19 de julio de 2026
Cuando todo parece perdido, Dios ya ha comenzado la redención
Reflexiones de la Seuda Shelishi
16 de julio de 2026
¿Es el Baal HaSulam un autor no-kosher?
15 de julio de 2026
El Rostro seductor del mal
Una reflexión sobre el Yetzer Hará a la luz de una obra de arte
Hace unos días, mientras recorría Facebook, me encontré con una fotografía que mostraba dos esculturas realizadas por los hermanos belgas Joseph Geefs y Guillaume Geefs. Ambas representaban la figura cristiana del mal y, aunque conocía la historia de estas obras, volver a mirarlas despertó en mí una reflexión que trasciende por completo el contexto en el que fueron creadas.
El primer escultor presentó una escultura de una belleza extraordinaria. Su rostro no inspiraba horror, sino fascinación. Su figura no despertaba rechazo, sino una extraña admiración. La historia cuenta que la obra fue considerada demasiado hermosa para cumplir el propósito que se esperaba de ella.
Entonces se encargó una nueva versión al hermano mayor, Guillaume Geefs, quien realizó en 1848 la célebre escultura "Le Génie du Mal" (El Genio del Mal). Aunque seguía representando al personaje de Lucifer atractivo, incorporó elementos que enfatizaban su condición de ser maligno.
Antes de continuar, deseo hacer una aclaración importante. Este artículo no pretende analizar, defender ni criticar la teología cristiana. Tampoco busca emitir un juicio sobre la manera en que otras tradiciones religiosas comprenden la figura de Satanás. Mi interés es otro.
Simplemente tomo la historia de estas esculturas únicamente como una expresión artística, porque el arte tiene la extraordinaria capacidad de formular preguntas que trascienden las fronteras culturales y religiosas. Y una de esas preguntas si me pareció profundamente compatible con una enseñanza que nuestros Sabios vienen transmitiendo desde hace milenios.
Al observar aquellas esculturas pensé:
¿Por qué el mal habría de presentarse con un rostro horrible?
Si su propósito es seducir al hombre, ¿no sería mucho más eficaz ocultar su verdadera naturaleza bajo la apariencia de la belleza, de la inteligencia, de la nobleza o incluso de la virtud?
Quizá esa sea una de las intuiciones más profundas que puede transmitir una obra de arte. Porque el verdadero peligro del mal nunca ha consistido en mostrar su rostro, sino en aprender a ocultarlo.
Y precisamente aquí comienza una de las diferencias más profundas entre la visión de la Torá y muchas otras concepciones religiosas.
La tradición de Israel no sitúa el centro de la lucha espiritual en un enemigo externo que combate contra Dios. La batalla principal ocurre dentro del corazón humano.
Nuestros Sabios enseñan que el Santo, bendito sea, creó el Yetzer Hará y creó también la Torá como su remedio. Esto significa que la inclinación al mal no constituye un poder independiente del Creador. Forma parte del diseño mismo del libre albedrío.
Desde la perspectiva cabalística, especialmente en las enseñanzas del Arizal y del Baal HaSulam, el deseo de recibir constituye la materia prima de toda la creación. Sin deseo no existiría el ser creado. El problema no reside en el deseo mismo, sino cuando éste deja de estar orientado hacia el propósito para el cual fue creado y se convierte en un fin exclusivamente egoísta.
Por eso el Yetzer Hará rara vez se presenta diciendo:
"Ven a destruirte."
Su lenguaje es mucho más refinado.
Dice:
"Te lo has ganado."
"Solo esta vez."
"Nadie saldrá perjudicado."
"Lo haces por una buena causa."
"Todos actuarían igual."
El engaño nunca comienza mostrando su destino final.
Comienza ofreciendo una satisfacción inmediata.
El Zóhar describe cómo la Sitra Ajrá se reviste de apariencias para ocultar su verdadera naturaleza. El Arizal explica que las kelipot son envolturas que esconden la luz interior. No destruyen la santidad; la cubren. No eliminan la verdad; la disfrazan.
El Maharal de Praga enseña que el mal no constituye un poder opuesto al Creador, sino una carencia, una desviación del orden querido por Dios. Y el Baal HaSulam explica que la tarea del hombre no consiste en destruir el deseo de recibir, sino en transformarlo hasta convertirlo en un deseo de otorgar.
Entonces comprendí el tema de esculturas. El mensaje del mármol pulido de Geefs puede convertirse en una idea del Yetzer Hará (No porque representen la visión judía del mal, que de hecho No la representan) sino porque ilustra una verdad psicológica y espiritual: el mal no conquista mostrando su destrucción futura, sino prometiendo una satisfacción inmediata.
Pero sí ilustran una verdad que la Torá conoce desde hace miles de años: el mal casi nunca se presenta como mal.
Si el Yetzer Hará tuviera siempre un rostro monstruoso, nadie lo seguiría.
Si la mentira se anunciara como mentira, pocos la aceptarían.
Si el orgullo confesara ser orgullo, casi todos lo rechazarían.
Pero el Yetzer Hará aprende el lenguaje de la bondad.
Se disfraza de prudencia cuando es miedo.
De autoestima cuando es soberbia.
De justicia cuando es venganza.
De libertad cuando es esclavitud.
De amor cuando es posesión.
Esa es su mayor estrategia.
Quizá por eso la Torá nunca nos invita a vivir aterrados por un enemigo exterior, al que representan las esculturas de los hermanos. Nos invita a mirar hacia adentro, a examinar nuestras motivaciones, a estudiar, a discernir y a refinar nuestros deseos.
Porque la batalla decisiva no se libra frente a una estatua de mármol. Se libra en el silencio del corazón. Allí donde el Yetzer Hará aprende a hablar con nuestra propia voz.
Y allí mismo donde la Torá nos enseña, con infinita paciencia, a distinguir entre aquello que parece luz y aquello que verdaderamente es Luz.
Ver también
¿Los niños autistas tienen almas especiales?
¿Por qué no comemos pollo con queso? La Halajá, la tradición y el sentido de sus decretos
Birshui Morai VeRabotai
Es una de las preguntas más comunes entre quienes comienzan a estudiar las leyes de kashrut: si la Torá dice únicamente «No cocinarás el cabrito en la leche de su madre», ¿por qué también está prohibido comer pollo con queso?
La pregunta parece lógica. Después de todo, las aves no producen leche materna. Entonces, ¿de dónde surge esta prohibición?
La respuesta nos conduce al corazón mismo del judaísmo: comprender que la Torá no es solamente un texto escrito, sino una revelación viva transmitida junto con una tradición oral que explica, protege y desarrolla sus mandamientos.
El debate de los Sabios
El Talmud (Julín 113a-116a) recoge diversas opiniones acerca del alcance del precepto de basar bejalav.
Rabí Akiva enseña que la repetición de la prohibición en la Torá excluye de la prohibición bíblica a las aves. Según su opinión, el pollo con leche no está prohibido por la Torá, sino por decreto de los Sabios.
Rabí Yosí HaGuelilí va aún más lejos. Observa que la Torá habla específicamente de la leche de su madre. Como las aves carecen de leche materna, concluye que no entran dentro de este mandamiento.
Incluso existieron otras interpretaciones recogidas por los comentaristas, lo que demuestra la profundidad con la que nuestros Sabios analizaron cada palabra de la Torá.
La decisión de la Halajá
Finalmente, la Halajá siguió la opinión mayoritaria.
El Rambam y el Shulján Aruj establecen que está prohibido consumir aves junto con productos lácteos, aunque dicha prohibición es de origen rabínico y no directamente bíblico.
¿Por qué los Sabios ampliaron la prohibición?
Porque la Torá también nos ordena escuchar a los jueces y maestros de cada generación. Los Sabios comprendieron que, si las aves permanecían permitidas con leche, muchas personas terminarían confundiendo unas carnes con otras y podrían llegar a transgredir una prohibición de la propia Torá.
Así nació uno de los principios fundamentales de la Halajá: hacer un cerco alrededor de la Torá (asú siyag laTorá). Lejos de añadir arbitrariamente nuevas cargas, los Sabios buscaban preservar la santidad de los mandamientos y evitar que el pueblo tropezara.
Una diferencia que no debe pasarse por alto
Aunque hoy ambas mezclas están prohibidas para el consumo, no poseen exactamente el mismo nivel jurídico.
La carne de mamíferos kosher cocinada con leche está prohibida por la Torá tanto para comer como para cocinar o incluso obtener beneficio de ella.
En cambio, tratándose de aves, la prohibición recae principalmente sobre su consumo, pues su origen es rabínico. Esta diferencia revela que la Halajá distingue cuidadosamente entre lo que proviene directamente de la Torá y aquello que fue decretado por los Sabios para protegerla.
Un testimonio de la historia
El Talmud incluso relata que hubo comunidades que seguían la opinión de Rabí Yosí HaGuelilí y consumían aves con leche.
En aquella época, determinadas localidades seguían las decisiones de su autoridad rabínica aun cuando diferían de la práctica mayoritaria. Con el paso del tiempo, sin embargo, el pueblo de Israel unificó su práctica alrededor de la Halajá aceptada, fortaleciendo así la unidad del servicio a HaShem.
La dimensión interior
Los maestros de la Kabbalah enseñan que las mitzvot no solamente ordenan nuestras acciones; también educan nuestra percepción espiritual.
La leche simboliza la bondad que fluye sin medida, el alimento con el que una madre sostiene la vida de su hijo. La carne, por el contrario, representa la fuerza, el rigor y la vitalidad del mundo material. En el lenguaje de las sefirot, la tradición suele asociar la leche con el atributo de Jesed y la carne con Guevurá.
No es ésta la razón halájica de la prohibición. La Halajá nace de la Torá y de la tradición de nuestros Sabios. Sin embargo, la Cabalá nos permite contemplar el significado interior de esa disciplina: aprender que no toda unión es apropiada y que incluso aquello que, por separado, es bueno y permitido, requiere el tiempo y el contexto adecuados para integrarse.
La santidad consiste, muchas veces, en saber distinguir antes que en saber mezclar.
Una enseñanza para la vida
Vivimos en una cultura que exalta la mezcla indiscriminada: ideas, valores, identidades y deseos parecen poder fusionarse sin límites.
La Torá propone un camino diferente. Nos enseña que la creación posee un orden, que las diferencias no son un defecto sino parte de la armonía querida por el Creador, y que preservar ciertas separaciones también es una forma de construir santidad.
Quizá por eso una de las primeras lecciones de la kashrut no consiste simplemente en aprender qué alimentos están permitidos o prohibidos, sino en comprender que servir a HaShem implica cultivar la capacidad de discernir.
Porque la santidad no nace de confundir los límites, sino de reconocerlos.
Mordejay Yosef Douek
Referencias
- Talmud Bavlí, Julín 104a-116a.
- Talmud Bavlí, Shabat 131b.
- Rambam, Hiljot Maajalot Assurot 9:4.
- Shulján Aruj, Yoré Deá 87.
- Tosafot a Julín 104b y 113a.
- Shaj, Yoré Deá 87.
- Remá, Yoré Deá 87.
- Pitjei Teshuvá, Yoré Deá 87.
- Kaf HaJaim, Yoré Deá 87.
14 de julio de 2026
Después de veinte años, me atreví a escribir una novela
Comentario al Zóhar -Pinejás 152b-
Pinejás 152b
El sustento del alma y la mesa del Rey
El pasaje que acabamos de leer puede resultar desconcertante si se interpreta únicamente desde un plano histórico o nacional. En este comentario adoptaremos una lectura propia de la tradición cabalística del sod, en la que los nombres de pueblos, tierras, reyes, exilios y naciones describen realidades interiores del alma y no solamente acontecimientos externos.
Desde esta perspectiva, el Zóhar no está estableciendo una jerarquía entre pueblos, sino revelando la estructura espiritual del ser humano.
Israel representa el punto más elevado del alma: el deseo que anhela retornar a su Fuente, adherirse al Creador (devekut) y orientar toda la existencia hacia la santidad. Es el anhelo interior que busca que la voluntad humana se alinee con la Voluntad divina.
Por el contrario, el exilio no comienza cuando una persona abandona una tierra, sino cuando ese "Israel interior" pierde su lugar de gobierno. El exilio es el estado en el que el deseo de acercarse al Creador queda oculto, debilitado o sometido a otros deseos que ocupan el centro de la vida.
En el lenguaje de la Kabbalah, las naciones representan múltiples tendencias del deseo humano. Cada una simboliza una fuerza interior, una inclinación o una cualidad que puede apartar al alma de su centro espiritual. De la misma manera, los lugares geográficos mencionados por el Zóhar corresponden a estados de conciencia y a etapas del trabajo espiritual.
A la luz de esta lectura, el "alimento" del que habla el Zóhar no debe entenderse únicamente como sustento material. El alimento simboliza el shefa, la abundancia espiritual, la vitalidad y la Luz que el Creador comunica al alma. Toda persona vive de aquello con lo que alimenta su mundo interior. Cuando el deseo orientado hacia el Creador ocupa el primer lugar, toda la estructura del alma recibe vida desde una fuente más elevada; cuando ese deseo queda relegado, la energía espiritual se dispersa entre apetitos e inclinaciones secundarias.
La imagen de la mesa del Rey expresa el grado de intimidad con la Presencia Divina. Sentarse a la mesa no significa ocupar un lugar físico, sino vivir en un estado en el que el alma recibe directamente aquello que necesita para crecer espiritualmente. Es la experiencia de quien encuentra en la Torá, las mitzvot, la plegaria y la rectificación del carácter el verdadero alimento de su existencia.
En cambio, cuando el Zóhar describe que Israel recibe solamente "los huesos", presenta una poderosa metáfora del empobrecimiento espiritual. Los huesos sostienen el cuerpo, pero carecen de la plenitud y del sabor del banquete. Así también ocurre cuando la vida espiritual pierde su centralidad: el alma continúa existiendo, pero se alimenta apenas de los restos de aquello para lo cual fue creada.
El contraste entre el banquete y los huesos describe dos maneras de vivir. En una, el deseo de unión con el Creador gobierna la totalidad de la persona; en la otra, ese deseo queda subordinado a intereses inferiores y recibe únicamente lo que permanece después de que las demás inclinaciones han consumido la energía, el tiempo y la atención del individuo.
Esta enseñanza invita a una profunda introspección. La pregunta ya no es quiénes son los pueblos mencionados por el Zóhar, sino qué fuerzas gobiernan actualmente nuestro mundo interior. ¿Qué deseo se sienta a la mesa del Rey? ¿Cuál recibe la mayor parte de nuestro tiempo, de nuestros pensamientos y de nuestras decisiones? ¿Qué parte de nosotros gobierna realmente la vida?
Desde esta perspectiva, la observancia de la Torá y las mitzvot no aparece solamente como un conjunto de acciones externas, sino como el camino mediante el cual el "Israel interior" recupera su lugar legítimo. Cada mitzvá fortalece el deseo de retornar al Creador; cada acto de rectificación devuelve al alma a la mesa del Rey; cada victoria sobre el ego restaura el orden espiritual perdido.
El Zóhar, por tanto, no pretende describir únicamente una realidad histórica. Nos invita a mirar hacia el interior y reconocer que el verdadero exilio y la verdadera redención comienzan en el corazón humano. Allí se libra diariamente la decisión de quién gobernará el alma: el deseo de recibir únicamente para sí mismo o el deseo de volver a la Fuente de toda vida.
Leído de esta manera, el pasaje deja de ser una descripción del pasado para convertirse en un espejo del presente. Cada ser humano lleva dentro de sí una Tierra de Israel y un exilio; una mesa del Rey y unos huesos; un deseo de ascender y múltiples inclinaciones que buscan apartarlo de ese camino. La enseñanza del Zóhar consiste en recordar que el sustento más profundo del alma no proviene del mundo exterior, sino de la medida en que permitimos que nuestro "Israel interior" vuelva a ocupar el lugar para el cual fue creado: vivir en comunión con el Creador y recibir de Él el verdadero alimento de la vida espiritual.
Reflexión final
Quizá el exilio más profundo no sea el de un pueblo que abandona una tierra, sino el de un alma que ha olvidado su verdadero hogar.
Nuestras almas viven exiliadas dentro de nuestros cuerpos, y nuestro pueblo atraviesa el exilio en un mundo que todavía no refleja plenamente la Presencia del Creador.
De ese exilio nacen dos verdades que debemos sostener al mismo tiempo.
La primera es recordar que este no es nuestro destino definitivo. No hemos sido creados para identificarnos por completo con este mundo ni para olvidar la Fuente de la que procedemos. Mientras el "Israel" que habita en nuestro interior conserve ese recuerdo, podrá mantenerse firme e incluso irradiar luz en medio de la oscuridad.
La segunda es recordar que precisamente en este mundo se encuentra oculto un inmenso tesoro. Los sabios enseñan que la Presencia Divina puede revelarse incluso en los lugares de mayor ocultamiento. Allí donde parece haber ausencia, puede encontrarse la oportunidad de la rectificación; allí donde experimentamos el exilio, puede descubrirse el camino hacia la redención.
Estas dos verdades deben permanecer en equilibrio.
Si solo recordamos que este mundo no es nuestro hogar, podremos resistir el exilio, pero corremos el riesgo de despreciar la misión para la cual hemos sido enviados.
Si solo recordamos que aquí se esconde un tesoro, podemos terminar creyendo que el exilio es nuestro verdadero hogar y olvidar que toda la creación está orientada hacia el retorno al Creador.
La sabiduría consiste en vivir con ambas certezas: caminar por este mundo sabiendo que somos peregrinos, pero trabajar en él como quien busca un tesoro escondido. Porque es precisamente en el lugar del ocultamiento donde el alma encuentra la posibilidad de revelar la Luz.
Los Pilares del Pensamiento Kabalístico de Ashlag
El rabino Yehuda Leib Ha-Levi Ashlag (1885–1954), conocido universalmente como el Baal HaSulam (el Autor de la Escalera, por su monumental comentario Al Sulam sobre el Zóhar), es considerado el Kabalista más importante del siglo XX. Su genialidad no solo radicó en traducir y sistematizar de forma matemática y psicológica la compleja cosmología luriánica de la escuela del Ari (Rabí Isaac Luria), sino en democratizar y abrir la Cábala para toda la humanidad.
El pensamiento de Baal HaSulam opera una de las revoluciones filosóficas y espirituales más profundas del misticismo judío: despoja a la Kábala del ropaje mágico-místico externo y la traslada al campo de la psicología del alma humana y la transformación social.
A continuación, se detalla un análisis profundo y estructurado de sus ideas originales y de los pilares de su cosmovisión.
1. Los Pilares del Pensamiento Kabalístico de Rav Ashlag
Para comprender a Baal HaSulam, es indispensable asimilar el motor ontológico con el que explica la creación del universo y la experiencia humana: la dialéctica entre la fuerza del Creador y la de la creación.
La Naturaleza del Creador y de la Creación.
El Creador es Puramente Altruista: Dios es definido como la "Voluntad Absoluta de Otorgar" (Ratzón Leashpía). Al ser perfecto e infinito, carece de necesidades, por lo que su único propósito al emanar la existencia es beneficiar y dar deleite a Sus creaciones.
La Creación es el Deseo de Recibir: Para que exista un "receptor" real de ese deleite infinito, el Creador tuvo que crear una sustancia opuesta a Él: la "Voluntad de Recibir" (Ratzón Lekabel). Toda la materia creada —desde los átomos hasta las almas humanas— no es más que diferentes densidades y gradaciones de este Deseo de Recibir.
La Ley de Equivalencia de Forma (Hashvaat HaTzurá)
Ashlag introduce un axioma espiritual fundamental: en la realidad metafísica, no existen distancias físicas; la cercanía o separación se mide por la similitud de cualidades.
Si dos entidades espirituales tienen cualidades opuestas, están infinitamente separadas (como el polo norte y el polo sur).
Dado que el Creador es puro otorgamiento y el ser humano es puro recibir, la humanidad se encuentra en un estado de desconexión absoluta de la Luz espiritual.
El propósito de la vida: Lograr la "Equivalencia de Forma" con el Creador, transformando la naturaleza del egoísmo (recibir) en altruismo (otorgar).
2. Ideas Científico-Espirituales y Conceptos Originales
A. La Intención de "Recibir con el Fin de Otorgar" (Kabel al Menat Leashpía)
No es posible ni deseable destruir nuestro "Deseo de Recibir", ya que es nuestra mismísima esencia creada. La genialidad de Ashlag radica en cambiar el uso o la intención (Kavaná) detrás del deseo:
Recibir para uno mismo (Lekabel al menat lekabel): Egoísmo puro, la raíz de todo el sufrimiento, el caos y el mal en el mundo.
Recibir para otorgar (Kabel al menat leashpía): Es el estado espiritual óptimo. Un ejemplo clásico: un invitado que acepta comer en casa de un anfitrión no para saciar su propio apetito hambriento (lo que sería vergonzoso), sino exclusivamente para complacer y honrar al anfitrión que trabajó con amor para prepararle la cena. Al comer, el invitado está recibiendo el alimento físicamente, pero espiritualmente está otorgando placer.
B. El Concepto del "Egoísmo Altruista" y el Altruismo Social
Para Ashlag, la espiritualidad no es un ejercicio de aislamiento monástico; se realiza dentro de la sociedad. Él dividió el desarrollo humano en cuatro etapas de interacción que deben ser refinadas:
- Amor propio egoísta: La naturaleza innata e infantil.
- Otorgar con el fin de recibir: Cooperación social utilitaria (hago el bien para que me vaya bien o para ganarme el Paraíso).
- Otorgar con el fin de otorgar: Altruismo puro y desinteresado. El inicio del nivel espiritual.
- Recibir con el fin de otorgar: El nivel más alto de adhesión (Dvekut) con la Luz divina.
C. El "Comunismo Altruista" o Cabalístico
Una de las facetas más audaces y controvertidas de Baal HaSulam fue su propuesta sociopolítica, detallada en sus escritos periodísticos (La Nación) y en ensayos como La Libertad. Ashlag defendió un modelo de comunismo basado en principios espirituales y teístas.
Sostenía que el comunismo forzado y ateo (como el soviético) estaba condenado al fracaso y a la tiranía porque intentaba redistribuir la riqueza material sin corregir primero la naturaleza egoísta del corazón humano.
Propuso que una sociedad perfectamente justa solo es posible si sus miembros adoptan voluntariamente la máxima espiritual: "Cada uno trabaja según su capacidad y recibe según sus necesidades básicas, dedicando todo el excedente al bienestar de la comunidad en sintonía con la ley divina del otorgamiento".
3. Sus Obras Cumbres como la Estructuración de la Cábala
La literatura de Ashlag dotó a la Cábala de un rigor textual, un vocabulario de precisión matemática y una guía metodológica sin precedentes. Sus dos obras magnas son:
Talmud Éser HaSefirot (El Estudio de las Diez Sefirot): Un tratado técnico monumental en seis volúmenes que reinterpreta los escritos del Ari. Utiliza preguntas, respuestas, análisis de procesos de causa y efecto en los mundos superiores, y define términos de forma tan científica que retira cualquier vestigio de antropomorfismo de la Cábala.
El Comentario Sulam (La Escalera): Su obra más célebre. Es una traducción completa del Zóhar del arameo al hebreo moderno con un comentario exhaustivo que permite a cualquier estudiante contemporáneo ascender "peldaño a peldaño" por los mundos de la conciencia espiritual.
4. Resumen de su Cosmovisión Existencial
Para resumir el pensamiento de Rabí Yehuda Leib Ashlag en una sola premisa: el sufrimiento humano no es un castigo, sino una crisis de desarrollo producida por la disonancia entre nuestra naturaleza egoísta y la ley altruista del Universo.
El dolor físico, social y global tiene la función de empujarnos a reconocer el "mal" de nuestro propio egoísmo. La salvación de la humanidad, por lo tanto, no reside en el avance puramente tecnológico o político, sino en una educación global orientada hacia el desarrollo de un corazón verdaderamente altruista. La Cábala es simplemente el manual de instrucciones práctico para lograr esta transformación definitiva de la conciencia humana.
Primera corrección: La mesa del Eterno
13 de julio de 2026
Las mitzvot: recipientes para la revelación de la Luz
La Biblioteca del Infinito (V)
Shabat Jazón: La Visión de la Shejiná en el Exilio
Birshui Morai VeRabotai
Una lectura de Isaías 1:1-27 (Haftará Shabat Jazón) a la luz del Zóhar, el Arizal y el Baal HaSulam
La primera palabra de la Haftará es חזון (Jazón), "visión". Los comentaristas suelen entenderla como la profecía de Isaías sobre la inminente destrucción de Jerusalén. Sin embargo, la tradición mística percibe en este término un significado mucho más profundo. La visión no pertenece únicamente al profeta; pertenece también al alma de cada judío.
Los maestros jasídicos enseñan que durante Shabat Jazón toda neshamá contempla, aunque de manera inconsciente, el resplandor del Tercer Beit HaMikdash. No se trata de una experiencia sensible, sino de una impresión espiritual que despierta el anhelo por la redención.
Esta idea armoniza con un principio fundamental del Zóhar: toda revelación comienza con un ocultamiento. La luz infinita nunca desaparece; simplemente cambia la forma en que es percibida por las criaturas.
Así, la Haftará deja de ser solamente un anuncio de destrucción para convertirse en una enseñanza sobre el descenso de la Shejiná, la ocultación de la Luz y el proceso de rectificación de toda la creación.
I. El Templo como Partzuf espiritual
El Zóhar explica que el Santuario terrenal es la manifestación visible de una estructura espiritual.
El Santo de los Santos corresponde al punto de unión entre Maljut y Zeir Anpín.
La Menorá representa la expansión de la luz de Jojmá revestida por Jasadim.
El altar expresa la elevación de las chispas dispersas.
El incienso simboliza la dulcificación de los juicios.
Cuando Isaías contempla Jerusalén corrompida, está observando la ruptura de esa armonía.
No se destruyen únicamente muros.
Se interrumpe el flujo de abundancia entre los mundos.
Por eso el Zóhar afirma que la destrucción comenzó arriba antes de manifestarse abajo.
II. La Shejiná desciende con Israel
En el Zóhar sobre Eijá, la Shejiná aparece como una madre que acompaña a sus hijos al exilio.
No permanece en el Templo vacío.
No abandona al pueblo.
Desciende con él.
Cada lágrima de Israel produce una resonancia en la Shejiná.
Cada mitzvá realizada en el exilio restaura un canal de abundancia.
La destrucción del Beit HaMikdash no representa la ausencia del Creador.
Representa el ocultamiento de Su Presencia.
III. Bein haMetzarim según el Arizal
En Shaar HaKavanot, Rabí Itzjak Luria explica que las Tres Semanas constituyen un período de predominio de los dinim (juicios).
Los Mojín superiores se contraen, y la influencia de Jasadim disminuye. Maljut experimenta una separación parcial de Zeir Anpín: Esta separación es la raíz espiritual del duelo.
No obstante, el Arizal enseña que precisamente durante este descenso pueden elevarse las chispas más profundas.
La oscuridad contiene un potencial de reparación inaccesible en tiempos ordinarios.
IV. El Tzimtzum y la destrucción
El Talmud Eser Sefirot explica que el ocultamiento nunca significa ausencia. Después del Tzimtzum, la Luz permanece llenándolo todo.
Lo único que cambia es la capacidad del recipiente para percibirla.
Del mismo modo, cuando el Templo fue destruido, la Shejiná no desapareció. Cambió la forma de Su revelación. Ahora ella habita en cada casa de estudio, en cada acto de bondad, en cada corazón purificado.
V. "¿Para qué Me sirven vuestros sacrificios?"
El Baal HaSulam insiste en que la finalidad de toda la Torah consiste en alcanzar la equivalencia de forma con el Creador. No sé cuantas veces he dicho esto.
El problema denunciado por Isaías no eran precisamente los sacrificios: Era la intención.
Puede existir un sacrificio perfecto exteriormente y completamente vacío espiritualmente.
El verdadero korban consiste en sacrificar el dominio del ego. El altar auténtico se encuentra en el corazón.
VI. La Shevirat haKelim reflejada en la historia
La destrucción del Beit HaMikdash constituye una imagen histórica de la ruptura primordial de los recipientes.
Los recipientes incapaces de contener la abundancia se fracturan.
Las chispas caen.
Comienza el trabajo del Tikún.
Así también ocurre con el alma.
Toda crisis revela un recipiente insuficientemente corregido.
Toda caída señala un nuevo nivel de trabajo espiritual.
VII. El Tikún durante Shabat Jazón
Shabat Jazón aparece inmediatamente antes del punto más oscuro del calendario.
Pero el Zóhar enseña que antes del descenso definitivo siempre existe una iluminación previa.
El alma contempla aquello que todavía no puede poseer.
Ese destello despierta el deseo.
Y el deseo corregido se convierte en recipiente para la futura revelación.
VIII. El punto en el corazón
El Baal HaSulam llama Nekudá sheBaLev al despertar interior que impulsa al hombre hacia el Creador.
Ese punto constituye, en cierto sentido, el verdadero Jazón.
Es una memoria del Ein Sof, una nostalgia por la unión perdida y una visión silenciosa del Templo futuro.
IX. Las siete Haftarot de consolación
El duelo nunca constituye el final.
Después de Tishá BeAv comienzan las siete Haftarot de consuelo. Según el Arizal, este proceso corresponde al retorno gradual de los Mojín. Los recipientes comienzan nuevamente a llenarse, y:
La Shejiná asciende.
La unión entre Zeir Anpín y Maljut se restablece progresivamente.
X. La enseñanza del Baal HaSulam
Rabí Yehudá Ashlag tzl, escribe que toda la historia humana persigue un único propósito: transformar la voluntad de recibir para sí mismo en voluntad de otorgar. (Lo volví a repetir)
El Bet HaMikdash representa precisamente esa equivalencia de forma. Por ello, la reconstrucción del Templo comienza mucho antes de colocarse la primera piedra:
Comienza cuando el hombre convierte su deseo en un recipiente para el amor, la misericordia y el otorgamiento.
¡Que tan importante es esto! Que todo Am Israel, tenga esto presente. El tercer Bet Hamikdash comienza en cada uno de nosotros y nuestra corrección. Entonces la profecía de Isaías deja de pertenecer al pasado.
Se convierte en una descripción del trabajo interior de cada generación.
Shabat Jazón no es el Shabat de la tristeza.
Es el Shabat de la visión.
Isaías contempla la destrucción.
El Zóhar contempla a la Shejiná llorando.
El Arizal contempla el movimiento de los Partzufim.
El Baal HaSulam contempla la transformación del deseo.
Todas estas miradas convergen en una única enseñanza: la destrucción nunca es el propósito; es el umbral de una revelación superior.
La verdadera visión consiste en descubrir que el Tercer Beit HaMikdash comienza a edificarse cuando cada pensamiento, cada palabra y cada acción permiten que la Luz Infinita encuentre nuevamente una morada en el corazón del ser humano.
Mordejai Yosef Douek
Apéndice I. Fuentes clásicas para el estudio de Shabat Jazón y Bein haMetzarim
Tanaj
- Isaías 1:1-27 (Haftará de Shabat Jazón).
- Lamentaciones (Eijá), capítulos 1–5.
- Jeremías 52.
- II Reyes 24–25.
Talmud
- Taanit 26b–30b: las Cinco Desgracias del 17 de Tamuz y del 9 de Av; las leyes y el sentido espiritual del duelo.
- Guitín 55b–58a: Kamtza y Bar Kamtza y la destrucción del Segundo Templo.
- Yoma 9b: las causas espirituales de la destrucción de los dos Templos.
Midrash
- Eijá Rabá.
- Pesikta deRav Kahana.
- Devarim Rabá.
Zóhar
- Zóhar, Parashat Pinjás: pasajes relativos a la Shejiná en el exilio y al duelo por el Beit HaMikdash.
- Zóhar, Parashat Vaikrá: la relación entre los sacrificios (korbanot), la intención (kavaná) y la unión de los mundos.
- Zóhar Jadash sobre Eijá: meditaciones sobre el exilio de la Shejiná, el llanto por Jerusalén y la esperanza mesiánica.
Arizal
- Shaar HaKavanot, sección sobre Bein haMetzarim.
- Pri Etz Chaim, capítulos dedicados al 17 de Tamuz, Tishá BeAv y las Siete Haftarot de Consolación.
- Etz Chaim, especialmente las secciones sobre la Shevirat haKelim, el Tikún y los Partzufim.
Rabí Yehudá Ashlag (Baal HaSulam)
- Talmud Eser Sefirot: estudio del Tzimtzum, la Shevirat haKelim y el proceso de rectificación.
- Introducción al Talmud Eser Sefirot: el propósito de la creación y la corrección del deseo.
- Matan Torá (La Entrega de la Torá): el amor al prójimo como condición para la revelación de la Divinidad.
- La Esencia de la Religión y su Propósito: la transformación de la voluntad de recibir en voluntad de otorgar.
- Shamati: enseñanzas sobre el ocultamiento (hester), la fe y el trabajo interior.
Comentarios clásicos
- Rambán sobre la Torá.
- Maharal de Praga, especialmente Netzaj Israel, acerca del exilio y la redención.
- Ramjal, Derej Hashem y Daat Tevunot, sobre la Providencia y el propósito del exilio.
- Rabí Tzadok HaKohen de Lublin, escritos sobre Tishá BeAv y la redención.
Idea central
La Haftará de Shabat Jazón puede leerse como la convergencia de cuatro grandes ejes de la tradición mística judía:
1. El Zóhar revela que el exilio es el ocultamiento de la Shejiná y el llamado a restaurar la unión entre el Santo, bendito sea, y Su Presencia.
2. El Arizal explica ese ocultamiento mediante la dinámica de los Partzufim, los dinim y la elevación de las chispas durante Bein haMetzarim.
3. El Baal HaSulam interpreta el proceso como la corrección de la voluntad de recibir hasta alcanzar la equivalencia de forma con el Creador.
4. Isaías proclama que la redención comienza con la justicia, la rectitud y la purificación del corazón, donde se reconstruye primero el Templo interior antes de manifestarse el Templo de Jerusalén.