1 de julio de 2026

Cuando el Justo Cae: Reflexiones sobre el asesinato del rabino Amos Guetta זצ"ל



Hay noticias que conmocionan por la violencia de los hechos. Otras, en cambio, estremecen porque parecen herir el corazón mismo de aquello que una comunidad considera sagrado.

El asesinato del rabino y mekubal Amos Guetta זצ"ל, ocurrido en Netanya dentro de una yeshivá al término de las oraciones matutinas, pertenece a esta segunda categoría. No se trata únicamente de la pérdida de un reconocido maestro de Torá, guía espiritual y consejero de innumerables personas que buscaban reconstruir sus vidas. Es también el dolor de contemplar cómo un hombre dedicado durante décadas al estudio de la Torá, al servicio de Hashem y a la elevación de otras almas encontró una muerte tan violenta precisamente en el lugar donde enseñaba la santidad de la vida.

Las primeras investigaciones de las autoridades israelíes apuntan a que el presunto agresor, quien habría formado parte del círculo cercano del rabino y presentaría antecedentes de trastornos mentales, lo atacó tras una breve discusión. La noticia provocó una profunda conmoción en Israel, donde miles de alumnos, miembros de la comunidad judía libia y personas a quienes el rabino había acompañado en su retorno a la observancia expresaron su dolor por la pérdida de quien muchos describían como un verdadero hombre de Torá, un baal jesed y un conocedor tanto de la halajá como de los aspectos más profundos de la Kabbalah.

Este artículo nace, además, de una reflexión que hemos venido desarrollando desde hace una semana. Los acontecimientos recientes vividos en Venezuela —el terremoto, las pérdidas humanas, las tragedias que han sacudido a tantas familias y otros sucesos que han despertado una profunda conmoción— me han llevado una y otra vez a enfrentar las mismas preguntas que acompañan al ser humano desde los días de Iyov: ¿cómo sostener la emuná cuando el dolor parece desbordar toda explicación? ¿Cómo seguir hablando de la Providencia Divina cuando el sufrimiento toca incluso a quienes dedican su vida al bien, a la Torá y al servicio de Hashem?

La tradición de Israel nos enseña precisamente lo contrario: que los decretos del Santo, bendito sea, no pueden reducirse a interpretaciones apresuradas ni a explicaciones simplistas. «Porque Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos Mis caminos, dice Hashem» (Isaías 55:8). Existe una distancia infinita entre la perspectiva humana y la Sabiduría Divina, y reconocer ese límite constituye, paradójicamente, una de las expresiones más profundas de la humildad espiritual.

La literatura rabínica y Kabalística enseña que existen dimensiones de la Providencia que permanecen ocultas al intelecto humano. Como afirma el versículo: «Las cosas ocultas pertenecen a Hashem, nuestro Dios; pero las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos» (Devarim 29:28). Por eso no pretendo preguntarme ¿por qué ocurrió esta tragedia? pues hacerlo sería buscar un conocimiento que la propia Torá nos niega. Mi propósito es más pequeño: reflexionar sobre aquello que sí nos enseñan nuestros Sabios cuando la oscuridad parece imponerse sobre la luz.

Porque hay momentos en que la emuná deja de ser una afirmación cómoda para convertirse en una decisión interior. Hay instantes en los que la fe no consiste en comprender, sino en permanecer. En seguir buscando el Rostro Divino incluso durante el hester panim, el ocultamiento del Rostro descrito por la Torá y desarrollado por nuestros Sabios; en continuar caminando aun cuando el cielo parece guardar silencio. Es precisamente en esos momentos cuando las enseñanzas de la Torá y de la Kabbalah dejan de ser conceptos abstractos y se convierten en una fuente de fortaleza para el alma quebrantada.

Hay acontecimientos que nos obligan a reconocer los límites del entendimiento humano. La muerte violenta de un hombre dedicado a la Torá, a la bondad y al acercamiento de las almas despierta preguntas que ninguna explicación apresurada puede satisfacer.

El Nefesh HaJaim enseña que el mundo visible no agota la realidad; existe un entramado espiritual cuya profundidad escapa a nuestra percepción. Del mismo modo, el Maharal de Praga recuerda que la Providencia Divina no puede medirse con los criterios limitados de la lógica humana, pues aquello que desde nuestra perspectiva parece fragmentación puede formar parte de un orden cuya totalidad solo pertenece al Santo, bendito sea.

El Zóhar habla de momentos de hester panim, el ocultamiento del Rostro Divino. No significa la ausencia de Dios, sino la ocultación de Su modo de actuar. La luz no desaparece; es nuestra capacidad de percibirla la que queda velada. Precisamente por ello, la fe no consiste únicamente en reconocer la presencia de Hashem cuando todo parece claro, sino también en permanecer fieles cuando el camino atraviesa la oscuridad.

El Ramjal, en Da'at Tevunot, explica que la historia avanza bajo una dirección providencial que conduce finalmente a la revelación de la unidad divina (yiḥud Hashem). Sin embargo, durante ese proceso, el ser humano solo contempla fragmentos de una obra cuyo diseño completo le permanece oculto. Pretender comprender cada tragedia equivaldría a querer juzgar un tapiz observando únicamente uno de sus hilos.

Por eso, la tradición judía no responde al sufrimiento con especulaciones, sino con humildad. No afirma conocer los decretos del Cielo; afirma, en cambio, que incluso cuando la comprensión nos abandona, la responsabilidad moral permanece. Frente al dolor, la respuesta no es interpretar los juicios divinos, sino aumentar la compasión, fortalecer la emuná, multiplicar los actos de bondad y aferrarse con mayor profundidad a la Torá.

Quizá esa sea una de las enseñanzas más difíciles de aceptar: hay silencios que no estamos llamados a llenar con respuestas, sino a atravesarlos con fidelidad. Y, como enseñaron nuestros Sabios, incluso en el más profundo hester panim, «toda la tierra está llena de Su gloria» (Isaías 6:3), aunque nuestros ojos aún no sean capaces de contemplarla plenamente.

Mordejai Yosef Douek

Las Tres Semanas (Bein haMetzarim): Historia, Halajá y el Sentido Espiritual del Duelo

Birshui Morai veRabotai

Nota del autor. El presente trabajo constituye una exposición halájica de carácter divulgativo, elaborada a partir del estudio y la investigación de las fuentes clásicas y de la literatura rabínica relevante. Su autor no posee ordenación rabínica (semijá), por lo que este texto no debe ser entendido como un pesak halajá (dictamen legal), sino como un material de estudio y difusión. En consecuencia, las cuestiones prácticas, los casos particulares o cualquier situación que requiera una aplicación específica de la Halajá deben ser consultados con un rabino competente (mara de'atra o autoridad halájica calificada), quien podrá orientar conforme a las circunstancias concretas de cada caso.

El presente trabajo constituye una reedición y revisión de un artículo publicado originalmente hace trece años. Con motivo de la proximidad del vigésimo aniversario de este blog, se ha considerado oportuno recuperar y actualizar algunos de sus contenidos, enriqueciendo su redacción, ampliando las referencias y revisando diversos aspectos de su exposición, con el propósito de ofrecer al lector una presentación más clara y rigurosa.

Asimismo, esta reedición ha sido realizada le'iluy nishmat (para la elevación del alma) de mi madre, Hannah bat Avraham Avinu. Que el mérito del estudio y de la difusión de las palabras de Torá contribuya a la elevación de su neshamá, y que el Santo, bendito sea, la haga partícipe de la vida eterna junto a los justos. Amén.

Dentro del calendario litúrgico judío, pocos períodos poseen una densidad histórica, jurídica y espiritual comparable a Bein haMetzarim (בין המצרים), las "Tres Semanas" que transcurren entre el ayuno del 17 de Tamuz y el de Tishá beAv (9 de Av). Durante estos veintiún días, el pueblo de Israel recuerda la destrucción del Primer y del Segundo Templo de Jerusalén, así como una serie de acontecimientos que marcaron profundamente su historia nacional y religiosa.

Lejos de constituir únicamente un tiempo de tristeza, Bein haMetzarim representa un proceso gradual de introspección espiritual. La Halajá establece un incremento progresivo de las prácticas de duelo conforme se aproxima Tishá beAv, reproduciendo litúrgicamente el avance histórico hacia la destrucción de Jerusalén. Este proceso no busca perpetuar el dolor, sino conducir al individuo y a la comunidad hacia la teshuvá (retorno espiritual), la reparación moral y la esperanza mesiánica.

La tradición rabínica entiende que la destrucción del Templo no fue un episodio exclusivamente político o militar, sino la manifestación histórica de una ruptura espiritual entre Israel y Dios. En consecuencia, el recuerdo de estos acontecimientos tiene una finalidad educativa: despertar la conciencia religiosa de cada generación y fortalecer su compromiso con la Torá y las mitzvot.

Como afirma el Rambam, el propósito de los ayunos públicos no consiste únicamente en conmemorar tragedias pasadas, sino en mover el corazón al arrepentimiento y recordar que los sufrimientos nacionales fueron consecuencia de las acciones humanas. Al reconocer esa realidad, la persona encuentra el camino para corregir su conducta y evitar la repetición de los errores del pasado (Rambam, Mishné Torá, Hiljot Ta'aniot 5:1).

El origen del nombre Bein haMetzarim

La expresión Bein haMetzarim proviene del Libro de las Lamentaciones:

«"Todos sus perseguidores la alcanzaron entre los estrechos." (Lamentaciones 1:3).»

En su contexto original, el versículo describe la desesperada situación de Jerusalén durante la conquista babilónica. Sin embargo, desde la época de los Gueonim esta expresión pasó a designar el período comprendido entre el 17 de Tamuz y el 9 de Av, interpretación que fue posteriormente codificada por las principales autoridades halájicas, entre ellas el Tur y el Shulján Aruj (Tur, Oraj Jaim 551; Shulján Aruj, Oraj Jaim 551:1).

Los comentaristas ofrecen diversas interpretaciones sobre el término metzarim. En su sentido literal significa "estrechos", "angosturas" o "lugares de opresión", evocando la imagen de alguien atrapado sin posibilidad de escape. Desde una perspectiva espiritual, los sabios vieron en esta expresión una metáfora del estado de ocultamiento de la Presencia Divina (Hester Panim), característico del exilio.

En la literatura jasídica, este período también ha sido entendido como un tiempo en el que la aparente distancia entre Dios y el ser humano constituye precisamente la oportunidad para buscar una relación más profunda con Él. De este modo, incluso el duelo contiene en sí mismo el potencial de la futura redención.

Los acontecimientos del 17 de Tamuz

La Mishná enumera cinco acontecimientos trágicos ocurridos el 17 de Tamuz, fecha que inaugura oficialmente el período de Bein haMetzarim:

1. Moisés rompió las primeras Tablas de la Ley tras el pecado del becerro de oro (Éxodo 32:19).
2. Durante el sitio de Jerusalén cesó el sacrificio diario (Korbán Tamid) por falta de animales.
3. Los romanos abrieron una brecha en las murallas de Jerusalén antes de la destrucción del Segundo Templo.
4. Apostomos quemó públicamente un rollo de la Torá.
5. Se erigió un ídolo dentro del Santuario (Mishná, Ta'anit 4:6).

Aunque pertenecen a épocas distintas, estos acontecimientos comparten un mismo denominador: representan una ruptura del vínculo entre Dios e Israel, ya sea mediante la idolatría, la interrupción del culto, la profanación de la Torá o el comienzo de la caída de Jerusalén.

El Talmud Bavlí explica que el ayuno fue instituido precisamente para mantener viva la memoria de estas tragedias y estimular la reflexión moral (Ta'anit 26b–28b).

Del 17 de Tamuz al 9 de Av: un duelo que progresa

Históricamente, las tres semanas reproducen el desarrollo de la tragedia nacional.

El 17 de Tamuz las murallas de Jerusalén fueron abiertas por las fuerzas romanas después de un prolongado asedio. Durante las semanas siguientes la ciudad permaneció bajo ataque constante hasta que, finalmente, el 9 de Av, el Templo fue incendiado y destruido.

La tradición observa además que el Primer y el Segundo Templo fueron destruidos en la misma fecha, hecho interpretado por los Sabios como una manifestación de la providencia divina y como una llamada permanente al examen de conciencia nacional (Talmud Bavlí, Ta'anit 29a).

Esta progresión histórica explica la estructura de las leyes de duelo: las restricciones aumentan gradualmente a medida que se aproxima el aniversario de la destrucción. Así, las Tres Semanas constituyen el primer nivel de duelo; los Nueve Días representan una intensificación de ese luto; y Tishá beAv concentra las prácticas más severas, comparables en muchos aspectos a las de un doliente durante el primer día de duelo.

El fundamento halájico del duelo nacional

Las normas que rigen Bein haMetzarim se encuentran principalmente en el Talmud, fueron sistematizadas por el Rif, el Rosh y el Tur, y alcanzaron su formulación normativa en el Shulján Aruj (Oraj Jaim 551–561), complementado por las glosas del Rema, que reflejan la tradición asquenazí.

Debe distinguirse cuidadosamente entre tres categorías jurídicas:

- Obligaciones establecidas por la Halajá, derivadas del Talmud o codificadas por los grandes compiladores.

- Costumbres comunitarias (minhagim), aceptadas por determinadas comunidades y posteriormente reconocidas por las autoridades halájicas.

- Prácticas de especial piedad (midat jasidut), observadas voluntariamente por quienes desean intensificar el espíritu de duelo.

Esta distinción resulta esencial para comprender las diferencias existentes entre las tradiciones sefardí y asquenazí. En numerosos casos no existe desacuerdo sobre los principios halájicos, sino sobre el alcance que determinadas costumbres adquirieron en las distintas comunidades de Israel.

El Rambam resume el objetivo de estas prácticas con notable claridad:

«"Todos estos o que recordamos." (Hiljot Ta'aniot 5:1).»

Así, el duelo judío nunca constituye una experiencia de desesperanza. Su finalidad es ética y espiritual: transformar la memoria histórica en un instrumento de renovación interior.

Las Tres Haftarot de la Reprensión (Shalosh dePuranuta)

Durante los tres Shabatot comprendidos entre el 17 de Tamuz y Tishá beAv se leen tres Haftarot especiales conocidas como Shalosh dePuranuta ("Las Tres de la Reprensión"). Estas sustituyen a la Haftará normalmente asociada con la parashá semanal y forman parte de un ciclo litúrgico cuidadosamente estructurado.

Las lecturas son:

- Jeremías 1:1–2:3 (Divré Yirmeyahu).
- Jeremías 2:4–28; 3:4 (Shimú Devar Hashem).
- Isaías 1:1–27 (Jazón Yeshayahu).

Estas profecías denuncian la corrupción moral, la injusticia social, la idolatría y el abandono del pacto con Dios. Sin embargo, su propósito no es únicamente anunciar el castigo, sino preparar espiritualmente al pueblo para el arrepentimiento.

Resulta significativo que inmediatamente después de Tishá beAv el calendario litúrgico cambie completamente de tono con las Siete Haftarot de Consolación (Shivá deNejemta), todas tomadas del libro de Isaías. Esta transición expresa uno de los principios fundamentales del judaísmo: incluso el duelo más profundo contiene la promesa de la restauración.

El significado espiritual de Bein haMetzarim

Los Sabios enseñaron:

«"Todo aquel que se lamenta por Jerusalén tendrá el privilegio de contemplar su alegría." (Talmud Bavlí, Ta'anit 30b).»

Esta afirmación resume la teología del período. El duelo por Jerusalén no responde únicamente a la pérdida de un edificio ni a la nostalgia de una antigua soberanía política. El Templo simbolizaba la manifestación visible de la Presencia Divina (Shejiná) en medio del pueblo de Israel. Su destrucción representa, por tanto, el exilio espiritual del hombre y la ruptura de la armonía entre el cielo y la tierra.

En este sentido, Bein haMetzarim invita a cada generación a preguntarse qué significa hoy "reconstruir el Templo". Los maestros de Israel respondieron que dicha reconstrucción comienza mediante la teshuvá, el estudio de la Torá, la práctica de la justicia y el perfeccionamiento del carácter.

Como enseñan los Sabios: "Toda generación en cuyos días el Templo no ha sido reconstruido debe considerarse como si hubiera sido destruido en sus propios días" (Talmud de Jerusalén, Yomá 1:1; cf. Talmud Bavlí, Yomá 9b). La memoria del pasado se convierte así en una responsabilidad para el presente.

De este modo, las Tres Semanas no constituyen simplemente un período de duelo nacional, sino un itinerario espiritual que conduce de la aflicción a la esperanza, del examen de conciencia a la reparación moral y del recuerdo de la destrucción a la expectativa de la redención prometida por los profetas.

Las Tres Semanas (Bein haMetzarim): Historia, Halajá y el Sentido Espiritual del Duelo Nacional.

La naturaleza progresiva del duelo

Una de las características más notables de Bein haMetzarim es el carácter gradual de sus prácticas de duelo. A diferencia de otras conmemoraciones del calendario judío, las restricciones no aparecen de forma repentina, sino que aumentan progresivamente conforme se aproxima Tishá beAv. Este desarrollo refleja el proceso histórico que condujo desde la apertura de las murallas de Jerusalén hasta la destrucción del Templo.

El principio general fue formulado por los Sabios y codificado posteriormente en la Halajá: cuanto más cercano se encuentra el aniversario de la destrucción, mayor debe ser la expresión pública y privada del duelo (Talmud Bavlí, Ta'anit 26b–30b; Rambam, Hiljot Ta'aniot 5; Shulján Aruj, Oraj Jaim 551).

Las restricciones de este período no poseen el mismo rango normativo. Algunas constituyen disposiciones halájicas ampliamente aceptadas; otras son costumbres comunitarias que, con el paso del tiempo, adquirieron fuerza obligatoria dentro de determinadas tradiciones. Por ello, las diferencias entre las comunidades sefardíes y asquenazíes deben entenderse como expresiones legítimas de la diversidad halájica y no como contradicciones.

Los matrimonios y las celebraciones

La primera manifestación del duelo consiste en la disminución de las expresiones públicas de alegría.

El Shulján Aruj establece que debe evitarse la celebración de matrimonios desde Rosh Jódesh Av (Oraj Jaim 551:2). Sin embargo, el Rema, reflejando la costumbre asquenazí, amplía esta restricción a todo el período comprendido entre el 17 de Tamuz y Tishá beAv.

En consecuencia:

Tradición sefardí

- Generalmente se permiten los matrimonios hasta el comienzo del mes de Av.

- Desde Rosh Jódesh Av se suspenden las bodas hasta después de Tishá beAv.

- Esta es la práctica derivada del Beit Yosef y seguida por numerosas comunidades sefardíes.

Tradición asquenazí

- No se celebran matrimonios durante las Tres Semanas completas.

- La prohibición comprende tanto la ceremonia religiosa como el banquete nupcial.

El fundamento de esta norma radica en el principio de que las manifestaciones públicas de gran alegría resultan incompatibles con un período destinado al recuerdo de la destrucción del Santuario.

Los compromisos matrimoniales (Erusín)

A diferencia del matrimonio, los compromisos o promesas de matrimonio (erusín o tena'im) permanecen permitidos.

El motivo es mencionado por las autoridades halájicas: evitar que otra persona formalice primero el compromiso con la futura pareja (Shulján Aruj, Oraj Jaim 551:2).

No obstante, durante los días de mayor intensidad del duelo se evita organizar banquetes festivos. Si se realiza un compromiso, suele limitarse a un encuentro familiar sencillo, sin música ni danzas.

La música y las manifestaciones de alegría

La abstención de música constituye una de las costumbres más extendidas de Bein haMetzarim, aunque su formulación actual es el resultado de un desarrollo halájico posterior.

Las autoridades medievales derivaron esta práctica de las leyes generales de duelo por Jerusalén y de la obligación de disminuir la alegría durante este período. El Mishná Berurá y el Aruj HaShulján consideran apropiado abstenerse de música instrumental y de bailes públicos (Mishná Berurá 551:16; Aruj HaShulján 551).

En la práctica contemporánea se acostumbra:

- No asistir a conciertos.
- No organizar bailes.
- Evitar música instrumental con finalidad recreativa.

Entre los decisores modernos existe discusión respecto a la música vocal sin acompañamiento instrumental, especialmente cuando tiene fines educativos o litúrgicos. Muchas autoridades permiten melodías relacionadas con el estudio de la Torá o el aprendizaje de los rezos, mientras que desaconsejan la música destinada exclusivamente al entretenimiento.

Viajes y actividades recreativas

Las fuentes clásicas no prohíben expresamente los viajes durante las Tres Semanas. Sin embargo, varias autoridades recomiendan evitar actividades particularmente peligrosas o destinadas únicamente al placer.

El Maguén Abraham, seguido por otros comentaristas, señala que este período ha sido considerado tradicionalmente como un tiempo de especial vulnerabilidad, recordando las numerosas calamidades ocurridas en estas fechas (Maguén Abraham 551).

Por ello, muchas comunidades acostumbran:

- Posponer excursiones de riesgo.
- Evitar deportes extremos.
- Reprogramar actividades innecesariamente peligrosas cuando ello sea posible.

No se trata de una prohibición absoluta, sino de una recomendación basada en el principio general de preservar la vida (pikuaj nefesh) y actuar con prudencia.

El corte de cabello y el afeitado

Una de las costumbres más conocidas de Bein haMetzarim es la abstención del corte de cabello.

Tradición asquenazí

El Rema dispone que hombres y mujeres eviten cortarse el cabello durante las Tres Semanas (Oraj Jaim 551:4). La práctica se extendió también al afeitado, aunque las autoridades contemporáneas discrepan respecto a ciertos casos relacionados con obligaciones laborales o situaciones de dignidad personal.

Tradición sefardí

Siguiendo la opinión del Shulján Aruj, la prohibición estricta comienza únicamente durante la semana en la que cae Tishá beAv (Shavúa Shejal Bo).

Cuando Tishá beAv coincide con domingo, dicha semana prácticamente no existe desde el punto de vista halájico, razón por la cual muchas comunidades sefardíes permiten el corte de cabello hasta el ayuno.

Esta diferencia constituye uno de los ejemplos más claros de la diversidad normativa entre ambas tradiciones.

La bendición de Shehejeianu expresa gratitud a Dios por haber permitido llegar a una ocasión especialmente alegre o experimentar algo nuevo.

Precisamente por ello surgió la costumbre de evitar aquellas situaciones que obliguen a pronunciarla durante Bein haMetzarim.

Entre ellas:

- estrenar ropa importante;
- adquirir objetos de especial satisfacción;
- consumir determinadas frutas de estación cuando corresponde recitar la bendición.

El Mishná Berurá explica que resulta poco apropiado agradecer haber llegado a "este tiempo" cuando se trata de días asociados con el duelo nacional (551:98).

No obstante, esta práctica admite importantes excepciones.

Mitzvot

Cuando la bendición forma parte del cumplimiento de una mitzvá que no puede posponerse —como un Brit Milá o un Pidión HaBén— se recita normalmente.

Frutas de estación

Si una fruta desaparecerá del mercado antes de finalizar las Tres Semanas, puede consumirse y recitarse la bendición.

Muchos asquenazíes prefieren reservarla para Shabat, mientras que algunos sefardíes, siguiendo la tradición del Arizal, evitan pronunciar Shehejeianu incluso en Shabat durante este período (Sha'ar HaKavanot).

Salud

Una mujer embarazada que experimente un fuerte deseo por una fruta nueva, o un enfermo cuya salud así lo requiera, puede consumirla sin restricción. En tales casos prevalece el deber de proteger la salud.

El estudio de la Torá y la reparación espiritual

Aunque las Tres Semanas son un período de duelo, no constituyen una suspensión de la vida espiritual. Muy por el contrario, los grandes maestros enseñaron que el recuerdo de la destrucción debe transformarse en crecimiento religioso.

El Rambam afirma que el propósito de los ayunos consiste en conducir al arrepentimiento (Hiljot Ta'aniot 5:1). De manera semejante, numerosos maestros medievales y modernos exhortaron a incrementar el estudio de la Torá durante este período.

Especial relevancia adquiere el estudio de las leyes relativas al Santuario.

En la visión del profeta Ezequiel, Dios ordena describir detalladamente el Templo a la Casa de Israel para que medite sobre su estructura y aprenda de ella (Ezequiel 43:10–11).

Los Sabios desarrollaron esta idea afirmando que quien estudia las leyes de los sacrificios es considerado como si los hubiera ofrecido (Talmud Bavlí, Menajot 110a). Sobre esta base, diversas autoridades recomendaron estudiar durante Bein haMetzarim la Mishná Midot, las secciones correspondientes del Mishné Torá de Maimónides y otros textos dedicados a la estructura del Beit HaMikdash.

Incrementar la tzedaká y las buenas obras

Junto al estudio de la Torá, numerosas autoridades contemporáneas exhortaron a incrementar la práctica de la tzedaká y de los actos de bondad.

El fundamento bíblico suele encontrarse en las palabras del profeta Isaías:

«"Sión será redimida mediante el derecho, y quienes retornen a ella mediante la justicia." (Isaías 1:27).»

Sobre la base de este versículo, el Rebe Menajem Mendel Schneerson insistió repetidamente en que el auténtico duelo por la destrucción del Templo debe expresarse mediante un aumento del estudio de la Torá, la tzedaká y el cumplimiento de las mitzvot. La reconstrucción espiritual precede y prepara la reconstrucción material de Jerusalén.

Así, las restricciones propias de Bein haMetzarim no constituyen un fin en sí mismas. Su verdadero propósito consiste en transformar el recuerdo de la destrucción en una oportunidad para renovar el compromiso con Dios, con la comunidad y con los ideales éticos de la Torá. 

Con la llegada del mes de Av, el proceso gradual de duelo iniciado el 17 de Tamuz entra en una nueva etapa. Mientras que las Tres Semanas recuerdan el comienzo de la trag edia nacional, los Nueve Días representan la aproximación inmediata al aniversario de la destrucción del Beit HaMikdash. Por esta razón, la Halajá incorpora nuevas restricciones destinadas a expresar con mayor intensidad el luto colectivo.

El fundamento de esta etapa se encuentra en la enseñanza de la Mishná:

««Cuando comienza el mes de Av, se disminuye la alegría.» (Mishná, Ta'anit 4:6; Talmud Bavlí, Ta'anit 29a).»

A diferencia del mes de Adar, cuya entrada invita a incrementar la alegría, Av recuerda la pérdida del centro espiritual de Israel. Sin embargo, los comentaristas subrayan que esta disminución de la alegría no implica desesperanza, sino una disposición interior de recogimiento y reflexión.

El Rambam explica que las prácticas de duelo tienen por finalidad despertar el corazón hacia el arrepentimiento y conducir a una transformación ética (Mishné Torá, Hiljot Ta'aniot 5:1).

El alcance de las restricciones

Las restricciones de los Nueve Días no poseen el mismo alcance en todas las comunidades.

El Shulján Aruj establece varias de ellas únicamente durante la semana en que cae Tishá beAv (Shavúa Shejal Bo), mientras que el Rema, siguiendo la costumbre asquenazí, las extiende desde Rosh Jódesh Av (Oraj Jaim 551).

Esta diferencia metodológica explica la mayor parte de las divergencias prácticas entre las comunidades sefardíes y asquenazíes.

La compra y confección de ropa

Durante los Nueve Días se evita adquirir prendas destinadas al disfrute personal.

El Shulján Aruj prohíbe confeccionar ropa nueva y realizar trabajos que produzcan especial satisfacción durante este período (Oraj Jaim 551:6–7).

Las autoridades posteriores ampliaron esta práctica a la compra de prendas nuevas cuando no existe una necesidad inmediata.

No obstante, existen diversas excepciones:

- ropa necesaria por motivos laborales;
- prendas indispensables para un niño;
- oportunidades económicas cuya pérdida ocasionaría un perjuicio considerable (davar ha-aved), caso en el que muchos decisores permiten efectuar la compra, posponiendo el uso de la prenda hasta después de Tishá beAv.

Lavado de ropa

El lavado de ropa constituye una de las manifestaciones clásicas del duelo.

Tradición asquenazí

Desde Rosh Jódesh Av se acostumbra abstenerse de:

- lavar ropa;
- enviar prendas a la lavandería;
- planchar;
- preparar ropa limpia para después del ayuno.

La prohibición incluye incluso prendas que no serán utilizadas durante los Nueve Días, pues el acto mismo del lavado se considera incompatible con el ambiente de duelo (Rema, Oraj Jaim 551:3).

Tradición sefardí

El Shulján Aruj limita esta restricción a la semana en que cae Tishá beAv.

Cuando el ayuno coincide con domingo, dicha semana prácticamente no existe desde el punto de vista halájico, razón por la cual numerosas comunidades sefardíes permiten lavar ropa hasta el propio ayuno.

El Kaf HaJaim, sin embargo, recoge costumbres más estrictas observadas por algunas comunidades orientales, especialmente aquellas influenciadas por la tradición Kabalística.

El uso de ropa recién lavada

Relacionada con la prohibición anterior se encuentra la costumbre de no vestir prendas recién lavadas.

En las comunidades asquenazíes se acostumbra utilizar previamente la ropa durante unos minutos antes del comienzo de los Nueve Días para que pierda la condición de "recién lavada".

Esta práctica aparece mencionada por diversas autoridades posteriores y refleja el deseo de mantener una continuidad en la expresión del duelo.

En honor del Shabat Jazón, sin embargo, se permite vestir ropa apropiada para el día sagrado, pues el honor debido al Shabat prevalece sobre las manifestaciones ordinarias de duelo.

El baño y la higiene corporal

La Halajá distingue cuidadosamente entre el baño por placer y el baño necesario por razones de higiene.

Baños recreativos

Durante los Nueve Días se evita:

- acudir a playas;
- utilizar piscinas;
- disfrutar de jacuzzis o baños recreativos;
- tomar baños prolongados con finalidad placentera.

Estas restricciones expresan la disminución voluntaria de las comodidades propias de la vida cotidiana.

Higiene personal

La higiene básica permanece permitida.

El Mishná Berurá explica que la eliminación del sudor, la suciedad o cualquier circunstancia que afecte la dignidad personal no constituye un acto de placer, sino una necesidad ordinaria (Mishná Berurá 551).

En consecuencia, está permitido:

- lavarse las manos;
- lavarse el rostro;
- ducharse cuando resulte necesario para mantener la higiene;
- bañarse por razones médicas.

Muchos decisores contemporáneos permiten duchas breves con agua templada cuando las condiciones climáticas lo hacen razonablemente necesario, especialmente en regiones de intenso calor.

La inmersión en la Mikvé

Las personas que acostumbran sumergirse regularmente en la Mikvé continúan haciéndolo cuando dicha práctica responde a una obligación halájica.

Respecto a las inmersiones voluntarias realizadas por motivos de piedad, las autoridades distinguen entre distintas circunstancias.

Quienes poseen una costumbre constante de sumergirse cada víspera de Shabat suelen mantener dicha práctica también antes de Shabat Jazón, procurando reducir al mínimo los aspectos recreativos del baño.

El corte de uñas

La cuestión del corte de uñas constituye uno de los ejemplos clásicos de diversidad entre los comentaristas.

Algunas autoridades desaconsejan cortarlas durante la semana de Tishá beAv por analogía con otras prácticas de duelo.

Otras permiten hacerlo cuando resulta necesario por razones de higiene o en honor del Shabat.

La práctica ampliamente aceptada consiste en permitir el corte de uñas el viernes cuando ello forma parte de la preparación habitual para recibir el Shabat.

El consumo de carne y vino

La abstención de carne y vino constituye una de las costumbres más representativas de los Nueve Días.

Su fundamento radica en que ambos elementos ocupaban un lugar central en el servicio del Templo:

- la carne procedía de los sacrificios;
- el vino acompañaba las libaciones (nesajim).

Al cesar el culto sacrificial con la destrucción del Santuario, los Sabios establecieron que la disminución voluntaria de estos alimentos recordara la pérdida del servicio divino.

El Shulján Aruj codifica esta práctica en Oraj Jaim 551:9.

La costumbre comprende:

- carne vacuna;
- carne ovina;
- carne de aves;
- vino;
- jugo de uva.

En cambio, el pescado permanece permitido, ya que nunca formó parte de los sacrificios del Templo.

Excepciones al consumo de carne

La Halajá reconoce diversas circunstancias en las cuales la abstención deja de aplicarse.

Entre ellas:

Enfermos

Toda persona cuya salud requiera una alimentación específica puede consumir carne.

Esta autorización incluye a enfermos leves cuando la recuperación pueda verse afectada por la restricción alimentaria.

Mujeres embarazadas y lactantes

Cuando exista necesidad médica o nutricional, pueden consumir carne sin inconveniente.

Niños

Los niños pequeños no participan plenamente de estas costumbres de duelo.

Las autoridades permiten proporcionarles carne cuando ello favorezca su adecuado desarrollo.

Las comidas de mitzvá (Seudot Mitzvá)

La alegría derivada del cumplimiento de una mitzvá posee un carácter distinto del disfrute ordinario.

Por ello, el consumo de carne y vino permanece permitido en celebraciones tales como:

- Brit Milá;
- Pidión HaBen;
- Siyum de un tratado talmúdico;
- algunas comidas relacionadas con matrimonios celebrados antes del inicio de las restricciones.

No obstante, los comentaristas limitan la participación a quienes guardan una relación razonable con la celebración, evitando convertir estas excepciones en oportunidades para eludir las costumbres de duelo.

La Havdalá durante los Nueve Días

La ceremonia de Havdalá requiere vino o jugo de uva.

El Rema señala que, cuando resulta posible, el vino debe ser bebido por un niño que tenga edad suficiente para comprender la bendición, pero que aún no haya alcanzado la edad de educarse en el ayuno de Tishá beAv (Oraj Jaim 551:10).

Si no hay un niño presente, quien recita la Havdalá bebe el vino normalmente.

Las autoridades sefardíes, siguiendo el Shulján Aruj, también permiten beber el vino de la Havdalá, pues el cumplimiento de la mitzvá prevalece sobre la costumbre de abstenerse de esta bebida.

El sentido espiritual de los Nueve Días

Los Nueve Días constituyen la culminación del proceso iniciado el 17 de Tamuz.

Las restricciones materiales —la ropa, el baño, la alimentación y las celebraciones— no buscan mortificar el cuerpo ni rechazar los bienes del mundo. Su finalidad consiste en hacer visible, incluso en los aspectos más cotidianos de la existencia, la ausencia del Santuario y la necesidad de su restauración espiritual.

El Maharal de Praga explica que el duelo judío no permanece orientado hacia el pasado, sino hacia el futuro. Precisamente porque Jerusalén posee un destino eterno, su destrucción nunca constituye la última palabra de la historia. El recuerdo del Templo alimenta la esperanza de su reconstrucción y motiva al individuo a participar, mediante la Torá, las mitzvot y la rectificación moral, en la preparación de la redención futura (Nétzaj Israel, caps. 24–26).

Así, al disminuir voluntariamente determinados aspectos de la comodidad cotidiana, el judío recuerda que la plenitud de la alegría solo será posible cuando la Presencia Divina vuelva a manifestarse plenamente en Sión, conforme a la promesa de los profetas.

Shabat Jazón: el Shabat de la Visión

El Shabat inmediatamente anterior a Tishá beAv recibe el nombre de Shabat Jazón, debido a que la Haftará comienza con las palabras:

««Visión (Jazón) de Isaías, hijo de Amotz…» (Isaías 1:1).»

Esta profecía constituye una de las más severas amonestaciones dirigidas al pueblo de Israel. El profeta denuncia la corrupción moral, la injusticia social y el formalismo religioso, recordando que el culto carece de valor cuando no va acompañado de justicia y fidelidad al pacto (Isaías 1:10–17).

No obstante, a pesar del contenido de la Haftará, el día conserva plenamente la santidad y la alegría propias del Shabat. La Halajá establece el principio de que el duelo público no puede manifestarse durante el día de descanso, pues el Shabat mismo es denominado «delicia» (oneg) y «gloria» (kavod) (Isaías 58:13; Talmud Bavlí, Shabat 113a).

Por ello, durante Shabat Jazón:

- se visten las mejores ropas de Shabat;
- se preparan comidas festivas;
- se consume carne y vino;
- se entonan los cánticos habituales del día;
- no se manifiestan públicamente signos de duelo.

Diversos maestros jasídicos, entre ellos Rabí Leví Yitzjak de Berditchev, interpretaron simbólicamente el nombre Jazón afirmando que, en este Shabat, cada alma recibe una visión espiritual del Tercer Templo. Aunque esta interpretación pertenece al ámbito homilético y no constituye una enseñanza halájica, expresa la convicción de que incluso en medio del duelo subsiste la promesa de la futura redención.

La víspera de Tishá beAv

La tarde del 8 de Av marca la transición entre las restricciones de los Nueve Días y el duelo absoluto de Tishá beAv.

Las autoridades distinguen entre la mayor parte del día, en la que aún rigen las normas de los Nueve Días, y las horas inmediatamente anteriores al comienzo del ayuno, cuando se celebra la Seudá haMafséket (la comida de interrupción).

La Seudá haMafséket

La Seudá haMafséket constituye la última comida antes del ayuno y posee un profundo simbolismo de duelo.

El Shulján Aruj (Oraj Jaim 552) establece varias normas específicas para esta comida.

Un solo alimento cocinado

Se acostumbra consumir únicamente un alimento cocinado.

La finalidad de esta limitación es reducir el carácter festivo de la comida y diferenciarla claramente de una comida ordinaria.

Los alimentos crudos —como frutas y verduras— pueden añadirse sin modificar este principio.

El huevo duro

Existe una antigua costumbre de comer un huevo cocido.

Su forma redonda simboliza el ciclo permanente de la vida y el duelo, así como la esperanza de que el sufrimiento no constituye una realidad definitiva.

En muchas comunidades se acostumbra mojar el huevo en ceniza, recordando las palabras del salmista:

««Porque he comido ceniza como pan…» (Salmos 102:10).»

La ceniza representa el estado de humillación nacional y el recuerdo de la destrucción del Santuario.

Sentarse en el suelo

Tradicionalmente la comida se consume sentado en el suelo o sobre un asiento inferior a tres tefajim (aproximadamente 24–30 cm, según las distintas opiniones halájicas).

Esta práctica reproduce externamente la actitud del doliente y prepara espiritualmente para el ayuno.

El Zimún

Normalmente, cuando tres hombres comen juntos, recitan el Zimún antes del Birkat HaMazón.

Sin embargo, durante la Seudá haMafséket se procura evitar esta obligación.

Por ello, tres personas no deben sentarse deliberadamente a comer juntas con la intención de formar un grupo, sino hacerlo por separado, preservando así el carácter individual e introspectivo de la comida.

El comienzo del ayuno

Las prohibiciones de Tishá beAv entran en vigor con la puesta del sol (sheki'at hajamá), salvo cuando el ayuno comienza inmediatamente después de Shabat.

Desde ese momento se aplican las cinco aflicciones establecidas por la Halajá, similares a las observadas en Yom Kipur, aunque con diferencias importantes en su significado.

Las cinco aflicciones

El Talmud establece que en Tishá beAv se observan cinco privaciones (Ta'anit 30a):

1. Comer y beber

La prohibición de ingerir alimentos o bebidas dura desde el comienzo del ayuno hasta la noche siguiente.

Como en todos los ayunos, la preservación de la vida (pikuaj nefesh) prevalece sobre la obligación de ayunar.

En consecuencia:

- los enfermos para quienes el ayuno represente un riesgo están exentos;
- las indicaciones médicas prevalecen sobre la observancia del ayuno;
- toda duda razonable respecto al peligro para la salud debe resolverse con la máxima prudencia.

2. Lavarse

Se prohíbe el lavado del cuerpo con fines de comodidad.

No obstante, permanecen permitidos:

- el lavado necesario para eliminar suciedad;
- el lavado por razones médicas;
- el lavado ritual obligatorio;
- el lavado de manos al salir del baño (limitado hasta los nudillos, según la costumbre).

3. Untarse con aceites o cosméticos

La aplicación de aceites, cremas o perfumes con finalidad de placer queda prohibida.

Sin embargo, el uso de medicamentos tópicos o cremas prescritas por razones médicas permanece permitido.



Se prohíbe utilizar zapatos confeccionados total o parcialmente en cuero.

Actualmente la mayoría de las comunidades emplean calzado de tela, goma o materiales sintéticos.

El fundamento de esta práctica radica en que el calzado de cuero simbolizaba históricamente comodidad y prestigio social.

5. Relaciones conyugales

Las relaciones matrimoniales permanecen prohibidas durante Tishá beAv, del mismo modo que en Yom Kipur.

Asimismo, los esposos observan las normas habituales de distanciamiento físico propias de otros períodos de abstención establecidos por la Halajá.

La lectura del Libro de las Lamentaciones

Después de la oración de Maariv se lee públicamente la Meguilat Eijá.

Tradicionalmente la sinagoga permanece tenuemente iluminada y los presentes se sientan en el suelo o en bancos bajos.

El tono de la lectura es pausado y solemne, reflejando el carácter elegíaco del libro.

Atribuido tradicionalmente al profeta Jeremías, Eijá constituye una de las expresiones literarias más profundas del sufrimiento nacional de Israel.

Las Kinot

Durante la mañana de Tishá beAv se recitan las Kinot, composiciones poéticas de duelo elaboradas por autores de distintas épocas.

Estas elegías recuerdan:

- la destrucción del Primer Templo;
- la destrucción del Segundo Templo;
- las Cruzadas;
- las persecuciones medievales;
- otras tragedias sufridas por el pueblo judío.

Muchas comunidades incorporaron también composiciones relativas a expulsiones, pogromos y acontecimientos posteriores de la historia judía.

Las restricciones al estudio de la Torá

Los Sabios enseñaron:

««Los preceptos del Señor alegran el corazón.» (Salmos 19:9).»

Precisamente por ello, el estudio ordinario de la Torá queda restringido durante Tishá beAv (Talmud Bavlí, Ta'anit 30a).

No obstante, se permite estudiar aquellos textos relacionados con el propio tema del duelo.

Entre ellos:

- el Libro de las Lamentaciones;
- el Libro de Job;
- las leyes del duelo;
- los pasajes talmúdicos sobre la destrucción del Templo (especialmente Guitín 55b–58a);
- las profecías de reprensión de Jeremías.

La finalidad de esta excepción consiste en mantener el estudio orientado hacia el significado espiritual del día.

El trabajo y las actividades cotidianas

Aunque técnicamente no existe una prohibición absoluta de trabajar, las autoridades halájicas desaconsejan realizar actividades comerciales o profesionales que distraigan del espíritu del ayuno.

El Shulján Aruj señala que quien se abstiene de trabajar durante Tishá beAv será bendecido por ello (Oraj Jaim 554).

En la práctica, muchas comunidades reducen las actividades laborales al mínimo indispensable.

El saludo entre las personas

Las manifestaciones habituales de cortesía también se modifican.

Se evita intercambiar saludos festivos o expresiones excesivamente alegres.

Cuando otra persona saluda primero, se responde con educación pero de manera sobria, preservando el carácter del día.

El mediodía de Tishá beAv

Los Sabios enseñan que el incendio del Templo comenzó el 9 de Av, pero continuó consumiéndolo durante gran parte del día siguiente (Talmud Bavlí, Ta'anit 29a).

Por esa razón, algunas restricciones permanecen incluso después del mediodía, mientras que otras comienzan a suavizarse.

En numerosas comunidades:

- se levantan los bancos bajos;
- puede volver a utilizarse una silla normal;
- se colocan nuevamente el talit y los tefilín durante la oración de Minjá, pues representan la esperanza de la futura restauración.

Cuando Tishá beAv cae en domingo

Si el ayuno coincide con domingo, el día anterior es Shabat.

En tal caso:

- todo el Shabat se desarrolla normalmente;
- se come carne y se bebe vino;
- no se realizan manifestaciones públicas de duelo;
- la tercera comida de Shabat constituye también la Seudá haMafséket.

Al concluir Shabat, antes de realizar cualquier trabajo o quitarse el calzado de cuero, se dice:

««Baruj haMavdil bein kódesh lejol.»»

Posteriormente comienzan plenamente las restricciones del ayuno.

La bendición sobre el fuego (Boré Meoré haEsh) se recita al comenzar Tishá beAv, mientras que la bendición sobre el vino de la Havdalá se pospone hasta la finalización del ayuno, conforme a la normativa establecida por el Shulján Aruj (Oraj Jaim 556).

Del duelo a la esperanza

Tishá beAv representa el punto culminante del duelo nacional, pero también marca el comienzo del camino hacia la consolación.

Inmediatamente después del ayuno se inicia el ciclo de las Siete Haftarot de Consolación (Shivá deNejemta), todas ellas tomadas del libro de Isaías. Este orden litúrgico refleja una profunda enseñanza teológica: el judaísmo nunca considera el duelo como un estado permanente. La memoria de la destrucción tiene por finalidad conducir al arrepentimiento, fortalecer la esperanza y preparar el corazón para la redención futura.

Como enseñaron los Sabios:

««Todo el que se lamenta por Jerusalén tendrá el mérito de contemplar su reconstrucción y su alegría.» (Talmud Bavlí, Ta'anit 30b).»

De esta manera, el ayuno no concluye con la desesperanza, sino con la certeza de que la historia de Israel se orienta hacia la restauración de Sión y la manifestación plena de la Presencia Divina.

Uno de los aspectos más importantes para comprender las leyes de Bein haMetzarim consiste en reconocer que la Halajá no evolucionó de manera uniforme en todas las comunidades judías. Aunque los principios fundamentales son comunes, la forma concreta en que se expresan las prácticas de duelo refleja la historia y las costumbres de las distintas diásporas.

En términos generales, las comunidades sefardíes siguen como autoridad normativa principal el Shulján Aruj de Rabí Yosef Caro (1488–1575), mientras que las comunidades asquenazíes siguen el Shulján Aruj junto con las glosas del Rema (Rabí Moshé Isserles, 1520–1572), quien incorporó las costumbres desarrolladas en Europa central y oriental.

No debe entenderse esta diferencia como la existencia de dos Halajot distintas, sino como la aplicación de un mismo sistema jurídico a tradiciones comunitarias diferentes. La coexistencia de estos minhagim constituye una expresión de la riqueza interna del judaísmo normativo.

Las divergencias más relevantes pueden resumirse de la siguiente manera:



Debe señalarse que incluso dentro del mundo sefardí existen diferencias entre las costumbres de las comunidades de Siria, Marruecos, Turquía, los Balcanes, Irak, Yemen y el Norte de África. Del mismo modo, las comunidades asquenazíes presentan variantes locales recogidas por obras como el Aruj HaShulján, el Mishná Berurá y otros compendios halájicos.

Una práctica especialmente recomendada por numerosas autoridades consiste en dedicar parte del estudio diario a las leyes del Beit HaMikdash.

El fundamento de esta costumbre se encuentra en la profecía de Ezequiel:

«Describe el Templo a la casa de Israel... para que se avergüencen de sus iniquidades y estudien su diseño» (Ezequiel 43:10–11).

El Midrash interpreta que Dios respondió al profeta cuando este preguntó cómo podía enseñar las leyes del Santuario mientras Israel permanecía en el exilio:

«El estudio de las leyes del Templo equivale, para Mí, a su construcción.»

Sobre esta base, muchas comunidades estudian durante estas semanas:

  • la Mishná Midot;
  • las leyes del Templo en el Mishné Torá (Hiljot Beit HaBejirah);
  • los capítulos correspondientes del Tratado Tamid;
  • diversos pasajes del Tratado Yomá.

Esta práctica recibió un notable impulso en la enseñanza del Rebe Menajem Mendel Schneerson, quien exhortó repetidamente a incrementar el estudio del Templo durante Bein haMetzarim como preparación espiritual para la futura redención.

Entre todas las explicaciones clásicas acerca del sentido de los ayunos públicos, la del Rambam ocupa un lugar central.

En Hiljot Ta'aniot (5:1), Maimónides enseña que el objetivo de los ayunos consiste en despertar el corazón al arrepentimiento. Las tragedias históricas no deben contemplarse como acontecimientos aislados del pasado, sino como advertencias permanentes que invitan a examinar la conducta presente.

Esta perspectiva evita dos extremos igualmente problemáticos.

Por una parte, impide reducir el duelo a una simple conmemoración histórica desprovista de consecuencias éticas. Por otra, evita interpretar el sufrimiento como un castigo arbitrario, subrayando la responsabilidad moral del ser humano y la posibilidad constante de transformación mediante la teshuvá.

El Maharal de Praga, en su obra Nétzaj Israel, desarrolla una profunda reflexión filosófica sobre la destrucción del Templo.

A su juicio, la destrucción no representa el fracaso definitivo del proyecto divino, sino una etapa dentro de la historia de Israel. Así como una semilla debe descomponerse antes de dar origen a una nueva vida, también la desaparición del Santuario prepara las condiciones para una manifestación futura más elevada de la Presencia Divina.

Desde esta perspectiva, el duelo judío nunca constituye una expresión de desesperanza. La destrucción y la redención forman parte de un mismo proceso histórico dirigido por la Providencia.

Una de las enseñanzas más influyentes de la literatura rabínica posterior aparece en el Nefesh HaJaim de Rabí Jaim de Volozhin.

El autor sostiene que el Santuario terrenal refleja una realidad espiritual superior. Las acciones humanas fortalecen o debilitan esa realidad, de modo que la reconstrucción del Templo comienza en el interior del individuo.

La santidad del Beit HaMikdash no depende únicamente de un edificio, sino de la relación entre Dios e Israel. Cada mitzvá, cada acto de justicia y cada estudio de la Torá contribuyen a restaurar ese vínculo.

Esta concepción complementa la enseñanza del Rambam: el duelo no concluye con el recuerdo del pasado, sino que impulsa una renovación ética y espiritual en el presente.

Las autoridades rabínicas coinciden en señalar que las restricciones de Bein haMetzarim deben ir acompañadas de un incremento positivo en tres ámbitos fundamentales.

Teshuvá

El examen de conciencia ocupa un lugar central durante estas semanas. La destrucción del Templo recuerda las consecuencias de la idolatría, la injusticia social y el odio gratuito (sinat jinam), causas señaladas por el Talmud para explicar la caída del Segundo Templo (Talmud Bavlí, Yomá 9b).

Estudio de la Torá

El incremento del estudio constituye una respuesta concreta a la pérdida del Santuario. La Torá mantiene viva la alianza entre Dios e Israel incluso en ausencia del Templo.

Tzedaká

El profeta Isaías declara:

«Sión será redimida mediante la justicia, y quienes retornen a ella mediante la rectitud» (Isaías 1:27).

Por ello, numerosas comunidades acostumbran aumentar las obras de caridad durante estas semanas, entendiendo que la reparación social constituye una condición indispensable para la futura redención.

Aunque las prácticas descritas pertenecen específicamente a la tradición judía, los profetas presentan a Jerusalén como un símbolo cuyo significado trasciende al propio pueblo de Israel.

Isaías anuncia un tiempo en el que todas las naciones acudirán al monte del Señor para aprender Sus caminos (Isaías 2:2–4).

En consecuencia, el duelo por Jerusalén no expresa únicamente la nostalgia por un pasado perdido. Representa también la esperanza de una humanidad reconciliada bajo los principios de justicia, paz y conocimiento de Dios.

Las Tres Semanas constituyen uno de los períodos espirituales más profundos del calendario hebreo. A través de una progresión cuidadosamente estructurada, la Halajá conduce al individuo desde el recuerdo histórico hacia la introspección personal, y desde el duelo hacia la esperanza.

Las restricciones relativas a la música, las celebraciones, la alimentación o la vestimenta no tienen como finalidad negar la bondad de la creación ni promover una espiritualidad basada en la tristeza. Su propósito consiste en recordar que la alegría plena permanece incompleta mientras la Presencia Divina no se manifieste nuevamente en Sión.

Como enseñaron los Sabios:

«Todo aquel que se lamenta por Jerusalén tendrá el mérito de contemplar su alegría» (Talmud Bavlí, Ta'anit 30b).

Esta afirmación resume la esencia de Bein haMetzarim. El judaísmo no convierte el duelo en un estado permanente, sino en un camino hacia la restauración. Recordar la destrucción significa asumir la responsabilidad de construir, mediante la Torá, las mitzvot y la justicia, las condiciones espirituales para la redención futura.

En palabras del profeta Zacarías, los ayunos asociados con la destrucción del Templo serán transformados, en la era mesiánica, «en días de gozo, alegría y festividad para la casa de Judá» (Zacarías 8:19). La memoria del dolor, lejos de ser el final de la historia, se convierte así en el fundamento de la esperanza.