Birshui Morai veRabotai
El presente artículo es una reedición de un texto publicado en este mismo blog hace ya una década. Ahora que Or Ein Sof se acerca a sus veinte años de existencia, he decidido revisar, ampliar y actualizar algunos de aquellos escritos, dedicándolos como leiluy nishmat de mi madre, Hannah bat Avraham Avinu, para que el mérito del estudio y de la difusión de la Torá sea elevación para su alma.
El misterio del alma que puede ser separada de su Fuente "Y esa alma será extirpada de su pueblo."
Pocas expresiones de la Torá producen tanto temor y, al mismo tiempo, tanta confusión como esta sentencia.
Aparece una y otra vez en el Jumash, aplicada únicamente a determinadas transgresiones de extraordinaria gravedad. Sin embargo, ¿qué significa realmente que una persona sea "extirpada de su pueblo"? ¿Se trata de una muerte física? ¿De una excomunión? ¿De la pérdida del Mundo Venidero? ¿O estamos ante un concepto mucho más profundo que sólo puede comprenderse a la luz de la dimensión interior de la Torá?
En este estudio intentaremos responder esa pregunta recorriendo los cuatro niveles del Pardés: desde el significado literal de la Escritura hasta las enseñanzas del Zóhar y de la Kabbalah luriánica.
Esta será la primera parte de una investigación que he venido preparando durante más de un año. El tema surgió a raíz de una afirmación que leí poco antes de Pésaj y que despertó en mí una profunda inquietud.
«¿Sabías que comer jametz durante Pésaj tiene la misma sanción espiritual de karet que mantener relaciones con una nidá, comer en Yom Kipur o practicar determinadas formas de idolatría?»
La afirmación provenía de un intercambio entre rabinos que citaban el Tratado Keritot del Talmud Bavlí. Aquella conversación me llevó a descubrir que detrás de una palabra aparentemente sencilla se esconde una de las doctrinas más profundas de toda la Torá.
La palabra karet (כרת) significa literalmente "corte", "escisión", "extirpación". Procede del verbo karat (כרת), "cortar".
Pero existe un detalle extraordinario.
Las mismas letras de כרת pueden reorganizarse para formar כתר (Kéter), la "Corona", la sefirá más elevada del Árbol de la Vida.
Los sabios nunca consideraron casuales estas correspondencias. Allí donde Kéter representa la unión suprema con la Voluntad Divina, karet representa precisamente el movimiento opuesto: la ruptura del vínculo espiritual.
No es simplemente un castigo.
Es la tragedia de un alma que ha dejado de recibir el influjo de la Vida.
Para comprender esta afirmación debemos comenzar por la Torá misma.
La palabra "karet" en el Jumash
La expresión וְנִכְרְתָה הַנֶּפֶשׁ הַהִוא (venijretá hanéfesh hahi — "esa alma será extirpada") aparece repetidas veces en la Torá.
Algunos ejemplos son:
Bereshit 17:14, respecto a quien rechaza el pacto de la circuncisión.
Shemot 30:33, sobre el uso profano del aceite de la unción.
Shemot 30:38, respecto al incienso sagrado preparado para uso personal.
Vayikrá 7:20-21, sobre quien consume sacrificios estando impuro.
Vayikrá 7:25, por comer la grasa (jélev) prohibida.
Vayikrá 7:27, por consumir sangre.
Bamidbar 9:13, por abstenerse deliberadamente de ofrecer el sacrificio de Pésaj.
Existe un detalle que rara vez se destaca.
En prácticamente todos estos pasajes la Torá no dice simplemente que "el hombre será cortado", sino que "esa alma (nefesh) será cortada".
Este dato será absolutamente decisivo cuando lleguemos a las enseñanzas del Arizal.
¿Qué enseña el Talmud?
El Tratado Keritot, Mishná 1:1, enumera las treinta y seis transgresiones cuya comisión deliberada acarrea la pena espiritual de karet.
La mayoría corresponden a tres grandes categorías:
relaciones sexuales prohibidas (arayot);
idolatría y blasfemia;
profanación deliberada de aquello que la Torá declara santo: Shabat, Yom Kipur, Pésaj, el Santuario, los sacrificios y determinados alimentos prohibidos.
El denominador común no es simplemente la gravedad moral.
Todas ellas representan una ruptura consciente del pacto entre el hombre y el Santo, bendito sea.
Las treinta y seis transgresiones sancionadas con karet
La Mishná enseña:
«Hay treinta y seis transgresiones por las cuales la Torá impone la pena de karet.»
Estas son:
1. Relaciones con la madre.
2. Relaciones con la esposa del padre.
3. Relaciones con la nuera.
4. Relaciones con un varón.
5. Relaciones con un animal (bestialismo).
6. Una mujer que tiene relaciones con un animal.
7. Relaciones con una mujer y con su hija.
8. Relaciones con una mujer casada.
9. Relaciones con la hermana.
10. Relaciones con la hija de la esposa.
11. Relaciones con la hermana del padre.
12. Relaciones con la hermana de la madre.
13. Relaciones con la esposa del hermano.
14. Relaciones con la esposa del hermano del padre.
15. Relaciones con una mujer durante su estado de nidá.
16. Blasfemar el Nombre Divino.
17. Practicar idolatría.
18. Entregar un hijo a Moloc.
19. Consultar a un ov (médium o nigromante).
20. Consultar a un yidoní (adivino).
21. Profanar deliberadamente el Shabat.
22. Entrar al Santuario en estado de impureza ritual.
23. Comer de las ofrendas sagradas estando impuro.
24. Comer grasa prohibida (jélev).
25. Comer sangre.
26. Comer el sacrificio (notar) después del tiempo permitido.
27. Comer carne de un sacrificio que se volvió impuro (pigul).
28. Degollar un sacrificio fuera del Templo.
29. Ofrecer un sacrificio fuera del Templo.
30. Comer jametz durante Pésaj.
31. Comer o realizar trabajo prohibido en Yom Kipur.
32. Preparar el aceite sagrado de la unción para uso profano.
33. Utilizar indebidamente el aceite sagrado de la unción.
34. Preparar el incienso sagrado para uso personal.
35. Omitir deliberadamente la ofrenda de Pésaj cuando se está obligado.
36. Omitir deliberadamente el mandamiento de la brit milá.
La Guemará desarrolla posteriormente esta lista, analiza cada uno de estos casos y estudia las condiciones bajo las cuales la persona incurre en la pena de karet, distinguiendo entre la transgresión deliberada, la realizada por error y aquellas que, además de karet, implicaban un sacrificio expiatorio cuando existía el Templo.
¿Qué significa realmente "karet"?
Los Sabios ofrecieron varias explicaciones complementarias.
El Rambam escribe que determinadas personas, al morir, pierden su participación en el Olam HaBa, quedando privadas de la vida eterna (Hiljot Teshuvá 8:1).
El Talmud enseña además que, en algunos casos, karet puede manifestarse como una muerte prematura por decreto celestial (Moed Katán 28a; Semajot 3:1).
Rashi añade otra posibilidad: morir sin descendencia (sobre Shabat 25a).
Lejos de contradecirse, estas explicaciones parecen describir distintas manifestaciones de una misma realidad espiritual.
Pero ninguna de ellas responde aún a la pregunta fundamental:
¿Qué es exactamente lo que se corta?
La respuesta llegará únicamente cuando abramos las puertas de la Kabbalah. Vayamos a eso.
Del juicio al misterio: cuando el Arizal revela qué es realmente el karet
Hasta este punto hemos recorrido el camino de las fuentes normativas. La Torá nos mostró que determinadas transgresiones reciben la sanción de karet; la Mishná las enumeró, y los Sabios debatieron durante siglos si esta pena implica una muerte prematura, la pérdida del Mundo Venidero, la ausencia de descendencia o una combinación de estos aspectos.
Sin embargo, aún permanece una pregunta fundamental.
¿Qué es exactamente lo que la Torá "corta"?
La respuesta comienza a vislumbrarse cuando observamos cuidadosamente el lenguaje bíblico. En la inmensa mayoría de los pasajes, la Escritura no dice simplemente: «esa persona será extirpada», sino:
«וְנִכְרְתָה הַנֶּפֶשׁ הַהִוא מֵעַמֶּיהָ
"Y esa alma (néfesh) será extirpada de su pueblo."»
La Torá insiste una y otra vez en la misma expresión: el néfesh.
¿Por qué no menciona al rúaj o a la neshamá? ¿Por qué el decreto recae precisamente sobre el nivel más básico del alma?
Esta pregunta permaneció velada durante siglos, hasta que Rabí Itzjak Luria, el santo Arizal, reveló una explicación que cambió para siempre la comprensión del karet.
Sus enseñanzas fueron recopiladas por su principal discípulo, Rabí Jaim Vital, en la obra Shaar HaGilgulim ("La Puerta de las Reencarnaciones"), uno de los textos fundamentales de la Kabbalah luriánica.
Basándose en el Zóhar, especialmente en la sección de la parashá Mishpatim dedicada al misterio de los gilgulim (las reencarnaciones), el Arizal explica que el alma humana no constituye una realidad simple, sino una estructura espiritual compuesta por distintos niveles. Cuando una persona no completa su rectificación (tikún), el Santo, bendito sea, le concede nuevas oportunidades mediante sucesivas reencarnaciones.
Es precisamente en este contexto donde aparece la verdadera dimensión del karet.
Ya no se trata solamente de una sanción jurídica ni de un castigo visible en este mundo. Se trata del destino espiritual del néfesh, de su capacidad —o de su incapacidad— para continuar el proceso de rectificación que el Creador le ha encomendado.
Escuchemos ahora las palabras de Rabí Jaim Vital, quien transmite fielmente la enseñanza de su maestro, el Arizal.
El Arizal: el karet y el límite de las reencarnaciones del néfesh
Rabí Jaim Vital escribe en nombre de su maestro, Rabí Itzjak Luria —el Arizal—, una enseñanza que transforma por completo la comprensión tradicional del karet. Ya no estamos únicamente ante una consecuencia en este mundo, sino ante la dinámica misma de la rectificación del alma.
El Arizal enseña:
«Cuando el néfesh desciende por primera vez a este mundo y la persona peca, dañando y mancillando su raíz espiritual, ese néfesh debe regresar en un nuevo gilgul (reencarnación) para completar su tikún (rectificación).»
Si tampoco logra corregirse en esa segunda oportunidad, regresa una tercera vez.
¿De dónde aprende esto el Arizal?
Del versículo:
«הֶן־כָּל־אֵלֶּה יִפְעַל־אֵל פַּעֲמַיִם שָׁלוֹשׁ עִם־גָּבֶר
"Todo esto hace Dios dos y hasta tres veces con el hombre."
— Libro de Job»
Asimismo, relaciona este principio con las palabras del profeta:
«כֹּה אָמַר ה' עַל־שְׁלֹשָׁה פִשְׁעֵי יִשְׂרָאֵל וְעַל־אַרְבָּעָה לֹא אָשִׁיבֶנּוּ
"Así dice HaShem: Por tres transgresiones de Israel, y por la cuarta, no revocaré su decreto."
— Libro de Amós»
Y también con el segundo mandamiento:
«"...que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación..."
— Éxodo»
Sin embargo, el Arizal introduce una precisión decisiva.
El límite de tres reencarnaciones no es absoluto.
Aplica únicamente a quien, después de tres vidas completas, no realizó absolutamente ninguna rectificación. En ese caso se cumple el decreto de la Torá:
«וְנִכְרְתָה הַנֶּפֶשׁ הַהִוא מֵעַמֶּיהָ
"Y esa alma será extirpada de su pueblo."»
Pero si durante cualquiera de esas vidas la persona comenzó siquiera un pequeño proceso de tikún, aunque fuese mínimo, el decreto de karet ya no se aplica de esa manera.
El Arizal afirma algo extraordinario:
«Esa alma podrá regresar incluso mil veces, si ello fuera necesario, hasta completar la misión para la cual fue creada.»
La misericordia divina supera al juicio.
Mientras exista una chispa de rectificación, la puerta permanece abierta.
Por ello Rabí Jaim Vital explica que quien jamás inicia su corrección recibe el calificativo de rashá (malvado), mientras que quien comienza, aunque sea mínimamente, el camino del retorno ya ha establecido un vínculo con la santidad que permitirá completar su obra en futuras reencarnaciones.
Esta enseñanza cambia radicalmente nuestra comprensión del karet.
No estamos ante un decreto arbitrario, sino ante la descripción de un alma que ha rechazado una y otra vez todas las oportunidades que el Cielo le concedió para regresar.
Y todavía queda una pregunta.
¿Por qué toda esta doctrina se refiere únicamente al néfesh y nunca al rúaj ni a la neshamá?
¿Por qué el karet afecta únicamente al néfesh?
Llegamos ahora al punto culminante de la enseñanza del Arizal.
Rabí Jaim Vital escribe que toda la doctrina del karet se refiere específicamente al néfesh, y no al rúaj ni a la neshamá. La razón no es casual, sino que responde a la estructura misma de los mundos espirituales.
El néfesh tiene su raíz en el mundo de Asiyá, el mundo de la acción. Es el nivel del alma que anima el cuerpo, el que se encuentra en contacto permanente con la realidad material y, por ello mismo, el más expuesto a la influencia de las kelipot, las "cáscaras" o fuerzas de ocultamiento que velan la Luz Divina.
Por eso escribe Rabí Jaim Vital:
««Todo esto se aplica únicamente al néfesh, porque procede del mundo de Asiyá, que se encuentra inmerso entre las kelipot. Por esta razón la Torá habla de karet únicamente respecto del néfesh, pues éste puede ser separado de la santidad y permanecer atrapado entre las kelipot.»»
La afirmación es extraordinaria.
La Torá nunca dice que el rúaj será cortado.
Nunca dice que la neshamá será cortada.
Siempre habla del néfesh.
Ahora entendemos por qué.
El rúaj, cuya raíz está en el mundo de Yetzirá, y la neshamá, cuya raíz se encuentra en Beriá, no están sometidos al dominio de las kelipot con la misma intensidad. Aunque también requieren rectificación, conservan una capacidad de retorno mucho mayor y no quedan atrapados de la misma manera que el néfesh.
Desde esta perspectiva, karet deja de ser simplemente un castigo.
Es la consecuencia espiritual de una desconexión prolongada. El néfesh, creado para ser el vehículo de la santidad en el mundo de la acción, pierde su capacidad de recibir el influjo de la Luz Divina. La persona puede seguir viviendo, estudiando e incluso participando externamente en la vida religiosa; pero interiormente experimenta una sequedad espiritual. Los mandamientos dejan de iluminarla, la plegaria pierde profundidad y el corazón ya no percibe la dulzura de la cercanía con HaShem.
Esta es quizá la forma más profunda de exilio.
No el exilio geográfico de Israel, sino el exilio del alma respecto de su propia fuente.
Sin embargo, incluso aquí la enseñanza del Arizal está impregnada de esperanza. Mientras exista un deseo sincero de teshuvá, mientras permanezca una chispa de voluntad por rectificar, el proceso del tikún continúa abierto. El objetivo de estas enseñanzas no es llevar al lector a la desesperación, sino mostrar la inmensa responsabilidad que acompaña al libre albedrío y, al mismo tiempo, la infinita misericordia del Santo, bendito sea, que concede al alma todas las oportunidades posibles para regresar a Él.
Así, el karet no debe entenderse únicamente como una sentencia, sino como una advertencia solemne: el mayor peligro para el ser humano no es la muerte del cuerpo, sino permitir que su néfesh se acostumbre a vivir separado de la Fuente de toda vida.
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