Birshui Morai veRabotai
Que el mérito de este estudio sea para la elevación del alma de mi madre Jana bat Abraham Avinu y por la completa sanación de todos los enfermos de Am Israel.
La partida del tzadik según el Zóhar y la tradición rabínica
"Y HaShem se le apareció en la planicie de Mamré..."
(Génesis 18:1)
A primera vista, este versículo parece describir únicamente la visita de HaShem a Abraham tras su circuncisión. Sin embargo, el Zóhar descubre en estas palabras una enseñanza mucho más profunda: describe también el momento en que un justo abandona este mundo.
Para el pensamiento judío, la muerte del tzadik no es una derrota. Es el instante en que el alma retorna a Aquel de quien provino, acompañada por la Presencia Divina.
La última enseñanza de Rabí Eliezer
El Zóhar toma como ejemplo los últimos momentos de Rabí Eliezer ben Hircano.
Era la víspera de Shabat.
Mientras el mundo se preparaba para recibir el día santo, el gran maestro se preparaba para entrar en el Shabat eterno.
Su hijo Hircano permanecía junto a él.
Al principio pensó que los sufrimientos habían debilitado la mente de su padre.
Pero pronto comprendió que ocurría exactamente lo contrario.
La claridad espiritual del maestro era mayor que nunca.
Entonces Rabí Eliezer comenzó a revelar secretos de la Torá que nunca antes había enseñado.
El Zóhar afirma que transmitió ciento ochenta y nueve misterios supremos.
Como ocurre frecuentemente en la tradición judía, el mayor caudal de sabiduría aparece precisamente cuando el alma está a punto de desprenderse del cuerpo.
Las puertas entre dos mundos
Cuando llegó a explicar el misterio de las "piedras de mármol mezcladas con las aguas superiores", Rabí Eliezer se detuvo y lloró.
No lloraba por miedo.
Lloraba porque veía abrirse ante sí las puertas del Mundo Superior.
Entonces dijo a su hijo una frase conmovedora:
"Cuando yo vuelva a verlos, no lloren por mí. Estoy con ustedes; cerca y arriba, no abajo."
El Zóhar añade unas palabras extraordinarias:
"La mente humana no puede comprenderlo."
No se trata de una separación absoluta.
La presencia del justo continúa acompañando a quienes deja atrás, aunque de una manera que nuestros sentidos ya no pueden percibir.
El mayor servicio al maestro
Mientras esto sucedía, llegaron los sabios de la generación.
Rabí Eliezer los reprendió.
No porque hubieran dejado de estudiar.
Sino porque no habían ido a servirlo.
Los Sabios establecen un principio fundamental:
"Es mayor el servicio a los sabios que el estudio mismo." (Berajot 7b)
La Torá no se aprende únicamente de los libros.
Se aprende observando cómo vive un maestro, cómo ora, cómo trata a las personas y, finalmente, cómo abandona este mundo.
La última enseñanza a Rabí Akiva
Cuando llegó Rabí Akiva, cayó llorando ante su maestro.
No pidió bendiciones.
No pidió milagros.
Dijo simplemente:
"Rabí, enséñame Torá."
Es quizá una de las escenas más conmovedoras de toda la literatura rabínica.
Incluso cuando la muerte se encontraba a las puertas, el discípulo seguía deseando aprender.
Y el maestro seguía enseñando.
Entonces Rabí Eliezer comenzó a revelar los secretos de la Maasé Merkavá, la Obra del Carro Celestial.
El Zóhar describe que un fuego descendió y rodeó a ambos.
Los demás sabios comprendieron que la Shejiná había descendido.
Salieron de la habitación.
Aquella enseñanza pertenecía únicamente al maestro y a su discípulo.
El Cantar de los Cantares
Rabí Eliezer enseñó cientos de interpretaciones del Shir HaShirim.
Cuando llegó al versículo:
"Sustentadme con tortas de pasas, confortadme con manzanas, porque estoy enferma de amor."
(Cantar de los Cantares 2:5).
Rabí Akiva rompió en llanto.
No podía continuar escuchando.
La intensidad de la Presencia Divina hacía imposible hablar.
El Zóhar enseña aquí que el Cantar de los Cantares no es un poema humano.
Es el lenguaje del amor entre el alma y su Creador.
Por ello Rabí Eliezer hizo jurar a sus discípulos que no revelarían sus secretos indiscriminadamente.
El momento de partir
Finalmente Rabí Eliezer levantó sus manos y las colocó sobre su corazón.
Exclamó:
"¡Ay de ustedes, mis brazos! ¡Ay de ustedes, mis leyes! Hoy serán olvidadas del mundo."
No lamentaba su muerte.
Lamentaba la pérdida de la Torá que aún permanecía en él.
El Zóhar concluye diciendo que durante toda su vida la Torá brilló desde su boca con la misma claridad con que fue entregada en el monte Sinaí.
La muerte del justo
Después del fallecimiento, Rabí Akiva rasgó sus vestiduras y exclamó:
"¡Padre! ¡Padre! La luz que iluminaba más que el sol y la luna se ha extinguido."
Pero el Zóhar ofrece inmediatamente otra perspectiva.
Para el justo, el instante de la muerte no es oscuridad.
Es alegría.
Dice el Zóhar:
"Cuando el alma del justo quiere abandonar el cuerpo, se alegra, porque sabe que recibirá su recompensa."
Entonces interpreta el versículo:
"Él alzó los ojos, vio tres hombres y corrió a su encuentro."
Los tres visitantes no representan solamente a los ángeles que llegaron a Abraham.
También representan a los ángeles enviados para recibir el alma del justo.
El alma sale a recibirlos con alegría.
Después se inclina ante la Shejiná que ha venido a acompañarla.
Una enseñanza para nosotros
La tradición judía no contempla la muerte del tzadik como una desaparición.
La contempla como un regreso.
Su cuerpo permanece en la tierra.
Su enseñanza permanece entre sus discípulos.
Y su alma asciende rodeada por la Presencia Divina.
Quizá por eso el Zóhar eligió comentar el episodio de Mamré precisamente hablando de la muerte de Rabí Eliezer.
Porque el mismo HaShem que visitó a Abraham en su convalecencia es Quien sale al encuentro de los justos cuando concluyen su misión.
La muerte, desde la perspectiva de la Torá, no es el final del camino.
Es el momento en que el alma vuelve a escuchar la voz de Aquel que la llamó a la existencia.
Notas y fuentes
1. "Y HaShem se le apareció en la planicie de Mamré..."
El desarrollo de este artículo sigue la exposición del Zóhar sobre Parashat VaYerá, donde el versículo de Génesis 18:1 adquiere un segundo nivel de interpretación (sod), aplicándose también al momento en que el alma de un justo abandona este mundo. Véase Zóhar, VaYerá 98b–99b (Edición Sulam).
2. Los últimos momentos de Rabí Eliezer
La narración del Zóhar se inspira en el relato talmúdico del fallecimiento de Rabí Eliezer ben Hircano, aunque lo amplía con enseñanzas místicas y revelaciones sobre el ascenso del alma. El relato histórico principal se encuentra en Talmud Bavlí, Sanedrín 68a.
3. Los ciento ochenta y nueve misterios
El Zóhar afirma que Rabí Eliezer reveló a su hijo Hircano ciento ochenta y nueve misterios supremos antes de fallecer. Como ocurre con frecuencia en la literatura cabalística, estos números poseen un significado simbólico además del literal y aluden a distintos grados de revelación espiritual.
4. Las "piedras de mármol" y las aguas superiores
La referencia corresponde a uno de los misterios de la Maasé Merkavá (la Obra del Carro Celestial). La imagen aparece también en la literatura de los Heijalot y es mencionada en Talmud Bavlí, Jaguigá 14b, donde se advierte sobre el peligro de interpretar literalmente las visiones del mundo superior.
5. "Es mayor el servicio que el estudio"
La reprensión de Rabí Eliezer a sus discípulos está relacionada con el principio:
"Mayor es el servicio a los sabios que el estudio mismo."
La fuente clásica es Talmud Bavlí, Berajot 7b, donde se enseña que convivir con los maestros transmite dimensiones de la Torá imposibles de adquirir únicamente mediante el estudio intelectual.
6. La enseñanza de la Maasé Merkavá
Las leyes relativas a la enseñanza de los secretos de la Creación y del Carro Celestial aparecen en Mishná Jaguigá 2:1 y son desarrolladas en Talmud Bavlí, Jaguigá 11b–16a, donde se establecen estrictas limitaciones para su transmisión.
7. El Cantar de los Cantares
La santidad excepcional del Shir HaShirim fue destacada por Rabí Akiva, quien declaró:
"Todo el mundo no vale tanto como el día en que fue dado el Cantar de los Cantares a Israel, porque todos los Escritos son santos, pero el Cantar de los Cantares es Santo de Santos."
Mishná Yadaim 3:5.
Esta afirmación explica por qué el Zóhar presenta a Rabí Eliezer enseñando únicamente sus niveles más profundos a un discípulo digno.
8. La alegría del alma del justo
El Zóhar describe que el alma del justo experimenta alegría al abandonar el cuerpo, pues tiene confianza en el juicio divino y en la recompensa preparada para ella. Esta idea aparece desarrollada en numerosos pasajes del Zóhar y encuentra eco en Kohelet Rabá 12 y en diversos textos del Midrash.
9. Los tres ángeles que reciben el alma
La interpretación de los tres visitantes de Abraham como mensajeros que acompañan el alma del justo pertenece al nivel místico del comentario del Zóhar y no reemplaza el sentido literal del texto bíblico (peshat), sino que constituye una lectura alegórica (sod).
10. Rabí Akiva llorando por su maestro
La exclamación de Rabí Akiva tras la muerte de Rabí Eliezer se basa en Talmud Bavlí, Sanedrín 68a, donde se describe el profundo duelo del discípulo por la pérdida de quien consideraba uno de los pilares de la Torá Oral.
11. La humildad de Rabí Eliezer
Cuando Rabí Eliezer afirma que apenas tomó de la sabiduría de sus maestros "como quien bebe agua del mar", el Zóhar explica que no buscaba ensalzarse a sí mismo, sino engrandecer aún más a sus maestros. Esta interpretación refleja el ideal rabínico de humildad ante la transmisión de la Torá.
12. El Ramjal sobre la muerte del justo
Rabí Moshé Jaim Luzzatto enseña que la muerte del justo no constituye una desaparición, sino la culminación del proceso de perfeccionamiento del alma y su adhesión al Creador. Véanse Derej HaShem, IV, cap. 8, y Daat Tevunot, §§120–126.
13. El Maharal de Praga
El Maharal explica que la muerte del tzadik no debe entenderse como una pérdida absoluta, pues la Torá que enseñó continúa iluminando al mundo. Véase Netiv HaTorá y Jidushei Agadot sobre los pasajes relativos a Rabí Eliezer.
14. Nefesh HaJaim
Rabí Jaim de Volozhin enseña que la influencia espiritual de un justo no cesa con su fallecimiento; sus méritos y su Torá continúan sosteniendo al mundo incluso después de su partida. Véase Nefesh HaJaim, Shaar I y Shaar IV.
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