15 de septiembre de 2011

Sin intermediarios


En cierta ocasión se presentaron en la casa de Rabí Israel, el predicador de Koznitz, un campesino y su esposa. Para rogarle que rezara a favor de que tuvieran un hijo.

El sabio hombre sonrio y sin mediar siquiera palabra les dijo:

Bien, tienen que darme 52 monedas de oro a cambio del milagro.
Miro al campesino y le dijo: 

“Has de saber que esto es así porque  es el valor de la palabra ben, que en hebreo quiere decir "hijo". 

El campesino rebuscó en sus bolsillos, y le entregó 10 monedas al maestro. 

Éste rechazó esas monedas y recalcó:

Deben darme 52, sino no habrá milagro.

Un tanto alterado el campesino fue a la feria y allí vendió los objetos de valor que él y su esposa tenían. Con el dinero regresó a lo del rabino, y entonces le presentó 22 monedas, exclamando: 

"¡Esto es todo!, ahora rece por que tengamos un hijo". 

El predicador no tocó las monedas, sino que impasible respondió:

"52 monedas es lo que les he pedido, no menos". 

Totalmente furioso el campesino toma a su mujer del brazo y sale gritando de la oficina del maestro:

"¡Vámonos de aquí, le rezaremos a Dios directamente, sin necesidades de que haya en el medio intermediarios, El Todopoderoso nos ayudará igualmente". 

Entonces los detuvo un momento el maestro y les explicó:

"Ciertamente, ahora estás haciendo lo que les dará lo que tanto desean". 

Y así fue.

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