20 de julio de 2026

Ein Sof, Sovev Kol Almín y Memalé Kol Almín: La Dialéctica entre la Trascendencia y la Inmanencia de la Luz Divina en la Tradición Rabínica

Birshui Morai VeRabotai 

Introducción

Uno de los mayores desafíos de la teología judía consiste en comprender cómo el Di-s infinito puede relacionarse con un universo finito sin que Su absoluta unidad se vea comprometida. 

El Tanak declara simultáneamente:

«¿Acaso es verdad que Dios habitará sobre la tierra? He aquí que los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte» (I Reyes 8:27).

Pero también proclama:

«Toda la tierra está llena de Su gloria» (Isaías 6:3).

A primera vista, ambos versículos parecen contradictorios. Si el Creador trasciende incluso los cielos, ¿cómo puede llenar toda la tierra? Y si Su presencia llena absolutamente toda la creación, ¿en qué sentido puede afirmarse que ninguna realidad es capaz de contenerlo?

La literatura rabínica, desarrollada posteriormente por la tradición de la Kabbalah, ofrece una respuesta mediante tres conceptos fundamentales: 

Ein Sof (אין סוף), 
Sovev Kol Almín (סובב כל עלמין) y 
Memalé Kol Almín (ממלא כל עלמין). 

Estos términos no describen tres aspectos distintos de D-os, Jas veshalom -idea incompatible con el monoteísmo absoluto del judaísmo-, sino tres modos en que la única Luz Divina es percibida por la creación.

Desde la perspectiva del Creador no existe diferencia alguna; Su unidad permanece absolutamente simple. Toda distinción pertenece únicamente al ámbito de los recipientes (kelim), es decir, a la capacidad limitada de los seres creados para recibir la revelación divina.

Como enseñan el Arizal, el Ramjal, Rabí Jaim de Volozhin y el Baal HaSulam, la creación no implica un cambio en Dios, sino un cambio en la manera en que Su Luz es revelada.

«אין שום שינוי באור העליון אלא בכלים בלבד.»

"No existe ningún cambio en la Luz Superior; todo cambio ocurre únicamente en los recipientes."

— Baal HaSulam, Talmud Eser Sefirot, Parte I, Histaklut Pnimit, cap. 1.


I. Ein Sof: La Infinitud Absoluta

El término Ein Sof (אין סוף) significa literalmente «Sin Fin». No constituye uno de los nombres revelados de HaShem en el Tanaj, sino una expresión adoptada por los cabalistas para designar aquello que trasciende completamente toda definición, todo atributo y toda limitación.
Antes de cualquier acto creador no existía tiempo, espacio, materia, causalidad ni posibilidad alguna de distinguir entre criaturas y Creador. Existía únicamente la Or Ein Sof, la Luz Infinita.

El Zohar declara:

«Ningún pensamiento puede aprehenderlo en absoluto.»
(Zohar I, 17a).

Esta afirmación no expresa una limitación del intelecto humano únicamente, sino de toda inteligencia creada. Ningún ser finito puede abarcar aquello que carece absolutamente de límites.

La palabra Or (אור), "Luz", constituye una metáfora. No describe una luz física, sino aquello que revela sin disminuirse. Así como una fuente luminosa puede iluminar incontables objetos sin dividirse ni agotarse, la Luz Divina comunica existencia sin sufrir modificación alguna.

Sin embargo, incluso esta comparación resulta insuficiente, pues toda analogía pertenece al mundo creado, mientras que el Ein Sof permanece infinitamente por encima de cualquier concepto.

II. La Voluntad Divina Ilimitada y la Voluntad Divina Medida

Toda la estructura de la creación nace de un único principio: la voluntad de HaShem (Ratzón).
Sin embargo, la tradición cabalística distingue entre dos modos de manifestación de esa voluntad.

No se trata de dos voluntades diferentes —lo cual sería incompatible con la absoluta unidad divina—, sino de dos maneras en que la única voluntad eterna se revela.

Antes del Tzimtzum, la voluntad divina se manifiesta como una Voluntad Ilimitada, inseparable de la Or Ein Sof.

En ese estado no existen límites, grados ni diferenciaciones. No puede hablarse todavía de mundos, de Sefirot ni de criaturas, porque la revelación infinita no admite división alguna.

La finalidad de la creación, sin embargo, consistía en permitir que seres limitados pudieran conocer a su Creador según su capacidad.

Para ello fue necesario el Tzimtzum (צמצום).

El Tzimtzum no significa —Di-s libre— que Dios abandonara algún lugar del universo.

Como afirma el profeta Jeremías:

«¿Acaso no lleno Yo los cielos y la tierra?» (Jeremías 23:24).

El ocultamiento pertenece únicamente a la percepción de la creación.

La Luz permanece presente, pero deja de manifestarse con la intensidad infinita propia del Ein Sof.

Es precisamente después del Tzimtzum cuando la voluntad divina comienza a revelarse mediante una medida.

Esta manifestación es conocida como la Voluntad Divina Limitada o Voluntad Medida, no porque la voluntad haya cambiado, sino porque acepta expresarse conforme a la capacidad de los recipientes creados.

Es aquí donde aparecen las Diez Sefirot.

Las Sefirot no son partes de Dios.

Tampoco son intermediarios independientes.
Son los modos mediante los cuales la única voluntad divina organiza, sostiene y gobierna la creación.

En otras palabras, la Voluntad Ilimitada pertenece al ámbito del Ein Sof; la Voluntad Medida pertenece al ámbito de las Sefirot, donde la revelación se adapta a cada mundo y a cada criatura.

III. El Tzimtzum: El ocultamiento que hace posible la creación

Si la Luz Infinita llenaba absolutamente toda realidad, surge inmediatamente una pregunta:

¿Cómo puede existir algo distinto del Infinito?

El Arizal responde mediante el concepto de Tzimtzum.

El Tzimtzum no consiste en una retirada espacial de Dios.

El infinito no puede desplazarse ni ausentarse.
Se trata, más bien, de un ocultamiento de Su revelación.

Rabí Jaim de Volozhin explica en Nefesh HaJaim que no existe lugar alguno vacío de Dios.

Lo único que cambia es el modo en que la creación percibe Su presencia.

El Baal HaTania desarrolla esta misma idea al afirmar que todo ocultamiento pertenece exclusivamente a la perspectiva de los mundos.
Desde la perspectiva divina nada cambia.
Gracias al Tzimtzum puede existir una creación capaz de experimentar individualidad, libertad moral y crecimiento espiritual.

Sin ese ocultamiento, toda existencia quedaría completamente anulada dentro de la infinita revelación del Ein Sof.

IV. Sovev Kol Almín: La Luz que Rodea Todos los Mundos

Después del Tzimtzum, la tradición cabalística distingue una forma de revelación denominada Sovev Kol Almín (סובב כל עלמין).

La expresión significa literalmente:

«La Luz que rodea todos los mundos.»

El verbo "rodear" no debe entenderse espacialmente.

Dios no se encuentra "fuera" del universo.

En espiritualidad no existen arriba, abajo, dentro ni fuera.

Como explica el Tania, "rodear" significa trascender completamente la capacidad receptiva de las criaturas.

La luz está presente.

Pero no puede ser interiorizada.

Sovev Kol Almín expresa precisamente la Voluntad Divina Ilimitada manifestándose después del Tzimtzum como una realidad que trasciende toda posibilidad de comprensión.

Todos los mundos son igualmente incapaces de contener esa revelación.

Desde la perspectiva del Ein Sof no existe diferencia entre un átomo y la totalidad del universo.

Ambos permanecen infinitamente pequeños frente al Infinito.

Por ello puede entenderse el versículo:

«Los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte.»

Incluso las realidades espirituales más elevadas resultan incapaces de abarcar la inmensidad de la Luz Divina.

V. Memalé Kol Almín: La Luz que Llena Todos los Mundos

En contraste aparece el concepto de Memalé Kol Almín (ממלא כל עלמין).

Literalmente significa:

«La Luz que llena todos los mundos.»

Aquí la revelación divina ya no aparece como trascendente, sino como interior.

Es la Luz Pnimí, la Luz Interna.

Esta corresponde a la Voluntad Divina Medida, aquella que se reviste dentro de las Sefirot y se adapta perfectamente a la capacidad espiritual de cada criatura.

Cada mundo recibe exactamente la cantidad de revelación que puede contener.

Ni más.
Ni menos.

El Midrash afirma:

«No existe una brizna de hierba que no tenga un ángel que le diga: Crece.»

Toda la creación recibe continuamente su vitalidad desde esta dimensión interior de la Luz.

El Baal HaTania relaciona este principio con las palabras de Nehemías:

«Tú das vida a todos ellos.» (Nehemías 9:6).

La creación no ocurrió únicamente en el pasado.
Cada instante constituye un nuevo acto de voluntad divina.

Si Memalé Kol Almín dejara de vivificar la creación siquiera por un instante, toda existencia regresaría inmediatamente a la nada absoluta.

La tríada formada por Ein Sof, Sovev Kol Almín y Memalé Kol Almín constituye uno de los pilares más profundos de la metafísica rabínica y cabalística. No describe diferentes aspectos de Dios, sino distintas formas en que la única Luz Infinita es percibida por la creación.

El Ein Sof expresa la infinitud absoluta de HaShem, cuya Voluntad Divina Ilimitada trasciende toda definición y todo límite. Mediante el Tzimtzum, esa revelación infinita se oculta sin desaparecer, haciendo posible la existencia de seres finitos.
La misma Voluntad eterna se manifiesta entonces de dos maneras complementarias. Como Sovev Kol Almín, permanece trascendente, rodeando todos los mundos sin ser contenida por ellos, de modo que ni "los cielos ni los cielos de los cielos" pueden abarcarla. Como Memalé Kol Almín, se reviste en las Sefirot y actúa como la Voluntad Divina Medida, llenando cada mundo y cada criatura con la porción exacta de vida y revelación que puede recibir.
Lejos de ser una contradicción, estas dos manifestaciones revelan la profundidad del monoteísmo judío: el mismo Di-s que trasciende infinitamente toda la creación es quien la sostiene a cada instante desde su interior. Así, los versículos «los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte» y «toda la tierra está llena de Su gloria» no expresan dos realidades distintas, sino el misterio de una única Luz que, siendo infinita e inabarcable, se digna revelarse de manera proporcionada para que el ser humano pueda conocerla, adherirse a ella (devekut) y cumplir el propósito para el cual fue creado.

Mordejai Yosef Douek 

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