5 de julio de 2026

Las Cuarenta y Dos Paradas del Alma

Birshui Morai veRabotai 

Una lectura simbólica de los viajes de Israel en el desierto (Bamidbar 33)

"Estas son las jornadas de los hijos de Israel que salieron de la tierra de Egipto..." (Bamidbar 33:1).

Al concluir el libro de Bamidbar, la Torá sorprende al lector con un extenso inventario de lugares. Durante cuarenta y ocho versículos enumera, uno tras otro, los cuarenta y dos campamentos en los que Israel se detuvo desde la salida de Egipto hasta las puertas de la Tierra Prometida.

A primera vista, esta lista parece un simple registro geográfico. Sin embargo, la tradición mística judía descubre en ella uno de los mapas espirituales más profundos de toda la Torá.

No existe un comentario específico del Zohar sobre la parashá Masei. Sin embargo, el Zohar sí comenta el versículo "Salieron los hijos de Israel con mano alzada" (Bamidbar 33:3) al explicar la redención de Egipto. Allí enseña que la liberación comenzó durante la noche -símbolo de la sefirá de Maljut- cuando fueron rotas las cadenas espirituales del exilio, mientras que el día únicamente manifestó públicamente aquello que ya había ocurrido en los mundos superiores. 

Esta observación aparentemente secundaria abre una puerta extraordinaria: el viaje de Israel no comienza cuando los pies empiezan a caminar, sino cuando el alma deja de ser esclava.

El desierto como el mapa del alma

El desierto nunca fue únicamente un espacio geográfico.

Los Sabios enseñan que toda persona atraviesa un desierto interior antes de encontrar su verdadera tierra.

El mundo puede presentarse ante nuestros ojos como un inmenso desierto: un lugar vacío, incierto y sin dirección. Pero también puede convertirse en un jardín cuando permitimos que la Presencia Divina florezca en él.

Cada uno lucha por construir su propio oasis: un hogar, una familia, una comunidad, una vida espiritual.
Sin embargo, cuando olvidamos que el prójimo también necesita un lugar donde florecer, terminamos convirtiendo incluso nuestros oasis en desiertos.

Quizá ésta sea una de las primeras enseñanzas ocultas de Masei: ningún viaje espiritual es exclusivamente individual.

El misterio del número cuarenta y dos

¿Por qué precisamente cuarenta y dos estaciones?

La Kabbalah responde que este número no es casual.

El Zohar enseña que el mundo fue establecido mediante el misterio de las cuarenta y dos letras con las cuales quedó grabada la creación. 

Los Kabalistas observaron además que las primeras cuarenta y dos letras del libro de Bereshit contienen en estado potencial este misterio creador, que posteriormente quedó revelado litúrgicamente en la plegaria Ana BeKoaj, cuyo acróstico forma el llamado Nombre de las Cuarenta y Dos Letras. 

Así, la Torá comienza con cuarenta y dos letras que inauguran la creación, y antes de iniciar Devarim vuelve a presentarnos cuarenta y dos viajes que preparan el nacimiento espiritual de una nación. 

La creación del universo y la creación del pueblo de Israel aparecen unidas por el mismo número.

Cada parada es una etapa del tikún

El Rabí Israel Baal Shem Tov enseñó que las cuarenta y dos jornadas no pertenecen únicamente a la historia nacional de Israel.

Cada alma recorre esas mismas cuarenta y dos estaciones desde su nacimiento hasta su regreso a su Creador. 

No necesariamente corresponden a cuarenta y dos lugares físicos.
Son cuarenta y dos estados del corazón.

Hay momentos de esclavitud.
Momentos de entusiasmo.
Momentos de amargura.
Momentos de silencio.
Momentos donde parece que todo avanza.

Y otros donde Dios parece habernos dejado inmóviles durante años.

Sin embargo, la Torá llama a todos ellos "viajes".

Porque incluso cuando creemos estar detenidos, el alma continúa caminando.

El Ana BeKoaj y el movimiento del alma

Según la enseñanza atribuida a Rabí Isaac Luria, la meditación sobre el Ana BeKoaj permite al alma recorrer espiritualmente esas cuarenta y dos etapas de rectificación.

No se trata de una fórmula mágica.
Es una pedagogía espiritual.

Cada una de las cuarenta y dos letras representa una apertura distinta de la conciencia, una elevación progresiva desde el mundo de la acción hacia niveles superiores de cercanía con el Santo, bendito sea. 

Por ello muchos kabalistas acostumbraban recitar esta plegaria antes de emprender un viaje, comenzar una nueva etapa o enfrentarse a una prueba importante.

Todo verdadero movimiento exterior comienza con un movimiento interior.

La Tierra Prometida comienza antes de llegar

Quizá la enseñanza más hermosa de Masei sea que la Tierra Prometida no comienza al cruzar el Jordán.

Comienza cuando dejamos de vivir como esclavos.

Israel aún no había entrado en la tierra.

Pero ya era otro pueblo.
Había aprendido a depender del maná.
Había aprendido a caminar detrás de la nube.
Había aprendido que incluso los rodeos tenían sentido.

Cada parada había dejado una marca imborrable en su identidad.

Del mismo modo, nuestras propias pruebas no son interrupciones del camino.

Son el camino.

Reflexión final

Todos atravesamos nuestros cuarenta y dos viajes.

Algunos reciben nombre.

Otros permanecen ocultos incluso para nosotros.

Hay estaciones donde experimentamos abundancia y otras donde únicamente encontramos arena.

Sin embargo, la Torá nos enseña que ninguna parada fue inútil.

Cada campamento preparó el siguiente.
Cada desierto escondía una semilla.
Cada noche precedía a una nueva creación.

Tal vez por eso la Torá concluye el libro de Bamidbar recordando los viajes y no las batallas.

Porque, desde la perspectiva de la Kabbalah, el mayor milagro no consiste en llegar a la Tierra Prometida, sino en descubrir que, paso a paso, Dios ha ido transformando el desierto del corazón en un lugar digno de Su Presencia.

Mordejai Yosef Douek 

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