23 de julio de 2026

Un relato ejemplar

Birshui Morai VeRabotai 

Cierto día, un judío se presentó ante el santo gaón, el rabino Jaim Shaul Douek, y le relató su desgracia entre lágrimas. Explicó que se dedicaba al comercio de ropa y trapos viejos y que todos sus ahorros ascendían apenas a diez liras. Acostumbraba a comerciar con un vecino árabe, quien, con el tiempo, comenzó a pedirle dinero prestado de manera reiterada hasta dejarlo sin un solo centéntimo. Cuando el judío le exigió la devolución de su dinero, el árabe le entregó las joyas de su esposa como garantía.

​Sin embargo, los años pasaron, el deudor desapareció, el comerciante se quedó sin capital para trabajar y, por si fuera poco, temía vender las joyas, las cuales ni siquiera cubrían la mitad de la deuda. Desesperado, le preguntó al rabino qué debía hacer. El gaón le aconsejó que fuera al Muro de las Lamentaciones a presentar su causa ante Dios, y así lo hizo.

​Al día siguiente, de forma inesperada, el árabe se le acercó y le preguntó: —¿Dónde está la prenda?

El judío respondió: —En mi casa, pero no puedo ir ahora. ¡Ven mañana con el dinero y te devolveré las joyas!

Al día siguiente, el hombre regresó con todo el dinero en efectivo, explicando que su esposa había comenzado a gritarle de repente exigiendo que recuperara las joyas bajo amenaza de muerte. Aunque él en realidad ya no tenía interés en rescatarlas debido a su escaso valor, se vio obligado a pagar la deuda completa, y el judío recuperó su dinero. (Relatado por el rabino Noah Gad Weintraub en su obra 'Yishivei Hokhma', tras escucharlo del rabino Chaim Ze'ev Milstein).

Si los primeros son como ángeles...


Birshui Morai VeRabotai 

El presente articulo corresponde a una traducción y adaptación de un artículo en hebreo (https://cityofdavid.org.il/haim/)

Rabino y sabio kabbalista Jaim Shaul HaCohen Douek zt"l (conocido como HaShad)

El kabalista rabino Jaim Shaul HaCohen Douek zt"l (Hasdah) nació en Alepo, Siria, el 14 de Jeshván de 5618 (1857). Fue uno de los grandes sabios de Israel y de los principales kabalistas de Jerusalén. Desde su juventud destacó por un talento extraordinario combinado con una profunda diligencia. Tras estudiar con esmero el Shas y los Poskim, se adentró en el estudio de la sabiduría oculta, dedicándose a lo largo de su vida a transmitir sus secretos a un grupo selecto de discípulos.

En 1886, antes de cumplir los treinta años, fue nombrado Moré Horaá (autoridad rabínica) de Alepo; y aunque en su ciudad había eruditos de mayor edad, todos aceptaron su guía y sus enseñanzas. En 1890, a los 32 años, emigró a Eretz Israel y se integró en la célebre Yeshivá "Beit El", de la cual llegó a ser director. Su mayor anhelo era difundir la Torá del Jen (gracia divina) en todo Israel para acelerar la redención completa del pueblo. Poco a poco, su fama como eminencia en la Torá revelada y oculta se extendió por toda la Diáspora. Cuando el venerable rabino Nissim Nachum fundó la Yeshivá "Rehovot HaNahar" en el barrio de Bujarim en 1898 -donde cerca de 60 eruditos de la Kabbalah estudiaban y rezaban siguiendo las intenciones del Rashash-, nuestro sabio fue llamado para dirigirla y enseñar la Torá a los fieles.

Durante todo el año, oficiaba como Shaliah Tzibur ante el Arca sagrada, permaneciendo de pie durante largo rato y elevando sus plegarias conforme a las profundas intenciones kabbalísticas, sin necesidad de un sidur en las manos. Durante las Altas Fiestas, numerosos habitantes de Jerusalén abarrotaban la sinagoga para rezar junto a él y recibir sus bendiciones. En la plegaria de Shajarit, al llegar a la bendición «Aquel que hace retornar Su Presencia Divina a Sión», rompía a llorar con tanta intensidad que, al finalizar el rezo, el suelo donde había estado de pie quedaba empapado por sus lágrimas.

Durante los años de la Primera Guerra Mundial, comenzó a sufrir de la vista. Ante la escasez casi total de médicos, su familia y sus alumnos le insistieron en viajar al extranjero para recibir tratamiento y evitar una ceguera irreversible. Sin embargo, a pesar del grave riesgo para su salud visual, se negó rotundamente a abandonar el país. Se sometió a una intervención quirúrgica en Israel, pero la operación falló y perdió por completo la vista en ambos ojos. Al despertar de la anestesia y enterarse de que jamás volvería a ver la luz del día, exclamó con firmeza: «¡Todo ha valido la pena, con tal de no abandonar nuestra Tierra Santa, ni siquiera por una hora!».

Falleció el 4 de Tevet de 5693 (1933) en Jerusalén, a la edad aproximada de 75 años, y fue sepultado en el Monte de los Olivos, en la sección sefardí.


(En 1942, vándalos árabes irrumpieron en el Monte de los Olivos, profanando tumbas, destruyendo lápidas y dañando los monumentos de muchos de los santos más venerados de Jerusalén. Entre ellos se encontraba la tumba de este justo, la cual ha sido restaurada recientemente, ubicándose su monumento conmemorativo cerca de su lugar de sepultura original).