23 de julio de 2026

Vivir en Tishá Beav: El peso del silencio matutino y el reencuentro con el alma

Birshui Morai VeRabotai 

Hay días en el calendario que están marcados por la historia colectiva, pero hay momentos en los que esa misma historia atraviesa el cuerpo, se detiene en las manos vacías y se convierte en un espejo personal. Eso fue lo que me ocurrió este Tishá Beav, un día atravesado por el luto, la memoria y una profunda introspección que me sacudió desde lo más íntimo.

La mañana sin los signos del pacto

La tradición sefaradí de Marruecos tiene una particularidad que marca profundamente el ritmo de este día de duelo: a diferencia de las mañanas cotidianas, en Tishá Beav no se recita el Shajarit  con los Tefilin y el Talit. Esos mantos de luz y esas cajas de cuero que abrazan el brazo y el pensamiento -los símbolos tangibles de nuestro pacto diario con lo divino- se guardan. No se colocan al alba. Se postergan para la tarde, para el momento de Minjá, cuando la luz del día empieza a declinar y el consuelo comienza tímidamente a asomar.

Ese amanecer, al levantarme temprano con el propósito firme de cumplir con la plegaria y verme obligado a suspender ese gesto sagrado, experimenté un golpe seco en el pecho. No fue una simple observación teológica; fue una punzada de profunda tristeza.

El espejo de la rutina y la ausencia

En la quietud de esa mañana sin Tefilin ni Talit, mi mente hizo un viaje doloroso hacia mis propias vivencias cotidianas. ¿Cuántas veces, arrastrado por las urgencias de la vida, por los apremios del día a día o por limitaciones físicas particulares, me he visto corriendo, incapaz de ponerme los Tefilin a la hora debida de la mañana? ¿Cuántas mañanas se han desvanecido sin ese abrazo sagrado, postergando el vínculo para el momento de la tarde (Minjá)?

Y de pronto, la revelación me golpeó con toda su fuerza: cuando un judío no se coloca los Tefilin en la mañana cuando corresponde, la tradición nos enseña que es como si viviera un pequeño Tishá Beav.

Esa constatación me dejó sin aliento. Me di cuenta de que, sin darme cuenta, he estado transitando fragmentos enteros de mi vida viviendo en un estado de luto constante. Días en los que la premura del mundo material, el cansancio o los tropiezos físicos me roban el amanecer espiritual, dejándome en la intemperie, con las manos vacías y el alma sintiendo el peso de la ausencia, exactamente igual que en el día más triste del año.

De la tristeza a la introspección transformadora

Esta enseñanza no nació de los libros ni de las aulas de estudio; nació del dolor de reconocerme en esa carencia. La tristeza inicial, sin embargo, no tardó en mutar en una profunda introspección.
Comprendí que la vida está llena de pequeños exilios cotidianos. A veces nos alegramos de cumplir con las formalidades tarde, consolándonos con que "al menos se hizo en Minjá", pero el alma resiente la mañana desatendida. El verdadero reto no es flagelarnos por los días en que la realidad nos sobrepasa y no podemos sostener el ritmo ideal, sino despertar ante esa sensación de duelo para valorar con renovada pasión cada vez que sí logramos atar las correas del cuero a nuestro brazo y a nuestro corazón.

Porque cuando finalmente nos ponemos los Tefilin y el Talit —ya sea en la calma de un amanecer ganado a pulso o en el refugio vespertino de Minjá— estamos declarando que, a pesar de las ruinas cotidianas y de los días que se sienten como Tishá Beav, el pacto sigue vivo, la luz sigue buscando grietas para colarse, y la redención, despacito, siempre vuelve a empezar.

Mordejai Yosef Douek 

La Yeshiva Bet El: El corazón histórico del estudio de la Kabbalah en Jerusalén

La Yeshiva Bet El (cuyo nombre significa «Casa de Dios»), también conocida como Midrash Hasidim o Yeshivat haMekubalim (la Yeshiva de los Cabalistas), es uno de los centros de estudio místico y espiritual más emblemáticos e influyentes del judaísmo. Ubicada en Jerusalén, su legado se extiende a lo largo de casi tres siglos, combinando la devoción mística, la oración profunda y la transmisión de los secretos de la Torá.

​Orígenes y los tiempos de Shalom Sharabi

​Fundada en 1737 por el rabino Gedaliah Hayon, originario de Constantinopla, la institución nació con el propósito exclusivo de promover el estudio de la Kabbalah en la Ciudad Santa. Sin embargo, su verdadero despegue espiritual llegó en la década de 1740, con la llegada de un joven prodigio yemení: el rabino Shalom Mizrachi Sharabi, conocido popularmente como el Rashash.

​Gracias a su genialidad y profundidad intelectual, Sharabi asumió la dirección de la yeshiva a petición del fundador. Bajo su liderazgo, el centro floreció hasta convertirse en una de las instituciones más respetadas de Jerusalén, congregando a decenas de eruditos tanto de comunidades sefardíes como askenazíes.

​El rabino Sharabi estructuró la vida de la yeshiva en torno a una intensa rutina de oraciones y meditaciones basadas en las enseñanzas del Arizal (el rabino Isaac Luria). Fue el autor del famoso libro de oraciones Nahar Shalom (y del sistema conocido como Siddur haRashash), el cual, junto con las obras del rabino Jaim Vital, se convirtió en el pilar fundamental del estudio cabalístico en la institución.

​Organización y rigor espiritual

​La vida en la Yeshiva Bet El era sumamente rigurosa y estaba dividida en cuatro grupos con horarios estrictos que cubrían prácticamente las 24 horas del día:

  1. La medianoche: Un primer grupo se levantaba a medianoche para recitar el Tikkun Hatzot (lamentación por la destrucción del Templo) y estudiar la kabbalah del Arizal hasta el amanecer.
  2. La mañana: Tras los rezos matutinos (Shajarit), el segundo grupo profundizaba en los escritos del Arizal hasta el mediodía.
  3. La tarde: Desde el mediodía hasta el anochecer, el tercer grupo estudiaba la Mishná con el clásico comentario del rabino Obadiah de Bartenura.
  4. La noche: Después de la oración de la tarde-noche (Ma’ariv), el cuarto grupo se dedicaba al estudio del Talmud y el Shulján Aruj.

​Con los años, la fama de la yeshiva atrajo a grandes luminarias del mundo rabínico, como el rabino Jaim Yosef David Azulai (el Hida), Avraham Gershon de Kitov y Yom Tov Algazi. En 1757, el rabino Sharabi instituyó un grupo selecto de doce discípulos llamado Ahavat Shalom (Amor a la Paz), cuyos miembros firmaron un pacto de fraternidad eterna y apoyo mutuo incondicional ante cualquier adversidad.

​Reveses históricos y resurgimiento

​A lo largo de los siglos, el edificio original de la yeshiva en el Barrio Judío de la Ciudad Vieja albergó a numerosos sabios e inmigrantes que llegaban a Jerusalén en busca de crecimiento espiritual. No obstante, la historia de la estructura sufrió duros golpes: en 1927, un terremoto sacudió la zona y obligó a demoler el inmueble, aunque fue reconstruido y ampliado rápidamente en marzo de 1928.

​Trágicamente, durante la guerra de independencia de Palestina (1947-1949), el edificio fue saqueado y profanado. A pesar de este duro revés, el espíritu de Bet El no se extinguió. El rabino Ovadia Hedaya (quien lideró la tradición de Bet El en años anteriores) comenzó a revitalizar las enseñanzas en la calle Rashi, en el sector occidental de Jerusalén.

​Finalmente, tras la Guerra de los Seis Días y la reunificación de Jerusalén, la yeshiva regresó a sus raíces en el Barrio Judío en 1974, bajo el liderazgo del carismático rabino Yehuda Getz, quien también fuera el rabino oficial del Muro Occidental (Kotel).

​Legado contemporáneo

​Hoy en día, la Yeshiva Bet El opera en dos sedes principales: la histórica de la calle Rashi en el oeste de Jerusalén y la restaurada en el Barrio Judío de la Ciudad Vieja (reinaugurada formalmente en 1995 como Yeshivat HaMekubalim Beit El).

​Por sus aulas han pasado figuras icónicas del misticismo judío moderno, como el mundialmente famoso rabino Yitzchak Kaduri, fallecido en 2006. En la actualidad, bajo la guía espiritual de líderes como el rabino Yisrael Avi`hai, la Yeshiva Bet El continúa siendo un faro vivo de misticismo, preservando el fuego de la sabiduría secreta de la Torá en el corazón de Jerusalén.