11 de agosto de 2012

Leyes sobre la teshuva


1. La persona fue creada con libre albedrío y tiene la posibilidad de escoger el buen o el mal camino. No se debe creer que la persona desde su nacimiento está destinada a ser buena o mala. No es así, sino que cada uno fue creado con dos fuerzas contrarias que en él y tiene el poder de ser tan ZADIK (recto, justo) como MOSHE RABENU o tan RASHA (perverso) como el Rey YEROVAM. Así pues, el pecador es responsable de delito cometido.

2. La persona ha de abandonar el camino del pecado y esforzarse en corregir su conducta. Al hacer TESHUVA sobre tal pecado, ha de confesarlo verbalmente.

3. La persona podría pensar que la TESHUVA se aplica a actos de delitos solamente, como robo, acto inmoral, etc En realidad, del mismo modo que la TESHUVA es obligatoria para malos actos, así lo es para malas cualidades como odio, celo, burla, cólera, cuidar su propio lucro, búsqueda de honores, etc.

4. Las malas cualidades son pecados más graves aún que los malos actos, porque una vez que la persona se contamina con una de esas malas cualidades, le es muy difícil alejarse de ella.

5. El que hace TESHUVA no debe imaginar que sus pecados le han alejado de forma irreparable de los ZADIKIM sino que al volver al camino recto es estimado y querido por el Creador, como si nunca hubiera cometido el delito. Más aún, el mérito del pecador que hace TESHUVA es muy grande ya que después de probar el pecado, se alejó de él y supo vencer a su mal instinto, por lo cual dijeron nuestros Sabios: El lugar que ocupa el que hace TESHUVA es superior al del ZADIK completo(Masejet Berajot, 34-6).

6. El que hace TESHUVA debe ser de naturaleza humilde y modesta. Si personas sin conciencia le insultan recordándole su pasado pecador, debe soportar con calma la ofensa y aún escuchar y alegrarse interiormente Por el gran mérito que representa para él sufrir estos insultos. La verguenza que siente por los pecados cometidos en el pasado no hace más que multiplicar su mérito.

7. Las condiciones para una TESHUVA. verdadera son las siguientes:
a) arrepentirse del pecado cometido,
b) disposición de no repetir dicho pecado,
c) confesar verbalmente su pecado,
d) sentimiento constante de quebranto del corazón ante el recuerdo del pecado,
e) practicar caridad, ZEDAKA, según sus posibilidades.
8. El más merecedor entre los que hacen TESHUVA es aquél que confiesa públicamente su pecado y expresa su sincero arrepentimiento.

9. La TESHUVA del orgulloso que cubre su pecado no es verdadera. No es menester confesar en público sus pecados en asuntos que no atañen a relación humana, sino que se refieren a la del hombre hacia su Creador y si uno revela dichos pecados carece de verguenza.

10. A pesar de que la TESHUVA tiene valor en cada momento, es más rápidamente aceptada en los 10 días de TESHUVA entre Rosh Hashana y Kipur

11. Yom KIPUR es un gran día para la TESHUVA, en que se perdonan los pecados a Israel tanto al individuo como al público, por lo cual cada uno debe. completar su TESHUVA en ese día y confesar sus pecados: VIDUY.

12. El día de KIPUR acompañado de TESHUVA perdona únicamente los pecados de relaciones del ser humano hacia su Creador. Pecados de relaciones humanas requieren otra condición previa: el pedir perdón a la persona ofendida.

Chispas de las almas de los talmidim


El Arizal acudía a la tumba del Rashbí con más frecuencia que a la de otros tzadikim. Iba a menudo a estudiar Zóhar con sus talmidim al lugar donde está enterrado el autor, diciéndoles que aquél era el lugar donde Rab Shimón había enseñado originalmente a sus propios talmidim y todavía quedaban huellas de su halo que iluminaban los ojos de los que se esforzaban por entender sus enseñanzas de la manera adecuada.

En una ocasión, cuando el grupo estaba reunido en Merón para estudiar el Zóhar, el Arizal describió cómo se sentaba la jebrá kadishá, el santo círculo formado por Rab Shimón y sus discípulos. “Aquí es donde Rab Shimón se sentaba”, dijo señalando un lugar, “y aquí es donde su hijo, Rab Elazar, se sentaba” y señaló otro, “y aquí Rab Aba y allí Rab Yehudá”. Y así prosiguió indicando el lugar donde se sentaba cada taná. Después les dijo: “Quiero que sepan que ustedes son chispas de esos mismos sabios”. Y les mostró el lugar donde cada uno de ellos tenía que tomar asiento. Él tomó el lugar de Rab Shimón y dijo a Rab Jaim Vital que se sentara en el de Rab Elazar. Su discípulo Yonatán se sentó en el sitio donde se sentaba Rab Aba que aparece en el Zóhar y Rab Guedaliá en el de Rab Yehudá. A Rab Yosef Maarabi se le designó el lugar del taná Rab Yosí y a Rab Itzjak Hacohén Ashkenazí el de Rab Itzjak. Así continuó, asignando los distintos lugares a sus discípulos según el origen de su alma. Después empezaron a estudiar.

Cuando estaban profundamente inmersos en el estudio, el Arizal les reveló que en ese momento estaban rodeados de una intensa luz espiritual que el ojo humano no podía captar, porque Rashbí y sus talmidim y todos los sabios del Zóhar, junto con las almas de todos los Sabios que estudiaron cabalá a lo largo de los siglos, los tanaim, amoraim y otros, habían acudido ese día a escuchar la Torá viva que salía de sus labios. “Ojalá pudieran ver esas almas... pero sólo a mí ha sido permitido verlas un momento”.

Cuando terminaron de estudiar, el grupo fue a rezar a la tumba y dio gracias a Hashem por haberles permitido alcanzar un nivel de santidad tan exaltado en aquel día.