4 de julio de 2026

El Beso de HaShem: "Al Pi HaShem", una Derashá.

Hace unos días comence a escribir un articulo titulado "Sobre el Beso de HaShem, una derashá" que es más bien una reedicion de uno más antiguo en este blog. Casualmente uso la palabra "dereshá" y hace unas horas alguien afirmó que una persona "como yo" no podía decir una "derashá".

No responderé a esa afirmación con negaciones, porque la Torá nunca ha necesitado que sus defensores recurran a esto. Prefiero responder con una reflexión.

Antes que nada, conviene preguntarnos: ¿qué es una derashá?

Una derashá no es una nueva revelación. No es una profecía. No es un fallo halájico. Tampoco pretende sustituir la autoridad de los grandes maestros de Israel. Es una disertación, enseñanza o sermón sobre un pasaje de la Torá, el Tanaj  o un tema de la tradición judía, cuyo propósito es extraer enseñanzas espirituales, éticas, halájicas o filosóficas para la vida.

Una derashá consiste en estudiar atentamente la Torá, escuchar la voz de nuestros Sabios, reunir las enseñanzas del Midrash, del Talmud, de los comentaristas y de la tradición de Israel, y compartir una reflexión que acerque al lector al servicio del Santo, bendito sea Él.

En síntesis, una derashá es el arte de revelar la dimensión viva de la Torá, conectando el texto sagrado con la realidad del ser humano y orientándolo hacia el crecimiento espiritual y moral.

Si es así la definición, este blog está lleno de derashot. Y ha sido siempre mi intención. Nunca me he presentado como rabino. Nunca he pretendido innovar en la halajá. Nunca he buscado reemplazar la voz de quienes dedicaron su vida al estudio.

Muy por el contrario, cada artículo que escribo procura apoyarse en las fuentes tradicionales, citarlas con respeto y distinguir cuidadosamente entre aquello que pertenece a la tradición y aquello que constituye una reflexión personal.

Ésa es una diferencia fundamental.

La Torá pertenece al pueblo de Israel.

Preciso hoy el Rabino de la comunidad nos recordó que nuestros Sabios enseñaron que «la Torá es herencia de la congregación de Yaakov» (Devarim 33:4). Una herencia  no es propiedad exclusiva de una élite; es un legado que cada generación recibe con responsabilidad y reverencia.

Por supuesto, no todos estamos llamados a ocupar el mismo lugar.

1. Existe una enorme diferencia entre enseñar una reflexión basada en las fuentes y emitir una decisión halájica.

2. Existe una enorme diferencia entre compartir un estudio y arrogarse una autoridad que uno no posee.

Confundir ambas cosas empobrece el estudio de la Torá.

A lo largo de la historia encontramos incontables judíos que, sin ejercer un cargo rabínico, escribieron comentarios, poesía litúrgica, obras de pensamiento, estudios bíblicos y reflexiones que enriquecieron la vida espiritual de sus comunidades.

Lo que dio valor a sus escritos no fue un título.

Fue la seriedad con la que estudiaron, la honestidad intelectual con la que citaron sus fuentes y la humildad con la que reconocieron los límites de su conocimiento.

Desde hace casi veinte años mantengo este blog. En ese tiempo he dedicado miles de horas al estudio de la Torá, del Midrash, del Talmud, del Maharal, del Ramjal, del jasidismo y de la Kabbalah desde fuentes serias. He revisado, corregido y, en muchas ocasiones, reescrito artículos antiguos porque considero que el estudio exige una mejora constante.

Aunque tenga ciertas cualificaciones para escribir, no escribo porque crea haber llegado al final. Escribo precisamente porque sigo caminando.

Y quien estudia de verdad sabe que nunca deja de ser un discípulo.

Si alguna reflexión mía ayuda a que una persona ame más la Torá, estudie una fuente que antes desconocía o descubra una nueva dimensión de una parashá, entonces el propósito del artículo ya se ha cumplido.

Porque la Torá tiene una cualidad extraordinaria: con el tiempo revela qué palabras nacieron del ego y cuáles nacieron del deseo sincero de servir a HaShem.

Por eso seguiré escribiendo. No para demostrar que puedo. Sino porque amo la Torá.

Y mientras el Santo, bendito sea Él, me conceda entendimiento para estudiar y humildad para seguir aprendiendo, continuaré compartiendo aquello que, con temor reverente y profundo respeto por nuestros Sabios, vaya descubriendo en ese estudio.

Que el lector juzgue mis palabras, no por el nombre de quien las escribe, sino por su fidelidad a las fuentes, por la honestidad con lTga que están elaboradas y, sobre todo, por si lo acercan un poco más al amor de HaShem y de Su Torá.

Vamos hacia el artículo...

 El Beso de HaShem: "Al Pi HaShem", una Derashá.

"Y murió allí Moshé, siervo de HaShem, en la tierra de Moav, al pi HaShem(Devarim 34:5)

La Torá está llena de expresiones que, a primera vista, parecen simplemente descriptivas. Sin embargo, cuando los Sabios las examinan con detenimiento, descubren en ellas mundos enteros de significado. Una de esas expresiones es עַל־פִּי ה' (al pi HaShem).

Habitualmente se traduce como «por mandato de HaShem», «por orden de HaShem» o «conforme a la palabra de HaShem». Desde el punto de vista gramatical, la traducción es correcta, pues la expresión aparece en numerosos pasajes para indicar que una acción fue realizada en obediencia a la voluntad divina.

Pero el hebreo bíblico posee una riqueza que rara vez puede trasladarse completamente a otra lengua.

La expresión עַל־פִּי significa literalmente «sobre la boca de» o «por la boca de». Así, la frase עַל־פִּי ה' puede leerse, sin violentar el texto, como «sobre la Boca de HaShem».

Los Sabios comprendieron que la Torá jamás escoge una palabra al azar. Cuando un término admite dos lecturas igualmente válidas, ambas contienen una enseñanza.

Por ello, cuando la Torá relata la muerte de Aarón:

"Y murió allí Aarón... al pi HaShem." (Bamidbar 33:38).

Y más tarde describe la muerte de Moshé con exactamente la misma expresión:

"Y murió allí Moshé, siervo de HaShem... al pi HaShem." (Devarim 34:5).

Rashi, siguiendo la tradición del Midrash y del Talmud, hace un comentario tan breve como extraordinario:

"Esto enseña que murieron con un beso".

De una expresión que aparentemente significa "por orden de HaShem", nace una de las imágenes más sublimes de toda la tradición judía: la Mitat Neshiká, la muerte por el beso divino.

Pero inmediatamente surge una pregunta. 

¿Por qué la Torá utiliza precisamente la palabra «boca»? ¿Por qué no emplea otra expresión más sencilla para indicar que Moshé murió por decreto divino?

Y, sobre todo, ¿qué relación existe entre vivir obedeciendo la voluntad de HaShem y abandonar este mundo mediante un beso del Creador?

Responder estas preguntas nos llevará desde el sentido literal de la Torá hasta las profundidades del Midrash, el Talmud, el pensamiento del Maharal de Praga y la Kabalá.

Moshé: toda una vida "Al Pi HaShem"

Si existe un hombre cuya existencia puede resumirse mediante la expresión "Al Pi HaShem", ése es Moshé.

Desde la zarza ardiente hasta el monte Nebo, cada decisión de su vida fue tomada conforme a la Palabra divina.

No buscó liderazgo.
No buscó poder.
No buscó prestigio.

Incluso intentó rechazar la misión que HaShem le encomendaba.

Pero una vez que respondió al llamado divino, ya nunca volvió a caminar según su propia voluntad.

Cada palabra que enseñó.
Cada juicio que emitió.
Cada viaje.
Cada ascenso al Sinaí.
Cada intercesión por Israel.

Todo ocurrió Al Pi HaShem.

Por eso resulta profundamente significativo que la Torá describa también su muerte con esas mismas palabras. 

La muerte simplemente confirmó el modo en que había vivido. El último acto de Moshé fue coherente con toda su existencia.

Vivir "Al Pi HaShem"

¿Cuándo aparece la expresión al pi HaShem, por primera vez? Antes de aparecer asociada a la muerte de los grandes líderes de Israel, la expresión al pi HaShem aparece repetidamente en un contexto completamente distinto: las jornadas del desierto.

La Torá declara una y otra vez:

"Al pi HaShem acampaban y al pi HaShem partían." (Bamidbar 9:18).

Y vuelve a repetirlo:

"Al pi HaShem acampaban y al pi HaShem viajaban." (Bamidbar 9:20, 23).

La repetición no es casual.

Durante cuarenta años, Israel jamás decidió por sí mismo cuándo debía avanzar o cuándo debía permanecer inmóvil.

A veces la nube permanecía un solo día; otras veces una semana; en ocasiones un mes. Incluso podía permanecer un año entero.

Humanamente parecía ilógico, quizá el terreno era incómodo. Tal vez el clima era adverso. Sin embargo, el pueblo no seguía su comodidad: Seguía la nube, y vivía según el ritmo marcado por el Creador.

Toda la existencia de Israel quedó organizada alrededor de una única realidad: aprender a depender completamente de HaShem.

Podemos imaginar el desafío espiritual que esto implicaba, porque el ser humano necesita planificar, y quiere controlar el mañana. 

Quiere a toda costa, saber cuánto durará el viaje, pero en el desierto no existía esa seguridad, y cada jornada exigía una entrega absoluta. Cada mañana podía traer una nueva partida o una larga espera.

Israel aprendió que la verdadera libertad no consiste en hacer siempre nuestra voluntad, sino en descubrir la paz que nace cuando aceptamos la voluntad de HaShem.

Quizá por eso la Torá insiste una y otra vez en la expresión al pi HaShem.

No dice simplemente que viajaban "por orden" de HaShem.

Dice que caminaban sobre Su Boca, como si cada paso respondiera al aliento mismo del Creador.

Antes de morir al pi HaShem, había que aprender a vivir al pi HaShem.

Y quizá ésta sea la primera gran enseñanza de nuestra derashá.

El beso final no aparece de improviso. Es la culminación de toda una vida caminando al ritmo de la Palabra divina.

El beso divino

Cuando Aarón llega al final de su misión, la Torá relata:

"Y subió Aarón al monte Hor... y murió allí, al pi HaShem." (Bamidbar 33:38).

Lo mismo sucede con Moshé al concluir los cuarenta años de travesía.

Respecto a Miriam, la Torá no utiliza esta expresión. Sin embargo, el Talmud enseña que también ella murió mediante el beso divino. Nuestros Sabios explican que la Torá omitió la frase únicamente por respeto y delicadeza, evitando asociar literalmente la expresión "la boca de HaShem" con una mujer. Eso lo aprendí hace dos semanas, de un comentario de la Torah llamado "La Voz de la Torah". 

De este modo, los tres grandes conductores del Éxodo abandonan este mundo mediante la misma forma de muerte: la Mitat Neshiká, el beso divino.

El Talmud describe este acontecimiento con una comparación inolvidable.

La separación del alma ocurre:

"Como quien extrae un cabello de un vaso de leche."

Sin violencia, sin desgarramiento, ni conflicto. Una separación tan delicada que apenas puede percibirse.

Mientras que la muerte ordinaria representa la ruptura entre cuerpo y alma, la muerte por beso expresa exactamente lo contrario: una unión tan intensa con el Creador que el regreso del alma a su Fuente ocurre con absoluta serenidad.

Los Sabios eligieron la imagen del beso porque el beso expresa cercanía, intimidad y amor.

No es un acto de poder, sino un acto de comunión.

El mismo aliento con el que HaShem insufló vida en Adam vuelve ahora a recibir el alma que Él mismo había entregado.

Así, el círculo queda completo: El aliento que descendió desde el Creador retorna nuevamente al Creador. Y no se trata de una derrota, se trata de un regreso.

El Maharal de Praga ofrece una perspectiva profundamente iluminadora sobre esta enseñanza.

Según su pensamiento, el ser humano es la unión de dos realidades completamente diferentes.

El cuerpo pertenece al mundo de la materia, al tiempo y al cambio.

La neshamá, en cambio, pertenece al mundo superior. Su origen no es la tierra, sino el aliento mismo del Creador.

Durante la vida ambas dimensiones permanecen unidas porque el hombre posee una misión que cumplir.

Pero una vez concluida esa misión, la separación entre cuerpo y alma no constituye una tragedia.

Es el retorno natural de aquello que siempre perteneció al mundo espiritual.

Por eso el Maharal entiende que la muerte de los justos no puede describirse mediante imágenes de violencia.

La Torá no habla de ruptura: Habla de un beso, solo porque un beso jamás expresa separación, sino cercanía, amor y la desaparición de toda distancia.

Desde esta perspectiva, la Mitat Neshiká no es simplemente una forma privilegiada de morir. Es el testimonio de una vida en la que el cuerpo dejó de ser un obstáculo para el alma.

El justo ha refinado tanto su existencia que la materia ya no ofrece resistencia al espíritu. Cuando llega el momento de partir, el alma no necesita ser arrancada del cuerpo. Sino que simplemente vuelve al lugar del que siempre procedió.

El beso de HaShem es, entonces, mucho más que una bella metáfora. Es la confirmación de que el destino último del ser humano no es la desaparición, sino el regreso.

Y ese regreso comienza mucho antes del último instante.

Comienza el día en que decidimos caminar, hablar, pensar y vivir al pi HaShem.

La boca, el aliento y la palabra

Hasta aquí hemos visto que la expresión "Al Pi HaShem" no describe únicamente un mandato divino. Los Sabios descubrieron en esas palabras una alusión al beso con el que el Creador recibe el alma de los justos.

Pero aún queda una pregunta por responder.

¿Por qué la Torá escoge precisamente la palabra "boca" (פֶּה, peh)?

Si únicamente quisiera indicar que algo ocurrió por voluntad de HaShem, podría haber empleado otras expresiones. Sin embargo, insiste en hablar de la "boca" de Dios.

En la Torá, ninguna palabra sobra. Cada término abre una puerta hacia un nivel más profundo de comprensión.

La boca: el lugar donde el invisible se hace visible

La boca ocupa un lugar singular en toda la Escritura. Es el punto donde lo interior se manifiesta hacia el exterior.

El pensamiento permanece oculto, pero la palabra lo revela. Del mismo modo, la voluntad divina, invisible para los ojos humanos, se hace perceptible por medio de Su Palabra.

La creación comenzó precisamente así.

"Y dijo Dios: Sea la luz. Y fue la luz." (Bereshit 1:3).

El universo no fue creado mediante esfuerzo físico.

Fue creado mediante la Palabra.

La palabra representa la transición entre el pensamiento y la realidad.

Por ello, cuando la Torá habla de la "Boca de HaShem", no debemos imaginar una boca física -Dios libre nos guarde de semejante idea-, sino la manifestación de Su voluntad creadora en el mundo.

Todo cuanto existe salió de esa Palabra. Y todo cuanto vive permanece sostenido por ella.

El aliento que da la vida

Existe otro pasaje fundamental.

Cuando la Torá describe la creación del hombre, afirma:

"Y HaShem Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida; y el hombre fue un ser viviente." (Bereshit 2:7).

Los Sabios observaron un detalle extraordinario: 

La luz fue creada mediante una orden. Los mares aparecieron mediante una orden.Los árboles crecieron mediante una orden.

Pero el hombre recibió algo distinto.

Recibió un soplo.

Onkelos traduce "nefesh jaiá" como "ruaj memalela", "un espíritu que habla".

No fue solamente la inteligencia lo que distinguió al ser humano.

Fue la capacidad de hablar.

La palabra humana refleja, de manera limitada, la Palabra divina. Por eso la boca ocupa un lugar tan central en el judaísmo.

Con ella estudiamos Torá. Con ella pronunciamos las bendiciones. Con ella oramos.Con ella consolamos. 

Con ella también, Dios no lo permita, podemos destruir, humillar y dividir.

La boca puede convertirse en un instrumento de creación o de destrucción. Quizá por eso el hombre fue creado mediante un soplo.

La boca recuerda constantemente el origen de nuestra vida.

El Zóhar y el misterio de los besos espirituales

El Zóhar lleva esta imagen todavía más lejos.

Para la Kabbalah, un beso (neshikín) no representa un contacto físico.

Representa la unión de dos alientos: Dos respiraciones que se encuentran. Dos espíritus que dejan de estar separados.

El beso simboliza la comunión de las dimensiones más interiores del ser.

Cuando dos personas hablan profundamente, intercambian ideas.

Cuando dos almas se unen espiritualmente, intercambian aliento.

El Zóhar utiliza precisamente esta imagen para describir la relación entre el alma del justo y el Creador.

El beso divino no es un acto corporal.

Es el instante en que el rúaj del hombre retorna al Rúaj del cual fue emanado.

El aliento vuelve a su Fuente.

La chispa retorna al fuego.

La gota vuelve al océano.

No desaparece.

Encuentra nuevamente su plenitud.

El estudio de la Torá como un beso

El Zóhar añade una enseñanza sorprendente.

El beso de HaShem no pertenece únicamente al momento de la muerte.

Cada vez que una persona estudia Torá con amor y pureza de intención, se produce un encuentro espiritual entre la inteligencia humana y la Sabiduría divina.

Las palabras de la Torá dejan de ser simples sonidos.

Se convierten en un punto de unión entre el Creador y la criatura.

Por eso nuestros Sabios afirmaron que quien estudia Torá "une su pensamiento con el pensamiento del Santo, bendito sea".

En ese sentido, cada estudio auténtico constituye un pequeño neshikín.

Cada palabra pronunciada con humildad.

Cada versículo comprendido.

Cada secreto descubierto.

Es un beso espiritual.

La muerte del justo no inaugura esa unión. Simplemente la lleva a su máxima expresión.

La tradición Kabalística concede un profundo significado a cada letra hebrea.

La letra פ (Peh) significa precisamente "boca".

No es casualidad que la boca sea el lugar desde donde sale la palabra.

Toda revelación pasa por el Peh.

Lo que permanece en silencio pertenece al mundo oculto. Lo que sale por la boca entra en el mundo de la acción.

El hombre fue creado para revelar la presencia divina en la realidad.

Por eso la boca posee una santidad extraordinaria.

Con ella pronunciamos el Shemá Israel.

Con ella bendecimos el pan.

Con ella estudiamos Mishná y Guemará.

Con ella recitamos los Salmos.

Con ella enseñamos Torá a nuestros hijos.

La boca puede convertirse en un pequeño Santuario.

Quizá por ello la Torá habla de vivir "Al Pi HaShem".

No solamente significa obedecer Su voluntad.

Significa permitir que nuestra vida sea pronunciada por la Palabra divina.

Neshiká, Neshimá y Neshamá

Existe una hermosa reflexión desarrollada por diversos maestros de la tradición mística.

Las palabras Neshiká (beso), Neshimá (respiración) y Neshamá (alma) presentan una evidente cercanía fonética. Aunque no proceden exactamente de la misma raíz gramatical, esa proximidad ha servido durante siglos como una poderosa enseñanza espiritual.

El beso necesita respiración.

La respiración sostiene la vida.

Y la vida del hombre se expresa por medio de la neshamá.

Es como si estas tres palabras formaran una cadena espiritual.

Sin respiración no hay palabra.

Sin palabra no hay encuentro.

Sin encuentro no hay beso.

Y sin neshamá no existe la posibilidad de unirse al Creador.

Así comprendemos que el beso de HaShem no representa únicamente el final de la existencia. Representa la restauración de la respiración primordial. El mismo aliento que descendió cuando Adam fue creado vuelve finalmente a su origen. El círculo vuelve a cerrarse.

El Baal HaSulam y el verdadero significado del beso

Hasta ahora hemos contemplado el beso de HaShem desde la perspectiva del Midrash, del Talmud, del Maharal de Praga y del Zóhar. Sin embargo, el pensamiento del Rabí Yehuda Leib Ashlag, conocido como el Baal HaSulam, nos permite descubrir una dimensión aún más profunda.

Aunque el Baal HaSulam no dedica un comentario específico a la expresión "Al Pi HaShem", toda su enseñanza acerca de la devekut (adhesión al Creador) parece conducir naturalmente hacia este misterio.

Porque, en el fondo, el beso divino no habla solamente de la muerte.

Habla de la unión.

Y toda la obra del Baal HaSulam gira precisamente alrededor de esa unión.

¿Qué significa estar cerca de HaShem?
Cuando hablamos de acercarnos a HaShem, fácilmente podemos imaginar una cercanía física.

Pero el judaísmo rechaza esa idea. El Santo, bendito sea, no ocupa un lugar en el espacio. No puede decirse que esté más cerca o más lejos como lo están dos cuerpos. Entonces, ¿qué significa acercarse a Él?

El Baal HaSulam responde con una idea extraordinaria. La verdadera cercanía espiritual depende de la equivalencia de forma (hishtavut ha-tzurá).

Dos seres están unidos cuando comparten las mismas cualidades. Y están alejados cuando sus naturalezas son opuestas.

No existe una distancia más grande que la diferencia de voluntad. Ni una cercanía mayor que la semejanza de propósito.

El hombre, por naturaleza, desea recibir. El Creador, por esencia, desea otorgar. Toda la tarea espiritual consiste en transformar progresivamente el deseo de recibir para uno mismo en un deseo de otorgar, amar y beneficiar a los demás.

En la medida en que esa transformación ocurre, el alma se vuelve semejante a su Fuente.

Y cuanto más semejante es, más unida está a HaShem. Desde esta perspectiva, el beso deja de ser únicamente una hermosa metáfora.

Se convierte en el símbolo perfecto de la equivalencia de forma. Dos voluntades que ya no están enfrentadas.

La muerte no crea la unión

Existe una tendencia natural a pensar que la muerte del justo produce su encuentro con el Creador.

Pero el Baal HaSulam invierte completamente esa idea. La muerte no crea la unión. La unión ya existía.

Lo único que desaparece es el velo del mundo material.

El justo no comienza a amar a HaShem cuando abandona este mundo. Ha vivido amándolo.

No descubre entonces la voluntad divina. Ha aprendido durante toda su vida a hacerla propia.

Por eso el beso divino no constituye un premio inesperado. Es la manifestación visible de una realidad invisible que se fue construyendo día tras día.

El beso no transforma al alma. Simplemente revela aquello en lo que el alma se había convertido.

"Haz de Su voluntad tu voluntad"

Esta idea encuentra un eco maravilloso en la enseñanza de nuestros Sabios en Pirkei Avot:

"Haz de Su voluntad tu voluntad, para que Él haga de tu voluntad Su voluntad."
(Pirkei Avot 2:4).

Esta frase suele entenderse como una exhortación a obedecer a Dios.

Pero quizá contiene una profundidad mayor.

No se trata únicamente de obedecer, si se trata de transformar el corazón.

Hasta que ya no exista contradicción entre lo que el hombre desea y lo que HaShem desea.

Cuando eso sucede, la obediencia deja de sentirse como una imposición, y se convierte en una expresión espontánea del amor.

Del mismo modo que dos personas que se aman profundamente ya no necesitan imponerse mutuamente sus deseos, porque ambos buscan naturalmente el bien del otro, así también el alma que alcanza la devekut encuentra su alegría en cumplir la voluntad divina.

Éste es, quizás, el significado más profundo del beso. No es un gesto externo. Es definitivamente la desaparición de toda distancia interior.

Ahora deseo reflexionar

Quizá podamos contemplar ahora la expresión "Al Pi HaShem" con ojos nuevos. Porque mientras Israel recorría el desierto, aprendía lentamente a vivir según la voluntad divina.

Cada campamento.
Cada partida.
Cada espera.
Cada cambio de rumbo.

Era una lección de confianza.

Sin saberlo, el pueblo entero estaba aprendiendo el lenguaje del beso. Porque este beso no comienza cuando el alma abandona el cuerpo.

Comienza cuando el hombre deja de resistirse al Creador. Y comienza a vivir de acuerdo a: 

Haz de Su voluntad tu voluntad, para que Él haga de tu voluntad Su voluntad. Anula tu voluntad ante Su voluntad, para que Él anule la voluntad de otros ante la tuya. Pirkei Avot 2:4

No como una renuncia dolorosa. Sino como el descubrimiento de que la voluntad de HaShem siempre conduce a la plenitud del hombre.

Entonces comprendemos por qué Moshé murió "Al Pi HaShem". Toda su vida había sido pronunciada por la Boca de Dios:

Cada palabra que enseñó.
Cada paso que dio.
Cada decisión que tomó.

Había nacido de esa íntima comunión con el Creador. El beso final no fue un acontecimiento aislado. Fue la conclusión natural de una conversación que había comenzado junto a la zarza ardiente y que jamás se interrumpió.

Y quizás ésa sea también nuestra vocación. No esperar el beso de HaShem al final de la vida.

Sino comenzar a vivir desde ahora de tal manera que cada mitzvá, cada palabra de Torá, cada acto de misericordia y cada respiración sean ya un anticipo de ese encuentro definitivo.

La vida pronunciada por HaShem

Después de recorrer las enseñanzas de la Torá, el Midrash, el Talmud, el Maharal de Praga, el Zóhar y el Baal HaSulam, podemos volver a la pregunta inicial.

¿Por qué la Torá escogió precisamente la expresión "Al Pi HaShem"? ¿Por qué no escribió simplemente: "por orden de HaShem"?

Quizá porque la Torá no quería enseñarnos únicamente cómo murieron Moshé y Aarón, sino cómo vivieron.

La forma de su muerte fue simplemente la manifestación visible de una existencia completamente unida al Creador. 

No murieron de una manera distinta porque fueran grandes. Fueron grandes porque aprendieron a vivir de una manera distinta.

Y por eso la muerte no podía ser otra cosa que la continuación de esa vida.

Una reflexión final

Permítaseme concluir con una reflexión personal. Tal vez la expresión "Al Pi HaShem" no sólo describa un acontecimiento histórico.

Tal vez describa el propósito de toda vida judía.

Aprender a respirar con el aliento de la Torá.
Aprender a hablar con palabras que construyan.
Aprender a escuchar antes de responder.
Aprender a dejar que la voluntad de HaShem encuentre un lugar en nuestro corazón.

Porque, al final, todos vivimos según alguna voz. La pregunta es: ¿Qué voz guía nuestros pasos? 

Israel caminó siguiendo la nube. Moshé caminó siguiendo la Palabra.

Conclusión

La expresión "Al Pi HaShem" aparece en la Torá para describir los viajes del pueblo de Israel y la muerte de sus más grandes líderes.

No es una coincidencia literaria. Es una enseñanza espiritual.

La forma en que una persona muere está profundamente relacionada con la manera en que ha vivido.

Quien aprende a caminar según la Palabra de HaShem termina descansando sobre la Boca de HaShem.

Éste es el verdadero significado del beso divino. No es simplemente una forma de morir: Es una forma de vivir.

Es permitir que cada respiración recuerde el aliento recibido en la creación.

Es dejar que cada palabra refleje la Palabra que sostiene el universo.

Es transformar lentamente nuestro deseo hasta que ya no exista contradicción entre nuestra voluntad y la voluntad del Creador.

Entonces comprendemos que el beso de HaShem no es el final del camino.

Es el momento en que el alma descubre que, en realidad, nunca dejó de estar en las manos de Aquel que la creó.

Y quizá ése sea el secreto escondido en la expresión "Al Pi HaShem".

No fuimos creados solamente para obedecer la Palabra de Dios.

Fuimos creados para que nuestra propia vida llegue a convertirse, algún día, en una palabra pronunciada por Él.

Que tengamos el mérito de santificar nuestra boca con palabras de Torá, de bondad y de verdad; de vivir cada jornada Al Pi HaShem, y que, cuando llegue el tiempo señalado por el Creador, nuestra alma pueda regresar a su Fuente con serenidad, paz y amor, en el misterio inefable del beso divino, hasta que se cumpla la promesa de los profetas y «la muerte sea destruida para siempre» (Yeshayahu 25:8), y toda la humanidad conozca la Unidad perfecta del Santo, bendito sea Él.

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