b
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