Birshui Morai VeRabotai
Pronto viene Shabat...
Nos vinimos más temprano hoy viernes a la comunidad. Tome el tomo de Devarim de Jok leIsrael. Pocas veces tengo la oportunidad de estar aquí previo al shabat.
Una reflexión sobre el Zóhar Jadash 71b.
"¡Cómo ha quedado solitaria la ciudad llena de gente!" (Lamentaciones 1:1)
El Zóhar posee una forma muy particular de leer la Torá. Mientras el lector común percibe historias separadas, el Zóhar contempla un único drama que atraviesa toda la historia de la humanidad. El pecado de Adam, la destrucción del Templo y el exilio de Israel no son acontecimientos independientes, sino distintos capítulos de una misma herida espiritual.
El Zóhar Jadash (71b) comienza precisamente con un versículo del libro de Lamentaciones y, de inmediato, lo relaciona con el relato del Jardín del Edén. La pregunta parece desconcertante: ¿qué relación existe entre la caída de Adam y la destrucción de Jerusalén?
La respuesta del Zóhar es profunda: en ambos casos ocurrió exactamente lo mismo.
El Jardín era una casa de estudio
Comentando el versículo "Y HaShem tomó al hombre y lo puso en el Jardín del Edén" (Génesis 2:15), el Zóhar cita una antigua discusión rabínica acerca de cómo fue llevado Adam al Gan Edén.
Rabí Janinai enseña que fue conducido mediante palabras, mientras que otros Sabios sostienen que fue elevado por un viento espiritual.
Pero el detalle más sorprendente viene después.
El propósito de colocar a Adam en el Jardín no era únicamente que habitara un paraíso físico, sino que pudiera vivir en serenidad para dedicarse al conocimiento de la Torá. El Zóhar incluso afirma que el Santo, bendito sea, enseñó personalmente la Torá a Adam.
Antes del pecado, la humanidad conocía la sabiduría directamente de su Creador.
El Edén no era simplemente un jardín. Era el primer Beit Midrash.
La envidia comienza donde termina la gratitud
Mientras los ángeles cantaban, Samael sintió celos de Adam.
El Zóhar presenta a la serpiente no como un simple animal, sino como el vehículo mediante el cual Samael introduce la separación entre el hombre y Dios.
Llama la atención que el Zóhar analice incluso las primeras palabras pronunciadas por la serpiente.
Los Sabios enseñan aquí un principio de enorme profundidad: las primeras palabras de una persona suelen revelar la verdadera intención de su corazón.
Antes incluso de desarrollar un argumento, la intención ya se encuentra escondida en la forma de comenzar a hablar.
Es una enseñanza que trasciende el relato del Edén y alcanza nuestras propias conversaciones cotidianas.
Las letras también cuentan la historia
Uno de los pasajes más fascinantes del Zóhar describe cómo las letras hebreas van formando la palabra מות (mavet, muerte).
No se trata simplemente de un juego lingüístico.
En la visión cabalística, las letras constituyen la estructura espiritual de la realidad.
El pecado no sólo produjo una consecuencia moral.
Alteró el tejido mismo de la Creación.
La muerte no apareció únicamente como castigo; fue el resultado de una reorganización espiritual del universo provocada por la separación del hombre respecto de su Fuente.
La verdadera consecuencia del pecado
El momento culminante del comentario llega cuando el Zóhar afirma:
Antes del pecado, la Providencia Divina era la belleza sobre sus cabezas.
Esta frase resume toda la enseñanza.
El mayor castigo no fue abandonar el Jardín.
Ni el trabajo.
Ni el dolor.
Ni siquiera la muerte.
La verdadera tragedia consistió en que la Shejiná, la Presencia Divina manifiesta, dejó de reposar sobre la humanidad.
Adam perdió aquello que hacía del mundo un santuario.
Del Edén a Jerusalén
Es entonces cuando el Zóhar vuelve al versículo inicial de Lamentaciones.
Así como la Shejiná abandonó el Jardín después del pecado, también se retiró del Templo tras la destrucción de Jerusalén.
La soledad de la ciudad no proviene de la ausencia de habitantes.
Proviene de la ausencia de la Presencia Divina.
Una ciudad puede estar llena de personas y, sin embargo, permanecer desierta.
Puede haber edificios, comercio, cultura y actividad, pero si la Shejiná no habita allí, el Zóhar la llama "solitaria".
La reconstrucción comienza en el interior
El mensaje del Zóhar trasciende el recuerdo histórico.
Cada pecado vuelve a ocultar la Presencia Divina.
Cada acto de Torá, de bondad y de teshuvá permite que esa Presencia vuelva a manifestarse.
El exilio comenzó en el Jardín del Edén mucho antes de comenzar en Jerusalén.
Y la redención también empieza mucho antes de reconstruir un edificio de piedra.
Comienza cuando el ser humano vuelve a convertirse en un lugar donde la Shejiná pueda habitar.
Quizá por eso el libro de Lamentaciones inicia preguntando cómo quedó solitaria la ciudad.
Porque toda verdadera desolación comienza cuando olvidamos que el propósito último del hombre no es simplemente vivir en el mundo, sino hacer del mundo una morada para la Presencia del Santo, bendito sea.
Fuentes:
Zóhar Jadash 71b;
Génesis 2:15;
Job 28:27;
Lamentaciones 1:1;
Jeremías 9:20;
Salmos 89:49.
Notas de estudio
Nota 1. ¿Qué significa que la Shejiná se retiró?
El Zóhar no afirma que Dios abandone el mundo, jas veShalom —pues "toda la tierra está llena de Su gloria" (Isaías 6:3)—, sino que la Shejiná, es decir, la manifestación perceptible de la Presencia Divina, deja de revelarse. La diferencia no es ontológica sino experiencial: Dios sigue sosteniendo toda la creación, pero Su cercanía deja de ser evidente para el ser humano. El asunto radica en nuestra percepción.
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Nota 2. El Maharal de Praga: el pecado rompe el orden de la creación
El Maharal explica que el pecado no es únicamente la transgresión de un mandamiento. Es una alteración del orden mismo de la creación (séder ha-beriá). Adam fue creado para unir el mundo material con el espiritual; cuando pecó, esa armonía se fracturó y apareció una distancia entre el hombre y la Fuente de la vida.
Por ello, el exilio comienza mucho antes de la destrucción de Jerusalén: empieza cuando el ser humano pierde la capacidad de vivir en plena comunión con la Presencia Divina.
Fuente: Netzaj Israel; Tiferet Israel.
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Nota 3. El Ramjal y el ocultamiento de la Providencia
Rabí Moshé Jaim Luzzatto (Ramjal) desarrolla el concepto de Hester Panim ("ocultamiento del Rostro Divino"). Dios nunca abandona Su creación; sin embargo, permite que Su Providencia se oculte para que exista el libre albedrío y la posibilidad de elegir entre el bien y el mal.
La retirada de la Shejiná descrita por el Zóhar puede entenderse como una manifestación de ese ocultamiento: la guía divina permanece, pero ya no se revela con la misma claridad que antes del pecado.
Fuente: Daat Tevunot; Derej HaShem.
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Nota 4. El Baal HaSulam y el pecado de Adam
Rabí Yehudá Ashlag enseña que Adam no representa solamente a un individuo histórico, sino la raíz espiritual de toda la humanidad. Su caída afectó la estructura espiritual del alma colectiva.
Desde esta perspectiva, el pecado introdujo una mayor percepción de separación y egoísmo. La tarea de cada generación consiste en reparar esa fractura mediante la Torá, las mitzvot y la transformación interior, hasta que la humanidad recupere el grado espiritual que Adam poseía antes de su caída.
Fuente: Introducción al Libro del Zóhar; Talmud Eser HaSefirot; Prefacio a la Sabiduría de la Kabbalah.
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Nota 5. El Edén y el Templo: una misma idea
Diversos comentaristas señalan que el Jardín del Edén y el Beit HaMikdash comparten una misma función espiritual: ambos son lugares donde la Shejiná mora de manera manifiesta.
Por ello, el paralelismo del Zóhar entre Génesis y Lamentaciones no es casual. La expulsión del Edén y la destrucción del Templo representan dos momentos históricos distintos de una misma realidad: la pérdida de la cercanía manifiesta con la Presencia Divina.
La reparación de ambos exilios pasa por el mismo camino: la teshuvá, el estudio de la Torá y la santificación de la vida cotidiana.
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Nota 6. La esperanza del retorno
Aunque el Zóhar describe la retirada de la Shejiná, nunca la presenta como definitiva. La tradición judía enseña que la Presencia Divina acompaña a Israel incluso en el exilio (Meguilá 29a). La redención final no consistirá en que Dios vuelva al mundo, pues nunca se ha ausentado, sino en que el mundo vuelva a ser digno de revelar Su Presencia.
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