Birshui Morai veRabotai
En la literatura rabínica existe una distinción fundamental para comprender la ética de la halajá: los mandamientos que regulan la relación del ser humano con Dios y los que regulan su relación con otros seres humanos. En hebreo estas dos categorías se conocen como “bein adam laMakom” (בין אדם למקום), literalmente entre el hombre y Dios, y “bein adam lejavero” (בין אדם לחברו), entre el hombre y su prójimo. Esta distinción atraviesa todo el pensamiento halájico y ético del judaísmo y refleja que la vida espiritual no se limita a lo ritual, sino que abarca también la justicia social, la honestidad económica y la dignidad del otro.
Desde esta perspectiva, la vida humana se mueve constantemente entre dos ejes: el vertical —la relación con el Creador— y el horizontal —la relación con los demás seres humanos—. Ambos forman una sola estructura moral, pero no generan exactamente el mismo tipo de inquietud interior.
La Emuná, entendida no como simple fe sino como certeza profunda, nace cuando la persona comprende que la realidad que atraviesa no es accidental. Lo que sucede en la vida —incluso aquello que produce tensión o dificultad— forma parte del escenario preciso que el alma necesita recorrer. Cuando esta certeza se asienta en el corazón, algo cambia radicalmente en la experiencia de la ansiedad: el mundo deja de sentirse caótico. El dolor puede permanecer, la incertidumbre puede continuar, pero el espíritu deja de estar perdido.
Quien vive con Emuná aprende a decir interiormente: si estoy atravesando este momento, es porque este momento forma parte de mi camino. No se trata de resignación pasiva, sino de una forma de alineación con la providencia divina. En ese estado, la mente deja de luchar contra la realidad y comienza a trabajar dentro de ella.
Sin embargo, aparece entonces una tensión muy humana.
La Emuná puede calmar la ansiedad respecto a bein adam laMakom. Si una dificultad proviene del cielo —una prueba, un retraso, una pérdida— la persona puede confiar en que forma parte del diseño divino. Pero cuando la dificultad toca el ámbito de bein adam lejavero, la ansiedad reaparece con una fuerza particular.
Pensemos en un caso cotidiano: no tener dinero para pagar el alquiler, o no poder cubrir la matrícula de un colegio. En ese momento no se trata solamente de una prueba espiritual abstracta; se trata de una responsabilidad concreta frente a otro ser humano. El propietario espera el pago. La institución espera el cumplimiento de un compromiso. Y ahí nace una angustia muy distinta.
La ansiedad en estos casos no surge necesariamente de falta de Emuná, sino del sentido moral de responsabilidad. La persona siente que ha contraído una obligación con otro y desea honrarla. La halajá misma reconoce la gravedad de estas relaciones humanas: dañar, engañar o perjudicar al prójimo no es solo una falta social sino una transgresión espiritual profunda.
Por eso, paradójicamente, la ansiedad puede revelar algo noble: la conciencia de responsabilidad.
La Emuná, entonces, no elimina esta preocupación; más bien la transforma. En lugar de una angustia paralizante, puede convertirse en una preocupación activa, una fuerza interior que empuja a buscar soluciones con honestidad y dignidad.
La certeza espiritual susurra:
Esta situación también forma parte de mi camino.
Pero la conciencia moral responde:
Y dentro de este camino debo hacer todo lo posible por cumplir con mi prójimo.
Entre estas dos voces se forma un equilibrio delicado. La Emuná evita que la persona se derrumbe bajo el peso de la incertidumbre, recordándole que la realidad está sostenida por una inteligencia divina. Pero la ética de bein adam lejavero impide caer en la indiferencia o la pasividad, recordando que la vida espiritual se prueba precisamente en la forma en que tratamos a los demás.
Cuando ambas dimensiones se unen, surge una serenidad madura: no la tranquilidad ingenua de quien ignora sus obligaciones, sino la paz profunda de quien sabe dos cosas al mismo tiempo.
Que todo lo que ocurre está dentro del campo de la providencia divina.
Y que, dentro de ese campo, cada ser humano sigue siendo responsable de actuar con integridad frente a los demás.
Así, la Emuná no borra la ansiedad de la vida, pero la ilumina. La transforma de una tormenta interior en una pregunta espiritual:
¿Qué me pide Dios en este momento, y cómo puedo responder también con justicia hacia las personas que dependen de mí?
En ese punto, incluso la preocupación por pagar una deuda o cumplir una obligación deja de ser solo una carga económica. Se convierte en parte del trabajo del alma: el lugar donde la confianza en Dios y la responsabilidad hacia los hombres se encuentran.
מרדכי יוסף דואק ס"ט
No hay comentarios:
Publicar un comentario